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Descubren en China un dinosaurio primo del Velociraptor con cuatro alas y el tamaño de una lechuza

Descubren en China un diminuto dinosaurio de cuatro alas que cambia lo que sabíamos sobre el origen del vuelo.

Descubren en China un dinosaurio primo del Velociraptor con cuatro alas y el tamaño de una lechuza

Hace unos 120 millones de años, un pequeño dinosaurio con el cuerpo cubierto de plumas vivía en lo que hoy es el noreste de China. Ahora, un fósil excepcionalmente conservado acaba de ponerle nombre propio a esa criatura. Se llama Changzhousaurus sinensis y su hallazgo añade una pieza muy llamativa al complicado puzle del origen del vuelo en los dinosaurios.

La clave no está solo en que tuviera plumas. Lo verdaderamente raro es la combinación. Este animal presentaba grandes plumas en las patas, alas muy desarrolladas y una cola larga en forma de abanico, con unas 16 plumas alargadas que recuerdan, de lejos, a las de un pavo real. No es poca cosa.

Un fósil diminuto

El fósil procede de la Formación Jiufotang, en Jianchang, al oeste de la provincia china de Liaoning. Los restos pertenecen al Cretácico Inferior, una etapa en la que muchos dinosaurios con rasgos parecidos a los de las aves ya estaban experimentando con cuerpos pequeños, plumas complejas y nuevas formas de moverse por el aire.

El ejemplar que ha servido para describir la especie conserva un esqueleto casi completo con marcas de plumaje asociadas. Según el estudio, medía unos 340 milímetros de longitud esquelética total, lo que lo coloca entre los terópodos no avianos más pequeños conocidos. Dicho de forma sencilla, era un dinosaurio del tamaño aproximado de un ave pequeña, pero no era un ave moderna.

Plumas por todas partes

Changzhousaurus sinensis tenía plumas bien desarrolladas en las extremidades delanteras, en las patas traseras y en la cola. Esa mezcla no se había visto de esta forma en otros dinosaurios conocidos hasta ahora.

Las plumas de la cola son las que más llaman la atención a primera vista. El estudio describe unas 16 plumas muy alargadas cerca del extremo de la cola ósea, una cantidad superior a la registrada en otros grupos parecidos, donde normalmente aparecen solo dos, tres o cuatro. Por eso la comparación con un pavo real resulta tan fácil de entender para cualquiera.

Una pista para el vuelo

La pregunta llega sola. ¿Podía volar este dinosaurio? La respuesta, por ahora, pide algo de calma. Los autores señalan que sus alas emplumadas eran proporcionalmente las mayores conocidas entre los pennaraptoranos no avianos, aunque sus huesos de las extremidades delanteras no fueran especialmente largos.

Esto cambia una idea importante. Durante mucho tiempo, los paleontólogos han usado la longitud de los huesos del brazo como pista para estimar el tamaño del ala y la posible capacidad aérea de un animal fósil. Aquí ocurre algo incómodo para esa regla. Un brazo óseo relativamente corto podía sostener una superficie emplumada grande.

En la práctica, esto significa que algunos dinosaurios pudieron tener alas más capaces de lo que sugerían sus huesos. No quiere decir que volaran como una golondrina actual ni que cruzaran grandes distancias. Pero sí apunta a que las plumas pudieron ayudar en planeos, saltos controlados, maniobras entre árboles o movimientos aéreos más limitados.

El árbol de las aves se complica

Changzhousaurus sinensis pertenece al gran entorno evolutivo de los pennaraptoranos, un grupo de dinosaurios terópodos muy cercano al origen de las aves. Dentro de ese conjunto, el estudio lo considera probablemente un deinonicosaurio temprano, aunque reconoce que su mezcla de rasgos deja abiertas algunas dudas de clasificación.

Ahí está lo interesante. La evolución no avanzó como una escalera ordenada, con un dinosaurio simple en un peldaño y un pájaro moderno en el siguiente. Fue más bien una red de pruebas, pérdidas y cambios. Algunas especies desarrollaron plumas grandes en las patas, otras colas llamativas, otras alas más útiles para el aire.

Este fósil junta varias de esas soluciones en un solo cuerpo. Por eso importa. Ayuda a ver que el camino hacia las aves fue más diverso, más raro y mucho menos limpio de lo que solemos imaginar cuando miramos un gorrión en una terraza.

China vuelve a ser clave

La provincia de Liaoning lleva décadas ofreciendo fósiles que han cambiado la manera de entender a los dinosaurios emplumados. En este caso, el nuevo ejemplar vuelve a mostrar por qué esa región es tan importante. Allí, las condiciones de fosilización han permitido conservar detalles delicados que en otros lugares se pierden sin dejar rastro.

Y eso se nota. Sin las marcas de plumaje, Changzhousaurus sinensis sería un pequeño esqueleto más dentro de una historia ya compleja. Con esas plumas, en cambio, se convierte en una ventana directa a la anatomía blanda de un animal que vivió mucho antes de que existieran los ecosistemas actuales.

Lo que aún falta por saber

El propio estudio evita cerrar el caso en falso. Los autores advierten de que todavía hacen falta análisis más completos para entender bien cómo se movía este dinosaurio y qué papel exacto tenían sus plumas. Algunas señales apuntan a capacidad aérea, pero también hay rasgos de las patas que sugieren adaptaciones distintas, quizá hacia un modo de vida más terrestre.

También hay una limitación habitual en este tipo de fósiles. Las plumas se conservan lo bastante bien como para reconocer su presencia y distribución, pero no siempre permiten ver detalles microscópicos. Eso obliga a trabajar con prudencia. En paleontología, una buena noticia no consiste en exagerar, sino en saber hasta dónde llegan los datos.

Aun así, el hallazgo es importante. Changzhousaurus sinensis demuestra que las alas, las plumas de las patas y las colas llamativas pudieron combinarse de formas inesperadas antes de la aparición de las aves modernas. Y cada fósil así nos recuerda algo sencillo. La naturaleza probó muchos caminos antes de llenar el cielo de pájaros.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Vertebrata PalAsiatica.

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