El mayor peligro para las megaciudades no es el cambio climático, sino algo que ocurre bajo nuestros pies

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Por HoyECO
Publicado el: 25 de enero de 2026 a las 08:08
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Imagen satelital del delta del Nilo (Egipto), ejemplo de subsidencia en deltas fluviales.

Los deltas de ríos tan conocidos como el Mekong, el Nilo, el Ganges o el Mississippi se están hundiendo, y en muchos casos lo hacen más deprisa de lo que sube el nivel del mar. Esa es la conclusión de un nuevo estudio global que pone números a algo que ya se intuía sobre el terreno y que afecta a cientos de millones de personas que viven en estas llanuras bajas donde el río se encuentra con el mar.

Los deltas ocupan apenas una pequeña fracción de la superficie terrestre, pero concentran entre el cuatro y el seis por ciento de la población mundial. Allí se cultiva buena parte del arroz que termina en nuestros platos, se localizan grandes puertos y ciudades y se mantienen ecosistemas clave para la pesca y la biodiversidad. Son, además, terrenos muy llanos y muy bajos, de modo que cualquier centímetro perdido se nota.

El equipo liderado por Leonard Ohenhen ha analizado 40 grandes deltas repartidos en cinco continentes usando radar de satélite de alta resolución. Con datos del programa europeo Sentinel‑1, tomados entre 2014 y 2023, han elaborado un mapa detallado de cómo cambia la altura del terreno, píxel a píxel, con una resolución de unos 75 metros. Es la primera radiografía global tan fina de este problema.

El resultado es inquietante. En casi todos los deltas aparece al menos una zona donde el suelo se hunde más rápido que el nivel del mar. En 18 de los 40 deltas estudiados, la subsidencia media ya supera el aumento local del nivel del mar. Según los autores, esto incrementa el riesgo de inundaciones a corto plazo para más de 236 millones de personas. Y, en las áreas más bajas, por debajo de un metro de altura, ocho de cada diez habitantes viven sobre terrenos que se hunden con rapidez.

¿Qué significa esto en la práctica para alguien que vive en Bangkok, en Alejandría o en una aldea del delta del Mekong? Que no solo tiene que preocuparse por las tormentas y por el ascenso gradual del océano ligado al cambio climático. También ve cómo el propio suelo bajo sus pies pierde altura año tras año, lo que hace que las defensas costeras, los diques y las infraestructuras envejezcan antes de lo previsto.

Los deltas siempre han sido paisajes dinámicos. El peso de los sedimentos hace que el terreno se compacte con el tiempo, y los movimientos tectónicos también influyen. La novedad es la velocidad. Según el estudio, más de la mitad de los deltas analizados se hunden a tasas superiores a tres milímetros al año y, en sistemas como el Chao Phraya en Tailandia, el Brantas en Indonesia o el delta del río Amarillo en China, la media supera con claridad el ritmo actual del aumento global del nivel del mar.

La principal causa identificada no es un proceso natural. Es el bombeo de agua subterránea. Cuando se extrae demasiada agua de los acuíferos que sostienen estos sedimentos blandos, el esqueleto del terreno se colapsa poco a poco. Susanna Werth, coautora del trabajo, recuerda que estos procesos están “directamente relacionados con decisiones humanas”, lo que implica que las soluciones también dependen de cómo gestionamos ese recurso. A esto se suman la reducción del aporte de sedimentos por presas y diques río arriba y la expansión urbana en las llanuras deltaicas.

El mapa global muestra que los deltas asiáticos concentran buena parte del problema. El Ganges‑Brahmaputra, el Mekong o el delta del Yangtsé combinan grandes poblaciones, agricultura intensiva, industrias que dependen de las aguas subterráneas y megaciudades como Daca, Calcuta o Shanghái. Pero no es un fenómeno exclusivo de Asia. El Nilo en Egipto, el Po en Italia, el Mississippi en Estados Unidos o el Amazonas y el Paraná en Sudamérica también presentan amplias zonas en hundimiento.

Los autores hablan de una “doble carga” para estos territorios. Por un lado, el aumento del nivel del mar impulsado por el calentamiento global. Por otro, un hundimiento local del terreno que, en muchos deltas, domina el balance y acelera la subida relativa del mar vista desde la costa. En palabras de Ohenhen, “el hundimiento no es un problema de un futuro lejano, está ocurriendo ahora a escalas que superan el aumento del nivel del mar en muchos deltas”.

La buena noticia, si se puede llamar así, es que parte de ese riesgo es manejable a escala local. Frenar la extracción masiva de aguas subterráneas, fomentar la recarga de acuíferos, rediseñar presas y embalses para que dejen pasar más sedimentos hacia la costa y ordenar mejor el crecimiento urbano son medidas que pueden reducir la velocidad de hundimiento. No eliminan la subida global del mar, pero alivian un factor que, según este trabajo, pesa incluso más en muchas regiones.

En el fondo, este nuevo mapa global de subsidencia en deltas funciona como una señal de alarma y, al mismo tiempo, como una hoja de ruta. Señala dónde se hunde el terreno, a qué ritmo y por qué, y ofrece a gobiernos y comunidades una base científica para decidir dónde invertir primero si quieren que estos paisajes sigan siendo habitables en las próximas décadas.

El estudio completo, titulado “Global subsidence of river deltas”, ha sido publicado en la revista científica Nature.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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