Cuando eliges pescado en la pescadería sueles fijarte en el precio y el tamaño de la ración. ¿Alguna vez piensas en cuántos grados tiene el agua donde vivió ese animal? Ahora un nuevo estudio internacional, liderado por la ecóloga marina Shahar Chaikin (Museo Nacional de Ciencias Naturales de España), advierte de que el calentamiento crónico del fondo del océano está reduciendo la vida marina a un ritmo alarmante. Cada 0,1 grados extra por década la biomasa de peces cae un 7,2 % en el hemisferio norte.
El trabajo, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, se basa en más de 700.000 estimaciones de cambio de biomasa para casi 34.000 poblaciones de peces, que representan más de 1.500 especies entre 1993 y 2021. Al analizar estas series los autores separan el efecto del calentamiento a largo plazo de las variaciones de un año concreto. En las zonas donde el fondo marino se calienta más deprisa la pérdida anual de biomasa llega hasta un 19,8 % y los bancos se encogen temporada tras temporada.
A primera vista un 7,2 % por cada décima de grado puede parecer poca cosa. Pero cuando se acumula en cuencas oceánicas completas significa menos peces en las redes, más incertidumbre en los ingresos y más presión sobre un recurso que ya sufre por la sobrepesca. Chaikin lo resume con una frase clara, «cuanto más rápido se calienta el fondo del océano, más rápido perdemos peces». No es una metáfora, es el balance frío de millones de datos.
El estudio también aclara el papel de las olas de calor marinas. En algunos episodios se observan subidas rápidas de biomasa en zonas frías, por ejemplo cuando los espadines abandonan el Mediterráneo y aparecen en el mar del Norte, mientras que en el borde cálido de la distribución de la especie se registran fuertes desplomes. En números las olas de calor pueden provocar pérdidas acusadas en las poblaciones del borde cálido y aumentos temporales en las del borde frío, que enmascaran una pérdida de fondo mucho mayor.
Para la gestión pesquera esta mezcla de pérdidas silenciosas y repuntes puntuales es un reto serio. El científico español Carlos García Soto, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, recuerda que «el calentamiento global reduce la biomasa de peces, mientras que las olas de calor pueden generar aumentos temporales que enmascaran la tendencia subyacente». Los autores añaden que, si el fondo marino sigue acumulando calor, «prevemos grandes pérdidas para las poblaciones mundiales de peces que ningún plan de gestión podrá solucionar fácilmente». Sin recortes rápidos de emisiones y sin pesquerías más sostenibles el impacto llegará también al bolsillo y al plato.
El estudio ha sido publicado en la revista Nature Ecology & Evolution.







