Científicos españoles celebran un logro colosal: crean un material hecho con magnesio capaz de capturar el CO2 del aire sin gastar energía

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Por HoyECO
Publicado el: 31 de marzo de 2026 a las 08:03
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Científicas del CSIC trabajando con material de magnesio capaz de capturar CO2 del aire sin energía.

En una sala de reuniones llena, en un aula a última hora o en ese despacho con las ventanas cerradas en invierno, hay un momento en el que el aire se vuelve pesado. No siempre huele mal, pero cuesta más concentrarse. Muchas veces el culpable es el CO2 que se acumula cuando la ventilación se queda corta.

Un equipo del CSIC propone ahora que las paredes también “hagan su parte”. Han creado MicroMg, un material a base de magnesio que captura y transforma CO2 del aire a temperatura ambiente y sin aporte energético, y que mantiene su eficacia cuando se mezcla con una pintura convencional. En ensayos en cámaras cerradas, estas superficies redujeron CO2 en condiciones cercanas a 900 ppm y siguieron activas hasta 1500 ppm, con una eliminación aproximada de 16 ppm por hora y más del 90 % de actividad tras varios lavados.

Un material pasivo

MicroMg es un biohíbrido desarrollado en el Instituto de Catálisis y Petroleoquímica (ICP-CSIC) por el grupo liderado por José Miguel Palomo. La idea es fácil de contar, aunque la química sea fina. El material actúa como catalizador y convierte el CO2 principalmente en bicarbonato, una forma más estable del carbono.

Lo llamativo es que no necesita calor ni electricidad para ponerse a trabajar. El CSIC plantea su uso en interiores para ayudar con la calidad del aire y también en exteriores, mediante recubrimientos en edificios. Sería una solución pasiva que, al menos sobre el papel, no compite con la factura de la luz.

Así se fabrica

El propio CSIC resume la receta como un “proceso sencillo y respetuoso con el medio ambiente”. Se prepara en disolución acuosa, a pH neutro y a temperatura ambiente, sin reactivos tóxicos ni pasos extremos. Durante la síntesis aparecen microestructuras cristalinas con geometría cúbico-octaédrica y tamaño de micras, del orden de milésimas de milímetro.

En el artículo científico, los autores describen esas microestructuras como un fosfato de magnesio estabilizado por una enzima tipo lipasa que hace de soporte. Dicho de otra forma, la biomolécula guía cómo “crece” el material y ayuda a que mantenga integridad y actividad tras usos repetidos.

El CO2 en interiores

El CO2 no es solo un gas de efecto invernadero del que hablamos en términos globales. También es una señal muy cotidiana de si un espacio está bien ventilado. En exterior suele moverse entre 300 y 400 ppm, pero en interior puede subir rápido cuando se ocupa un espacio y no entra aire nuevo.

E lINSST recuerda que en oficinas y escuelas se pueden ver valores de 2000 a 3000 ppm, y que en la práctica se acepta 1000 ppm como referencia para evitar molestias por olor en la mayoría de visitantes, siempre que no haya otras fuentes de combustión. Eso explica por qué muchos medidores domésticos se ponen en “amarillo” cuando la cifra se acerca a cuatro dígitos.

¿Y afecta de verdad a cómo rendimos? En estudios controlados con trabajadores de oficina, los investigadores observaron descensos en puntuaciones de función cognitiva cuando el CO2 se elevó a niveles habituales en interiores, alrededor de 945 ppm, y la caída fue mayor al subir hacia 1400 ppm. Aun así, ASHRAE subraya un matiz importante, las lecturas de CO2 no son una medida general de la calidad del aire interior y sus estándares no fijan límites de CO2 basados en salud o confort.

La prueba en pintura

Para acercarse a un uso real, el equipo incorporó MicroMg a una pintura convencional y la aplicó sobre superficies de pared. En cámaras cerradas, esas paredes funcionalizadas lograron reducir de forma significativa la concentración de CO2 en el aire en condiciones comparables a 900 ppm, que el CSIC sitúa cerca del límite recomendado para una buena calidad del aire interior.

La durabilidad también importa, porque una pared se limpia, se roza y envejece. En los ensayos, tras tres ciclos de lavado, las superficies conservaron más del 90 % de su actividad inicial. Además, el rendimiento mejoró al aumentar el área recubierta o al aplicar una segunda capa.

Cuando el CO2 subió a valores más altos, hasta 1500 ppm, el material mantuvo actividad durante varios días. En esas condiciones se midió una velocidad de eliminación aproximada de 16 ppm por hora, una cifra modesta pero constante si pensamos en una solución pasiva.

Lo que falta por ver

Este tipo de materiales no viene a sustituir la ventilación, ni debería venderse como un “botón mágico”. El CO2 es solo una parte de la calidad del aire interior, y valores bajos no garantizan que no haya otros contaminantes. Por eso, ventilar bien seguirá siendo clave, igual que interpretar las lecturas con contexto.

La noticia, eso sí, abre una puerta práctica. Si futuras pruebas confirman su rendimiento a largo plazo, su seguridad y su coste en aplicaciones reales, MicroMg podría ser un complemento en viviendas, oficinas o colegios, justo donde el CO2 se dispara con facilidad. Que una pared ayude a rebajar ese gas sin gastar energía no es poca cosa.

El estudio científico ha sido publicado en ACS Applied Energy Materials.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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