El nuevo radar de EEUU para vigilar a China y Rusia en el Ártico

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Publicado el: 11 de febrero de 2026 a las 12:31
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Instalación del radar ártico de Estados Unidos para vigilar movimientos de China y Rusia.

El Pentágono quiere resolver una paradoja estratégica que, a medida que el Ártico se vuelve más accesible, se vuelve también más incómoda. El norte se abre a nuevas rutas marítimas y a una presencia más constante de actores militares y comerciales, pero buena parte de la vigilancia sigue condicionada por un enemigo tan intangible como persistente, el ruido radioeléctrico que genera una ionosfera agitada por el clima espacial. En ese contexto, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) ha puesto en marcha FROSTY, un programa para desarrollar modos de detección que funcionen donde los radares convencionales pierden eficacia.

La premisa es contraintuitiva. En lugar de “limpiar” la señal, FROSTY pretende aprovechar precisamente la iluminación distorsionada y aleatoria que produce la ionosfera en latitudes altas, incluida la zona del óvalo auroral. En la documentación del programa, DARPA plantea el uso de fuentes sometidas a modulaciones severas por una ionosfera perturbada para funciones de radar, asumiendo que la iluminación que atraviesa ese entorno será “similar al ruido” y que, aun así, puede explotarse con técnicas de correlación y procesamiento avanzado.

La agencia ha fijado metas operativas concretas. Entre ellas, detectar y seguir objetivos aéreos a distancias de al menos 75 kilómetros con probabilidades de detección superiores al 90%, un umbral relevante para vigilancia táctica y, sobre todo, para cerrar los vacíos que aparecen cuando los blancos vuelan bajo o quedan por debajo del horizonte de los sistemas tradicionales.

El programa mira a la infraestructura ya disponible en Alaska para ensayar parte del concepto. Una de las referencias recurrentes es HAARP, el High-frequency Active Auroral Research Program, una instalación de transmisores de alta frecuencia operada por la Universidad de Alaska Fairbanks y diseñada para estudiar la ionosfera. DARPA contempla combinar emisores potentes de este tipo con el ruido radioeléctrico ambiental para iluminar objetivos de manera indirecta y luego extraer información útil a partir de correlaciones que sobreviven a la distorsión.

La apuesta por el Ártico no se entiende sin el marco geopolítico. Washington lleva meses elevando el tono sobre Groenlandia y su valor estratégico, con un pulso diplomático que ha tensado la relación con Dinamarca y ha llevado a la OTAN a iniciar planificación militar para una misión centrada en la vigilancia en el norte. En paralelo, el debate sobre el control de accesos y rutas en el Alto Norte se cruza con el replanteamiento de la defensa antiaérea y antimisil en el flanco ártico.

La necesidad de “ver” mejor se apoya también en un diagnóstico compartido por Estados Unidos y Canadá. La Red de Alerta del Norte (North Warning System), una cadena de 49 radares que proporciona vigilancia aeroespacial a NORAD, fue concebida para un entorno y unas amenazas distintas, y su eficacia se resiente ante perfiles de vuelo más bajos y ante el desafío físico del horizonte. En paralelo, Ottawa ha puesto en marcha su propia modernización, con planes para un radar sobre el horizonte en el Ártico como parte de su sistema de vigilancia de aproximaciones septentrionales.

El núcleo del problema es conocido por científicos y operadores. La ionosfera varía por la interacción con el viento solar y las tormentas geomagnéticas, y esos cambios alteran la propagación de las ondas de radio. En episodios intensos, la aurora se vuelve el síntoma visible de una perturbación que también afecta a comunicaciones y sensores, un fenómeno que los centros de predicción y vigilancia del clima espacial monitorizan con alertas específicas.

La originalidad de FROSTY, y su potencial utilidad militar, reside en trasladar al dominio electromagnético un enfoque ya familiar en otras áreas, como la detección pasiva y la correlación de señales débiles en acústica oceánica o en radioastronomía. Dicho de otra manera, si el entorno convierte la señal en ruido, la clave pasa a ser si los algoritmos pueden encontrar patrones repetibles en ese ruido sin conocer de antemano el estado exacto de la ionosfera. DARPA lo formula como un desafío de procesamiento y modelización que, de resolverse, ampliaría la conciencia situacional en un teatro donde el margen de reacción es, por definición, corto.

Para Europa, la lectura es incómoda. El Ártico se ha integrado de facto en el espacio de seguridad euroatlántico, pero el peso de la vigilancia de gran alcance recae en sistemas y decisiones de Estados Unidos y Canadá, mientras la UE carece de capacidades propias comparables y depende de la coordinación con aliados y con los Estados nórdicos. En ese escenario, un salto tecnológico como el que persigue FROSTY no solo redefine la cobertura sobre el hielo y las rutas emergentes. También reordena la asimetría de información entre socios, porque en defensa la ventaja empieza por saber antes qué se mueve, dónde y con qué intención.

La promesa, sin embargo, viene con letra pequeña. DARPA describe objetivos y ensayos, pero la transición de un demostrador a una capacidad desplegable suele exigir años, integración con redes existentes y, sobre todo, pruebas continuas en un entorno que cambia con el clima espacial y con la meteorología polar. El éxito de FROSTY se medirá menos por la espectacularidad de la idea que por su rendimiento estable, cuando el Ártico vuelva a ser, de forma simultánea, ruta comercial y frontera militar.

El comunicado oficial ha sido publicado en FROSTY.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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