Los bacteriófagos “entrenados” en microgravedad apuntan a nuevas armas contra las superbacterias
Un trabajo en PLOS Biology describe cómo la coevolución entre el fago T7 y E. coli en la Estación Espacial Internacional genera variantes capaces de infectar cepas asociadas a infecciones urinarias resistentes al fago original.
La carrera entre bacterias y virus que las cazan (los bacteriófagos) ha encontrado un escenario poco habitual para acelerar su “selección natural”. Un estudio liderado por el laboratorio de Srivatsan Raman en la Universidad de Wisconsin-Madison muestra que la microgravedad modifica de forma apreciable la dinámica de infección y, sobre todo, el tipo de mutaciones que se imponen con el paso del tiempo. El resultado más sugerente llega al final del experimento (y fuera del espacio) cuando algunas combinaciones de mutaciones seleccionadas en órbita mejoran la capacidad del fago para atacar cepas uropatógenas de Escherichia coli responsables de infecciones del tracto urinario (UTI1 y UTI2) resistentes al T7 “salvaje” en condiciones terrestres.
El trabajo, publicado el 13 de enero de 2026, compara incubaciones idénticas en la ISS y en la Tierra. Los investigadores prepararon muestras selladas y las incubaron a 37 grados en varios puntos temporales (una, dos y cuatro horas) y en un periodo largo de 23 días. En microgravedad, la infección del fago se retrasa al principio, pero termina siendo productiva en la ventana larga, una diferencia que los autores vinculan a la física elemental del medio (menos mezcla por convección) y a cambios fisiológicos de las bacterias bajo estrés.
El núcleo del hallazgo es evolutivo. Tanto el fago como la bacteria acumulan mutaciones “de novo” distintas según el entorno, y el mapa de qué cambios resultan ventajosos cambia de manera profunda entre microgravedad y Tierra. Para medirlo con precisión, el equipo aplicó técnicas de exploración masiva de mutaciones en el dominio de unión al receptor del fago y, con esas pistas, construyó dos bibliotecas combinatorias basadas en 13 sustituciones “ganadoras” en cada condición. Esa estrategia reduce un espacio teórico inabarcable (del orden de 10²¹ combinaciones) a menos de 5.000 variantes por biblioteca, un atajo experimental para buscar configuraciones útiles sin disparar el número de pruebas.
La comparación en placas deja una lectura clara. La biblioteca “inspirada” por la microgravedad mejora de forma significativa el rendimiento frente a dos cepas clínicas de E. coli asociadas a infecciones del tracto urinario (UTI1 y UTI2) que, de partida, resisten al T7 original. La biblioteca construida a partir de mutaciones favorecidas en condiciones terrestres no logra esa ventaja. Cuando los autores aíslan variantes concretas, obtienen combinaciones de cinco y seis cambios que multiplican la eficiencia de infección y producen placas más grandes en esas cepas uropatógenas.
La pieza encaja en una preocupación mucho mayor que la curiosidad espacial. La resistencia a los antibióticos se ha convertido en una de las principales amenazas sanitarias globales. La Organización Mundial de la Salud estima que la resistencia bacteriana fue responsable directa de 1,27 millones de muertes en 2019 y estuvo asociada a 4,95 millones. (OMS) En octubre de 2025, la OMS publicó además un informe global con datos de más de 23 millones de casos confirmados en laboratorio, con un foco explícito en infecciones como las urinarias y las del torrente sanguíneo.
Conviene, aun así, medir el alcance real de la promesa. La fagoterapia sigue siendo un campo en desarrollo, con un encaje regulatorio que en muchos países se mueve en el terreno experimental o de acceso expandido en casos concretos, más que en tratamientos estandarizados. (FDA) Y el propio estudio subraya limitaciones prácticas de la investigación en órbita (ciclos de congelación y descongelación, retrasos inevitables en el procesado, logística y coste).
Lo interesante, por tanto, no es vender el espacio como una fábrica inmediata de “supervirus” curativos, sino el cambio de perspectiva. La microgravedad actúa como un filtro distinto que revela “puntos ciegos” de la evolución en la Tierra, y esos patrones pueden orientar el diseño de bacteriófagos mejorados sin necesidad de enviar cada idea a la Estación Espacial.
El estudio ha sido publicado en PLOS.
Foto : NASA











