Científicos estudian los que podría ocurrir 2032: el asteroide 2024 YR4 podría impactar con la luna

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Publicado el: 5 de febrero de 2026 a las 23:31
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La Agencia Espacial Europea mantiene sobre la mesa un escenario poco común. El asteroide 2024 YR4 tiene ahora alrededor de un 4% de probabilidad de impactar contra la Luna el 22 de diciembre de 2032. Eso implica también lo más importante para el gran público. Hay un 96% de opciones de que no ocurra. 

Aun así, el caso ya está sirviendo para algo muy terrenal. Nos recuerda hasta qué punto dependemos de la tecnología en órbita, también para temas ambientales. ¿Qué significa esto en la práctica para cualquiera que vive en Europa? Que muchas piezas de la vida moderna (y de la transición ecológica) pasan por satélites que no vemos, pero usamos cada día. Y eso se nota.

Primero, una aclaración que cambia el tono

Durante 2025 se descartó el impacto en la Tierra en 2032. La propia NASA explica que, tras semanas de observaciones y coordinación internacional, el riesgo para nuestro planeta se redujo “casi a cero”, y la estimación de tamaño se refinó en torno a 60 metros (con un margen de error). 

La incertidumbre que queda es lunar. Y aquí hay un detalle clave. El asteroide se alejó lo suficiente como para que, durante un tiempo, no podamos afinar más esa probabilidad. Según la Agencia Espacial Europea, esa cifra se mantendrá básicamente igual hasta que el objeto vuelva a estar bien visible en junio de 2028 (o hasta una ventana estrecha de observación con telescopios espaciales).

Qué pasaría si impacta (lo que se sabe y lo que no)

Un trabajo reciente liderado por investigadores de la Universidad de Tsinghua modela el posible choque y pone números para entender la escala. Hablan de un objeto rocoso de unos 60 metros, con una energía equivalente a alrededor de 6,5 megatones de TNT y un cráter aproximado de 1 kilómetro en la superficie lunar. 

Asteroide 2024 YR4 | Vídeo: ESA Extras

También apuntan a señales observables. Un destello óptico visible desde la Tierra durante unos minutos y un “resplandor” infrarrojo durante horas, mientras se enfría la roca fundida. En el interior, el golpe podría provocar una reverberación sísmica global en la Luna equivalente a una magnitud aproximada de 5,0, algo que instrumentos modernos podrían detectar.

Ahora bien, conviene bajar a tierra con la parte que más se comparte en redes. La lluvia de meteoros “navideña” sobre la Tierra no es un dato cerrado. En ese mismo estudio se plantea que parte del material expulsado podría escapar de la gravedad lunar, pero que solo una fracción muy pequeña terminaría llegando a la Tierra y lo haría en forma de episodio meteorítico a lo largo de décadas o incluso dentro de un siglo. 

La Agencia Espacial Europea lo resume de forma prudente. “Nadie sabe cuáles serían los efectos exactos” y no se puede predecir con precisión cuánta materia saldría al espacio o si algo llegaría a la Tierra. 

Por qué esto también importa para el medio ambiente

Aquí entra la lectura ecológica. La vigilancia climática depende de satélites que miden gases como el CO2, observan incendios, sequías, deforestación, temperatura del mar o evolución de los hielos. También sostienen la meteorología moderna, que es la base de muchas alertas tempranas ante fenómenos extremos. Y en energía, ayudan a gestionar redes eléctricas, previsión de producción renovable y logística. Todo eso no es ciencia ficción, es el “mapa” que usamos para decidir políticas públicas, seguros, agricultura y emergencias.

Por eso, cada vez que se habla de escombros espaciales, aparece el mismo fantasma. El “síndrome” de Kessler, una reacción en cadena donde colisiones generan más fragmentos y aumentan el riesgo de nuevas colisiones. La Agencia Espacial Europea lo explica con claridad y lo vincula a la idea de mantener el espacio utilizable a largo plazo.

Ojo con una confusión frecuente. Un impacto lunar posible en 2032 no significa automáticamente un colapso de satélites . De hecho, hoy no hay una estimación oficial que diga que este evento vaya a desencadenar por sí solo una cascada orbital. Lo razonable es lo que ya están haciendo las agencias . Vigilar, recalcular cuando vuelva a observarse mejor y, en paralelo, reforzar la “higiene” del espacio con normas y tecnología para reducir basura en órbita.

La conclusión es simple. El riesgo principal no es “volver a la Edad de Piedra”, sino recordar que nuestra resiliencia tecnológica también es parte de la sostenibilidad.

El estudio principal sobre este escenario ha sido publicado en Arxiv


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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