El estreno del lanzador, pieza clave del proyecto conjunto Baiterek con Kazajistán, llega tras un aplazamiento anunciado en diciembre por “comprobaciones adicionales”
El primer lanzamiento del cohete Soyuz-5 se hará “a finales de marzo de 2026” desde el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, según ha confirmado Roscosmos a través de una presentación de su subdirector general para proyectos de cohetes, Dmitri Baránov. El directivo señaló que el vehículo “se encuentra en el cosmódromo desde noviembre” y que los equipos “se están preparando para el primer vuelo”, aunque admitió que la infraestructura terrestre no está “totalmente preparada”
El anuncio pone fecha, por primera vez con cierta precisión, a una misión que debía haberse producido antes de que terminara 2025. Roscosmos comunicó el 26 de diciembre el cambio de calendario y lo atribuyó a una “iniciativa de la parte kazaja”, al tiempo que lo justificó por la necesidad de realizar verificaciones adicionales, tanto en los sistemas de a bordo como en el equipamiento de tierra. Baránov explicó entonces que se buscaba “sumar estadística” y reforzar la confianza en la fiabilidad y la seguridad del despegue.
El vuelo inaugural del Soyuz-5 está ligado al complejo Baiterek, un proyecto bilateral concebido para reactivar la capacidad de lanzamientos medianos desde Baikonur tras el declive del Zenit, un vector de herencia soviética del que dependió durante años parte del tráfico espacial desde Kazajistán. En su formulación actual, el programa aspira a convertir al Soyuz-5 en un pilar de la arquitectura rusa de lanzadores, incluida su posible integración futura en configuraciones de mayor potencia.
El trasfondo, sin embargo, va más allá de un ajuste técnico de calendario. Baiterek se discute desde 2004 y ha atravesado etapas de bloqueo por financiación, reparto de responsabilidades y la modernización de las instalaciones. El hecho de que Roscosmos admita ahora que la infraestructura en Baikonur aún no está lista sugiere que el cuello de botella no está solo en el cohete, sino en la cadena completa que lo debe poner en vuelo, desde los sistemas de apoyo en tierra hasta las comprobaciones finales previas a la cuenta atrás.
La elección de Baikonur también vuelve a subrayar la dependencia operativa rusa de un enclave situado fuera de sus fronteras, en un momento en que Moscú intenta reforzar otros cosmódromos nacionales. En paralelo, el propio Baikonur ha afrontado recientemente problemas de infraestructura que han obligado a planificar reparaciones y trabajos intensivos en plataformas críticas para el programa Soyuz, un recordatorio de que, además de la política, la logística pesa en cada calendario espacial.
Con la ventana de finales de marzo como horizonte, quedan incógnitas relevantes que Roscosmos no ha despejado. La corporación no ha precisado una fecha exacta, ni ha detallado el perfil de la misión inaugural, ni el grado de madurez del conjunto del complejo Baiterek más allá de la constatación de que todavía no está plenamente preparado. Esa falta de concreción deja margen para nuevos deslizamientos si las pruebas adicionales detectan incidencias o si la puesta a punto del segmento terrestre se retrasa.
El comunicado ha sido publicado en Aviationweek.












