Desconciertos entre los astrónomos tras el hallazgo del telescopio James Webb: detectan por primera vez hielo seco en una nebulosa que obliga a replantear la química

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Publicado el: 27 de marzo de 2026 a las 23:29
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Imagen del telescopio James Webb de la Nebulosa de la Mariposa (NGC 6302) donde se ha detectado hielo seco.

El «hielo seco» suele sonar a trucos de cocina o a cajas de transporte para que algo llegue bien frío a casa. Pero ahora ese mismo material (dióxido de carbono congelado) ha aparecido en un lugar mucho más salvaje, una nebulosa planetaria llamada NGC 6302, la «Nebulosa de la Mariposa».

Un equipo internacional lo ha identificado con el telescopio espacial James Webb y lo ha descrito en un estudio publicado el 25 de febrero de 2026. La idea que deja sobre la mesa es potente, incluso en el final agitado de una estrella pueden existir refugios lo bastante protegidos como para conservar hielos frágiles.

Qué han encontrado exactamente

Las observaciones muestran señales de CO2 en fase gaseosa y, además, rasgos de absorción que encajan con CO2 sólido en la región más densa de la nebulosa, un toro de polvo que actúa como pantalla. Los autores lo resumen de forma literal con «marking the first detection of CO2 ice in a PNe».

El detalle importante no es solo que haya CO2, eso ya se ha visto en otros entornos fríos del espacio. Lo llamativo es que aquí aparece en forma de «hielo seco», en un escenario donde la radiación ultravioleta suele dificultar la supervivencia de hielos volátiles.

Una mariposa con un corazón blindado

NGC 6302 está a unos 3.400 años luz, en la constelación de Escorpio, y es una de las nebulosas planetarias mejor estudiadas de nuestra galaxia. Estas nebulosas se forman cuando estrellas de entre unas 0,8 y 8 masas solares expulsan gran parte de su material al final de su vida, en una fase breve que suele durar alrededor de 20.000 años.

En la «Mariposa» hay un contraste casi teatral, alas de gas por un lado y un «donut» de polvo por otro que oculta la estrella central. Esa estrella es especialmente extrema y se estima que ronda los 220.000 kelvin, así que el entorno parece cualquier cosa menos amable para un hielo.

Temperaturas bajo cero y un dato clave de opacidad

Para que el CO2 se congele hacen falta condiciones muy frías. En este caso, el estudio detecta CO2 gas «frío» con temperaturas del orden de 20 a 50 kelvin (aproximadamente entre -253 y -223 °C) y modelos que ajustan el gas alrededor de los 30 kelvin.

La clave está en el apantallamiento del polvo. En el propio trabajo se menciona que la extinción en el toro, medida a 5,9 micras, supera las 76 magnitudes, una pista de lo bien protegido que puede estar ese interior frente a la radiación.

Cómo se reconoce el «hielo seco» a tantos años luz

El Webb no ve el hielo como una foto de un cubito. Lo que mide es cómo ciertas moléculas absorben luz en longitudes de onda concretas, y para el CO2 la pista está alrededor de las 15,2 micras, dentro del rango del instrumento MIRI.

Aquí aparece una firma difícil de ignorar, un perfil de doble pico que se parece a espectros de laboratorio de hielo de CO2. Los autores advierten de que el polvo complica fijar el «continuo», pero aun así destacan dos señales que sostienen la identificación del hielo.

Por qué este hallazgo cambia la historia del carbono

Una nebulosa planetaria es, en el fondo, un episodio de «reciclaje» estelar. El estudio remarca que la presencia de hielo de CO2 en este tipo de entorno tiene implicaciones para el enriquecimiento del medio interestelar, que es el material del que luego se alimentan nuevas generaciones de estrellas.

El trabajo aporta otro giro, el cociente entre CO2 en gas y CO2 en hielo sería más de un orden de magnitud mayor que el que se observa en objetos estelares jóvenes. Eso sugiere que en estos restos estelares el hielo se forma o se procesa de otra manera, y que las reacciones en superficies heladas deberían entrar con más fuerza en los modelos químicos.

Qué debemos tener en cuenta a partir de ahora

Conviene leer el resultado con el contexto correcto. El trabajo es un preprint, así que su siguiente paso natural es la revisión por pares, pero ya marca una dirección clara sobre dónde buscar química «oculta» en nebulosas planetarias densas.

La pregunta que queda en el aire es sencilla. ¿Es NGC 6302 una excepción o solo la primera de muchas? Para responder, el propio equipo pide observaciones con mayor resolución espacial que muestren dónde se concentra el hielo y cómo se procesa en estos toros.

El estudio se ha publicado como en arXiv.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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