Descubren un «archivo» de un millón de años descubierto bajo el hielo antártico envía una señal escalofriante: los científicos ya saben qué le espera a la humanidad

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Publicado el: 16 de enero de 2026 a las 05:30
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Hielo antártico y mar helado donde científicos hallaron un “archivo” geológico de gran antigüedad bajo la Antártida

Los sedimentos del mar de Amundsen documentan al menos cinco grandes retiradas de la capa de hielo occidental en el Plioceno

Un estudio liderado por la Universidad de Toyama con muestras del programa IODP reconstruye episodios de retroceso rápido en la región donde hoy drenan los glaciares Thwaites y Pine Island (un antecedente relevante para estimar riesgos de subida del nivel del mar)

La capa de hielo de la Antártida Occidental (WAIS) no es un bloque inmutable. Un nuevo análisis de sedimentos marinos extraídos frente al mar de Amundsen sugiere que el margen de ese casquete se replegó tierra adentro al menos cinco veces durante el Plioceno (hace entre 5,3 y 2,58 millones de años), un periodo con temperaturas globales en torno a 3–4 grados superiores a las actuales y un nivel del mar muy por encima del contemporáneo. El trabajo, encabezado por el geólogo Keiji Horikawa (Universidad de Toyama), se apoya en testigos recuperados por el programa internacional IODP en el punto U1532.

Glaciar Thwaites y capa de hielo de la Antártida Occidental (por qué importa ahora)

El interés del hallazgo no reside solo en la “historia profunda”. El sector del mar de Amundsen es el principal drenaje de la Antártida Occidental hacia el océano. Allí se encuentran Thwaites y Pine Island, dos glaciares que llevan años concentrando la atención científica por su retroceso y por el papel de sus plataformas flotantes, que actúan como freno del hielo interior. La International Thwaites Glacier Collaboration recuerda que un colapso completo de esta parte del casquete podría elevar el nivel medio del mar en más de tres metros, aunque ese escenario pertenezca a escalas temporales largas y con incertidumbres.

En paralelo, el British Antarctic Survey ha advertido de que la vulnerabilidad de Thwaites se relaciona con su base, apoyada en un lecho por debajo del nivel del mar y con pendiente hacia el interior, una geometría que favorece retiradas difíciles de detener una vez iniciadas.

Sedimentos del mar de Amundsen (IODP Exp 379) y el “archivo” del Plioceno

La investigación se basa en núcleos de sedimento extraídos en Site U1532, en el talud y la elevación continental del mar de Amundsen, a gran profundidad. El propio IODP describe este emplazamiento como parte de un sistema de “drifts” sedimentarios que acumulan material transportado por corrientes de fondo y por procesos gravitacionales, lo que permite construir registros continuos de alta resolución temporal.

Según la nota institucional de la Universidad de Toyama, el equipo distinguió dos tipos de depósitos. Por un lado, capas grises asociadas a fases frías con mayor presencia de hielo. Por otro, capas más finas verdosas vinculadas a fases más templadas, con señales de aguas abiertas y actividad biológica (microalgas), además de fragmentos rocosos transportados por icebergs (IRD).

Retiradas repetidas del WAIS (qué dicen los datos y qué no dicen)

El núcleo del resultado es la repetición. En el intervalo analizado se identifican múltiples episodios ricos en IRD entre 4,65 y 3,33 millones de años, interpretados como eventos de deshielo y retirada parcial del margen de la Antártida Occidental. Para estimar el origen del material, los autores combinaron isótopos (estroncio, neodimio y plomo) con comparaciones de firmas geoquímicas, y atribuyen parte del sedimento a zonas del interior occidental (como las montañas Ellsworth Whitmore), lo que implicaría que el sistema de hielo retrocedió lo bastante como para “liberar” ese material hacia el océano.

El matiz es crucial. El propio comunicado subraya que el registro sugiere episodios rápidos de retirada y reavance en un ciclo de varias fases, no necesariamente un colapso permanente del casquete durante todo el Plioceno. Dicho de otro modo, el “precedente” no es una profecía lineal, sino una evidencia de sensibilidad (la respuesta del sistema puede ser abrupta y repetida ante un calentamiento sostenido).

En ese contexto, ECOticias ha recogido en las últimas semanas la preocupación creciente por Thwaites y por la pérdida de capacidad de contención de sus plataformas, un elemento que conecta la ciencia del presente con lo que el registro geológico sugiere sobre el pasado cálido.

Subida del nivel del mar (del pasado cálido a la gestión del riesgo)

El Plioceno se utiliza a menudo como periodo análogo porque combina temperaturas más altas y una configuración climática relativamente parecida a la actual. Pero la traslación directa tiene límites. En el pasado, los cambios se desplegaron a ritmos muy distintos a los actuales. Aun así, el trabajo aporta dos piezas útiles para la gestión del riesgo.

La primera es que la Antártida Occidental puede alternar fases de estabilidad con retiradas rápidas cuando se superan ciertos umbrales oceánicos y atmosféricos. La segunda es que el impacto potencial sobre las costas no se reduce a una cifra “final”, sino que incluye la probabilidad de aceleraciones, reorganización de drenajes de hielo y pérdida de efecto tapón.

Ese debate sobre “puntos de inflexión” y mecanismos de retroalimentación también está presente en la literatura reciente sobre hielo y océano, con advertencias sobre procesos que pueden amplificar la pérdida de hielo ante incrementos relativamente pequeños de temperatura marina.

En ECOticias, además, se ha informado de hallazgos recientes en la Antártida oriental que reconstruyen episodios de colapso rápido de plataformas en el pasado y recalcan el papel del océano como desencadenante (un recordatorio de que el continente es heterogéneo y no se comporta como una sola pieza).

Claves para el lector (qué vigilar a partir de ahora)

Hay tres derivadas inmediatas. Primero, más datación fina y más integración con modelos (para acotar cuánto retrocedió el hielo en cada episodio y con qué ritmo). Segundo, vigilancia de las plataformas actuales que frenan el flujo de hielo hacia el mar (porque son el primer amortiguador). Tercero, planificación costera con escenarios de incertidumbre amplia, ya que la contribución antártica es uno de los grandes “comodines” del nivel del mar.

Incluso en un continente cubierto por kilómetros de hielo, el pasado no es una anécdota geológica. Es un catálogo de comportamientos posibles del sistema climático. Y lo que sugieren los sedimentos del mar de Amundsen es que, cuando el termómetro global se instala por encima del actual, la Antártida Occidental no garantiza quietud.

El comunicado oficial ha sido publicado en Toyama.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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