La transición ecológica en el mar del Norte acaba de destapar otra historia, esta vez bajo los campos de Suffolk. Mientras ScottishPower Renewables prepara la construcción de los parques eólicos marinos East Anglia TWO y East Anglia ONE North, un equipo de noventa arqueólogos ha localizado cerca de la localidad de Friston los restos de una aldea anglosajona y medieval desconocida junto con herramientas de piedra de hasta seis mil años de antigüedad.
La excavación, dirigida por especialistas de Museum of London Archaeology yWessex Archaeology, ha destapado un paisaje antiguo completo en más de veinticuatro hectáreas, una superficie similar a diecisiete campos de fútbol. Todo gracias a la arqueología preventiva asociada al trazado de cables y subestaciones, esa fase discreta de obra que muchos vecinos solo perciben como zanjas, vallas y desvíos de caminos.
Del poblado en sí ya no quedan las maderas, pero sí los agujeros de poste y las ranuras de las vigas. A partir de esas huellas, el equipo ha reconstruido varias casas alargadas de madera, las conocidas longhouses, que pudieron alcanzar unos diecinueve metros de largo por seis de ancho, con un gran hogar central para cocinar y calentarse. Eran viviendas, pero también espacios de reunión, el equivalente medieval de una casa comunal donde se compartían fuego y noticias.
Los indicios apuntan a una ocupación desde la época anglosajona temprana hasta, al menos, el siglo catorce, cuando el asentamiento se abandonó por causas aún desconocidas. Lo más llamativo es que un camino público actual calca el trazado de las viejas casas, lo que sugiere que esa ruta podría llevar en uso siglos, quizá desde los propios tiempos anglosajones. El típico sendero de campo que hoy pisa cualquiera sin imaginar que sigue la “calle principal” de una aldea desaparecida.
El yacimiento no cuenta solo la historia medieval. También han aparecido herramientas de piedra de la Edad de Piedra, entre ellas un hacha finamente tallada para trabajar la madera o despejar terreno y una diminuta punta de flecha de sílex, completa y muy frágil, fechada entre hace cuatro mil y seis mil años. Se han recuperado además fragmentos de cerámica asociados a la cultura del vaso campaniforme, indicio de contactos con otras comunidades europeas ya en la Edad del Bronce.
Más cerca de la costa, en las inmediaciones de Sizewell, el mismo programa ha permitido identificar varios hornos medievales. Los especialistas creen que se usaron para producir cerámica, cal u otros materiales, una pista de que estas comunidades rurales participaban en redes económicas más amplias y, en palabras del equipo, “siempre fueron rurales, pero de ningún modo estaban aisladas”.
Y aquí entra la conexión con la energía limpia. Iberdrola desarrolla East Anglia TWO offshore wind farm a través de su filial británica ScottishPower Renewables, un parque eólico marino en el mar del Norte que alcanzará hasta novecientos sesenta megavatios de potencia instalada, con sesenta y cuatro aerogeneradores situados a unos treinta y tres kilómetros de la costa de East Anglia. Esa electricidad renovable podrá abastecer a unas novecientas cincuenta mil viviendas y cubrir en torno a cinco por ciento de los objetivos eólicos marinos del Reino Unido para esta década, con entrada en operación prevista en 2028.
En palabras de la propia compañía, el proyecto busca ofrecer “un futuro más limpio y verde” para la región y, al mismo tiempo, está permitiendo revelar nuevos capítulos de la historia de East Anglia. Preservar el entorno natural y el patrimonio cultural forma parte de esa estrategia, algo que se traduce en protocolos estrictos de seguimiento ambiental, desvíos de trazados cuando aparecen restos sensibles y recuperación de materiales para su estudio en laboratorio.
En la práctica, todo esto significa que antes de tender los cables o levantar la subestación se revisa cada metro de terreno. Se documentan las estructuras antiguas, se recuperan los objetos y se decide cómo evitar daños irreversibles. No impide que haya obras ni ruido, pero reduce el impacto y deja un registro científico detallado que de otro modo se perdería para siempre, al tiempo que el parque eólico aportará décadas de electricidad sin emisiones directas de CO₂.
Los arqueólogos seguirán trabajando a lo largo de todo el corredor de cables que conecta la costa del mar del Norte con la futura subestación interior cerca de Friston, y después llegará una fase más sosegada de laboratorio para precisar cuándo se ocupó la aldea, por qué se abandonó y cómo se relacionaba con otras comunidades cercanas.
Más allá de los megavatios, las fechas y los planos de ingeniería, este caso recuerda algo importante. La transición energética no se construye sobre un lienzo en blanco, sino sobre paisajes donde ha vivido gente durante milenios. Cada nuevo parque eólico, línea eléctrica o planta solar puede ser también una oportunidad para conocer mejor ese pasado y, de paso, planificar un futuro más respetuoso con el territorio que pisamos.
El comunicado oficial sobre el hallazgo y los detalles arqueológicos ha sido publicado en la web de Wessex Archaeology.
Foto: Wessex Archaeology / MOLA-Wessex Archaeology








