Ciencia

El equipo que busca vida alienígena escaneó el último cometa interestelar: no hay señales de tecnología, parece un trozo natural de otro sistema

SETI escanea el cometa interestelar 3I/ATLAS y descarta señales de tecnología extraterrestre tras horas de observación.

El equipo que busca vida alienígena escaneó el último cometa interestelar: no hay señales de tecnología, parece un trozo natural de otro sistema

El cometa interestelar 3I/ATLAS llegó desde fuera del sistema solar con una etiqueta que siempre despierta curiosidad. No era un visitante cualquiera. Era apenas el tercer objeto confirmado procedente de otra estrella que cruza nuestro vecindario cósmico, y eso bastó para que muchos telescopios lo siguieran con lupa.

Ahora llega una conclusión importante, aunque menos novelesca que algunas teorías que circularon por internet. El Instituto SETI ha buscado señales de radio que pudieran apuntar a tecnología extraterrestre y no ha encontrado ninguna. Lo que quedó tras el análisis procedía de interferencias humanas o de satélites en órbita terrestre. En otras palabras, 3I/ATLAS sigue encajando con lo que parecía desde el principio, un cometa natural venido de otro sistema estelar.

La búsqueda en radio

Los científicos usaron el Allen Telescope Array, una red de radiotelescopios situada en el Observatorio Hat Creek, en el norte de California. La campaña observó 3I/ATLAS durante algo más de siete horas y cubrió frecuencias de 1 a 9 gigahercios. No es poca cosa.

La idea era buscar señales de radio de banda estrecha. Este tipo de señal interesa mucho en SETI porque puede destacar frente al ruido natural del cosmos y, en ciertos casos, sugerir una fuente tecnológica. Dicho de forma sencilla, los astrónomos estaban escuchando por si había algo que no sonara a cometa.

¿Por qué hacerlo si las observaciones ya apuntaban a un objeto natural? Porque los visitantes interestelares son raros y cada uno ofrece una oportunidad única. La doctora Sofia Sheikh, autora principal del estudio, lo explicó con una comparación muy humana al recordar que “nuestros propios Voyager acabarán siendo artefactos extraterrestres” en otros sistemas estelares.

Millones de señales

El volumen de datos fue enorme. El equipo detectó cerca de 74 millones de señales iniciales de banda estrecha. Después empezó el trabajo menos vistoso, pero más importante, limpiar el ruido, descartar interferencias y comprobar si alguna señal seguía el movimiento esperado del cometa.

Tras aplicar filtros por frecuencia y deriva, la lista se redujo primero a unos 2 millones de señales. Después, con herramientas de localización y revisión visual, quedaron 211 eventos para examinar con más detalle. Ninguno mereció seguimiento como posible tecnofirma.

Aquí está la clave. No se trata de que el cielo estuviera en silencio absoluto, sino de que las señales interesantes no venían de 3I/ATLAS. Las pocas que sobrevivieron al filtrado se atribuyeron a tecnología terrestre o a satélites humanos. El misterio, al menos en radio, se quedó en casa.

Un cometa muy lejano

3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS financiado por la NASA en Río Hurtado, Chile, y reportado al Minor Planet Center. Su nombre no es casual. El “3” indica que es el tercer objeto interestelar conocido, la “I” señala su origen interestelar y ATLAS recuerda el sistema que lo detectó.

La NASA explica que los astrónomos lo clasificaron como interestelar por su velocidad y por su trayectoria hiperbólica. Es decir, no estaba atado al Sol como los cometas habituales de nuestro sistema solar. Simplemente pasó por aquí y siguió su camino. Como quien cruza una estación sin bajarse del tren.

Tampoco representó un peligro para la Tierra. Según la NASA, su máxima aproximación a nuestro planeta fue de unos 270 millones de kilómetros, aproximadamente 1,8 unidades astronómicas. Las estimaciones realizadas con Hubble situaron el diámetro de su núcleo entre unos 440 metros y 5,6 kilómetros.

Lo que sí descarta

El resultado no demuestra que no exista vida fuera de la Tierra. Eso sería ir demasiado lejos. Lo que sí dice es algo más concreto y útil, que en las frecuencias estudiadas no aparecieron señales de radio atribuibles a tecnología extraterrestre cerca de 3I/ATLAS.

El estudio también fija límites sobre la potencia de posibles transmisores. Según SETI, las observaciones descartan señales más fuertes que unos 10 a 110 vatios en el rango observado, una potencia comparable a la de algunos aparatos domésticos. Para entenderlo rápido, si hubiera habido un transmisor de radio bastante modesto emitiendo en esas condiciones, el sistema habría tenido opciones reales de detectarlo.

Valeria Garcia Lopez, coautora del trabajo, resumió la importancia del resultado al afirmar que muestra “lo realista que es detectar una señal” con la tecnología actual. Por eso, añadió, tiene sentido seguir buscando tecnofirmas incluso en objetos donde no se espera encontrarlas.

Por qué importa 3I/ATLAS

Aunque no haya señales alienígenas, 3I/ATLAS sigue siendo científicamente valioso. Un objeto así puede guardar información sobre la química y la formación de otros sistemas planetarios. Es una muestra de otro barrio de la galaxia que, por pura dinámica orbital, terminó cruzando el nuestro.

Además, su comportamiento encaja con el de un cometa. La NASA describe un núcleo helado y una coma, esa nube de gas y polvo que se forma cuando el hielo se calienta al acercarse al Sol. También señala que las pequeñas perturbaciones de su trayectoria son compatibles con la expulsión de gases, un proceso normal en cometas activos.

Esa es una lección importante para el público. En astronomía, lo raro no siempre significa artificial. A veces significa que hemos tenido pocas oportunidades de mirar bien. Y 3I/ATLAS es raro precisamente porque apenas hemos visto tres objetos de este tipo cruzando el sistema solar.

Qué queda ahora

El cometa ya continúa su viaje hacia el espacio interestelar. No volverá a quedarse con nosotros ni se convertirá en una segunda luna, pero deja datos útiles para próximas campañas. Cada visitante de este tipo ayuda a probar instrumentos, mejorar filtros y separar mejor una señal real del ruido que nosotros mismos generamos.

También sirve para algo más sencillo, pero igual de necesario. Pone freno a las explicaciones precipitadas. Los telescopios no han encontrado una nave, ni una baliza, ni un mensaje escondido. Han encontrado un cometa natural y un gran ejercicio de ciencia bien hecha.

El estudio completo ha sido publicado en The Astronomical Journal.

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