El “tesoro” de 15.000 monedas enterrado para huir de los nazis sale al mercado y deja adjudicaciones millonarias. La Traveller Collection se dispersa en una serie de subastas de Numismatica Ars Classica, con piezas que no se veían desde hace décadas y precios que ya superan las estimaciones
Una colección de unas 15.000 monedas, reunida por un coleccionista europeo anónimo y escondida bajo tierra durante más de medio siglo, ha pasado de leyenda privada a activo de mercado. La llamada Traveller Collection (según la reconstrucción divulgada por Numismatica Ars Classica, NAC) fue enterrada en cajas y contenedores metálicos ante el avance nazi y solo décadas después reapareció en manos de los herederos.
El caso ha atraído atención por una combinación poco frecuente (volumen, estado de conservación y documentación). NAC sostiene que la colección está asegurada por encima de los 100 millones de dólares y que se venderá en una serie de subastas escalonadas, con catálogos concebidos también como material de referencia para especialistas. El director de la firma, Arturo Russo, la definió como un “hito” para la numismática.
La primera gran venta se celebró el 20 de mayo de 2025 en Zúrich y se centró en moneda británica acuñada a máquina (de Carlos II a Jorge VI). Entre los lotes más visibles estuvo un patrón de cinco libras “Una and the Lion” de 1839, que alcanzó 800.000 francos suizos, según los precios realizados publicados por la propia colección.
La secuencia posterior confirmó que el tirón no era solo narrativo. En la subasta celebrada el 6 de noviembre de 2025, un oro de 100 ducados de Fernando III acuñado en 1629 (uno de los “gigantes” europeos por tamaño y valor simbólico) se adjudicó por 1.950.000 francos suizos en el registro oficial de NAC. Un comunicado del sector de certificación numismática elevó el precio realizado total del lote (con primas) a 2.388.750 francos suizos.
Más allá del brillo del oro, el dato que explica el interés de los compradores es la trazabilidad. El mercado numismático de alto nivel paga la rareza, pero paga todavía más la procedencia bien documentada, sobre todo cuando el relato histórico roza la II Guerra Mundial y la sensibilidad sobre bienes expoliados. En este caso, la casa remarca que el coleccionista catalogó sus compras y que muchas piezas no habían vuelto a circular en el circuito comercial desde hace generaciones.
Queda un matiz relevante para el lector que llega a esta historia buscando cifras. Las valoraciones globales (100 millones de dólares, o equivalentes en otras divisas) funcionan como orden de magnitud, pero el resultado final lo determinan remates y comisiones, lote a lote. La propia experiencia reciente (con adjudicaciones que superan estimaciones) sugiere que el mercado puede corregir al alza cuando confluyen rareza, estado de conservación y una biografía verificable.













