Cómo un vertido submarino en el Pacífico puede desatar un colapso en la cadena alimenticia marina a más de 1.000 metros de profundidad

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Por HoyECO
Publicado el: 27 de enero de 2026 a las 22:01
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Zooplancton de aguas profundas afectado por residuos de la minería submarina en el océano Pacífico

La carrera por extraer metales del fondo del océano tiene un nuevo aviso importante desde la ciencia. Un estudio publicado en Nature Communications muestra que los residuos de la minería de nódulos en la Zona Clarion Clipperton, en el Pacífico entre Hawái y México, pueden alterar de forma grave la cadena alimentaria de las aguas profundas donde vive una fauna única de zooplancton y pequeños peces.

La clave no está solo en lo que se arranca del lecho marino, sino en lo que se devuelve al agua. Varias empresas proponen liberar a mil metros de profundidad una mezcla de agua, sedimentos y fragmentos de nódulos después de separar los metales útiles en el barco. Ese “vertido en suspensión” compartiría tamaño con las partículas naturales de las que se alimentan muchos organismos, pero con una calidad nutricional muy inferior. Es como cambiar un plato completo por una montaña de comida vacía. Y eso, en un océano profundo acostumbrado a vivir con muy poco, se nota.

Qué ha descubierto el nuevo estudio

El equipo de la Universidad de Hawái aprovechó una prueba real de minería en 2022 para muestrear la columna de residuos generada a unos 1250 metros de profundidad en la concesión NORI D de la Zona Clarion Clipperton. Analizaron el tamaño, la cantidad y la “firma química” de las partículas y las compararon con partículas naturales recogidas en campañas anteriores junto con zooplancton y micronecton.

Los resultados son claros en gran medida. Las partículas asociadas a la minería eran mucho más abundantes, pero contenían muchas menos proteínas. Los científicos midieron aminoácidos, los “ladrillos” básicos de la materia orgánica, y vieron que en las fracciones de tamaño mediano y grande el contenido nutritivo de las partículas del penacho minero era muy inferior al del material de fondo. Ese es el tipo de dato que, traducido al día a día, significa que muchos animales tendrían que filtrar mucha más “sopa turbia” para obtener la misma energía.

Además, el modelo isotópico que aplicaron, basado en la composición de aminoácidos de las presas y de los propios animales, revela que las partículas mayores de 6 micras forman la base principal de la red trófica entre 700 y 1500 metros de profundidad. En el conjunto de muestras analizadas, un 65 por ciento de los consumidores dependía de estas partículas grandes para más de la mitad de su alimentación.

Una comida invisible que sostiene al océano

Esta zona de aguas intermedias coincide con una región pobre en oxígeno donde se concentra una comunidad muy especializada. Allí viven copépodos, pequeños crustáceos y otros invertebrados que se alimentan de partículas en suspensión, además de medusas y organismos gelatinosos muy frágiles. El estudio muestra que un 53 por ciento de los taxones de zooplancton son alimentadores de partículas y que un 60 por ciento de los taxones de micronecton se alimentan de zooplancton.

En la práctica esto significa que, si se sustituye la “nieve marina” natural por una nube densa de sedimentos pobres en materia orgánica, se altera toda la cadena alimentaria de abajo arriba. Los filtradores pueden ver sus estructuras de alimentación obstruidas. Los animales gelatinosos acumulan partículas en la superficie del cuerpo, lo que les obliga a gastar más energía para mantenerse a flote. Los pequeños peces y cefalópodos que dependen del zooplancton pierden parte de su fuente de alimento. Y los grandes depredadores que bajan a estas profundidades a cazar encuentran un supermercado cada vez más vacío.

Los autores comparan la situación con un sistema muy afinado a la escasez al que, de repente, se le inyecta “comida basura” en grandes cantidades. Como explicó el equipo en la nota de prensa, las columnas de residuos no solo enturbian el agua, también cambian la calidad de lo que hay disponible para comer, sobre todo para los animales que no pueden escapar con facilidad.

Qué opciones hay para reducir el impacto

Una pregunta lógica es si el problema se solucionaría liberando los residuos a otra profundidad. El estudio explora esa posibilidad y concluye que no hay soluciones fáciles. Descargar más arriba afectaría a capas con mucha más biomasa y con presencia de importantes depredadores, como túnidos que luego aparecen en nuestras pescaderías. Hacerlo en las transiciones de oxígeno podría alterar el comportamiento de especies muy sensibles a cambios mínimos en este gas. Llevar la columna aún más abajo, al batipelágico profundo, dañaría comunidades poco abundantes pero muy diversas que también dependen de partículas grandes como base de su red alimentaria.

La opción que los autores consideran menos dañina, aunque también requiere más estudios, es devolver los residuos al propio lecho marino, donde ya se genera otra columna de sedimentos por el paso del vehículo recolector. Liberar un solo penacho, en lugar de mantener dos columnas separadas (fondo y aguas medias), podría reducir la huella total del impacto si se gestiona bien.

Todo esto llega en un momento clave. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha concedido ya diecinueve licencias de exploración de nódulos polimetálicos que abarcan unos 1,5 millones de kilómetros cuadrados de la Zona Clarion Clipperton. La minería en aguas profundas a escala comercial aún no ha comenzado, de modo que reguladores y gobiernos todavía están a tiempo de decidir cómo y dónde se permitirá verter los residuos de estas operaciones.

Para la ciudadanía quizá todo esto suene lejano, a miles de metros bajo la superficie. Pero de estas comunidades dependen procesos que ayudan a secuestrar carbono en profundidad y que sostienen parte de las pesquerías de las que salen los filetes de pescado que comemos a diario. Lo que ocurra con la minería submarina no se quedará en el fondo del mar.

El estudio completo que respalda estas conclusiones ha sido publicado en la revista Nature Communications.

Foto: Goetze, Elis


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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