En el corazón de la cuenca del Congo, dos lagos de aguas negras están liberando carbono que creíamos enterrado para siempre. Un nuevo estudio revela que los lagos Mai Ndombe y Tumba emiten CO2 procedente de turberas formadas hace miles de años. ¿Qué implica que un almacén tan antiguo empiece a vaciarse ahora?
Estas turberas tropicales cubren alrededor de un 0,3 por ciento de la superficie terrestre, pero almacenan cerca de cien gigatoneladas de carbono, un tercio del carbono de todas las turberas tropicales. Hasta ahora se pensaba que este almacén permanecía sellado salvo en episodios extremos de sequía o drenaje, pero los nuevos datos muestran que ya existe una fuga constante.
Qué han encontrado los científicos
El equipo internacional liderado por ETH Zurich midió el carbono disuelto en estos lagos con carbono 14 y descubrió que buena parte del dióxido de carbono emitido es antigua, con edades de dos a tres mil quinientos años. Sus modelos indican que alrededor de un 40 por ciento del CO2 procede de la descomposición de turbas milenarias que rodean los lagos.
«Nos sorprendió descubrir que carbono antiguo está siendo liberado a través del lago» explica el investigador Travis Drake, que compara esta situación con «una fuga en el gran depósito de carbono» de la cuenca del Congo. Según sus cálculos, solo el lago Mai Ndombe podría estar expulsando ciento cincuenta mil toneladas de carbono de turba al año en forma de CO2.
Por qué es preocupante para el clima
Esta fuga conecta un almacén de carbono muy lento con la atmósfera actual, de modo que el CO2 que sale de esas turberas actúa igual que el de una central térmica o un coche. Si el proceso se acelera, la cuenca del Congo podría dejar de ser un freno discreto del calentamiento y convertirse en una fuente más.
El clima y la actividad humana pueden empujar en esa dirección. Si las sequías se vuelven más largas y frecuentes, las turberas se secan más a menudo, entra oxígeno en capas profundas y la descomposición se acelera. La deforestación para abrir tierras agrícolas puede mantener los lagos más bajos y facilitar esas emisiones.
Más gases en juego
Un estudio paralelo en el lago Mai Ndombe analizó metano yóxido nitroso. Con el agua alta, los microbios del lago consumen una buena parte del metano antes de que llegue a la superficie, mientras que en los periodos secos esa depuración natural se debilita y escapa mucho más metano a la atmósfera.
Los expertos advierten de que, si el clima se seca y aumenta la presión sobre estos humedales, los lagos negros del Congo pueden pasar de aliados discretos a emisores netos. No es un apocalipsis, pero es una llamada de atención. Proteger las turberas y evitar su drenaje significa cerrar una fuga de carbono antiguo que el planeta no puede permitirse.
El estudio científico completo ha sido publicado en Nature Geoscience.







