El pequeño dispositivo del hogar que tiramos a la basura y contiene oro de 22 quilates

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Publicado el: 3 de febrero de 2026 a las 09:44
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Esquema del proceso científico para extraer oro de placas base mediante una esponja de proteína de suero.

El método, desarrollado en la ETH de Zúrich, obtiene 450 miligramos de oro de 22 quilates a partir de 20 placas y apunta a un reciclaje menos tóxico

En muchos hogares hay un “dispositivo” que suele acabar en un cajón y, más tarde, en la basura electrónica sin demasiadas preguntas. No es una joya ni un accesorio. Es una parte de ordenadores y portátiles antiguos (y de otros equipos) llamada placa base, el soporte donde se conectan chips, pines y contactos que, para funcionar sin fallos, incorporan pequeñas capas de metales valiosos como el oro. Un equipo de la ETH Zurich ha demostrado que ese oro puede recuperarse con una esponja fabricada a partir de proteína de suero de leche, un subproducto habitual de la industria alimentaria.

Este desarrollo podría representar una solución creativa a la creciente acumulación de dispositivos sin uso en los hogares y convertirlos en una potencial fuente de riqueza. En este caso, por ejemplo, se trata de las placas base de computadoras antiguas.

Con la cantidad de avances, nuevos productos, invenciones, y la obsolescencia programada, el problema de qué hacer con los equipos electrónicos que ya no se usan más es una preocupación que no deja de crecer. Sin embargo, estos desechos son una fuente potencial de recursos valiosos.

Las computadoras, celulares, tablets y demás dispositivos electrónicos contienen cantidades significativas de oro, plata, cobre y otros metales, a menudo en concentraciones más altas que las que se encuentran en las minas tradicionales.

La investigación, publicada en Advanced Materials, describe un proceso en dos pasos que combina química convencional con un material “selector” capaz de atrapar sobre todo el metal precioso. Primero, los científicos convierten las proteínas del suero en nanofibrillas mediante calor y condiciones ácidas, y después las secan para obtener una esponja porosa. En paralelo, las partes metálicas extraídas de placas base se disuelven en un baño ácido para convertir los metales en iones. Al introducir la esponja en esa solución, los iones de oro se adhieren con mucha mayor eficiencia que otros metales. Luego, el material se calienta para reducir esos iones a escamas y, finalmente, fundirlas en una pepita.

En su prueba de laboratorio, el grupo recuperó una pepita de 22 quilates (un 91% de oro y el resto cobre) con un peso total de 450 miligramos a partir de 20 placas base de ordenador. La cifra ayuda a entender el matiz que a menudo se pierde en los titulares virales. Hay oro en la chatarra digital, sí, pero está repartido en cantidades diminutas y en capas finísimas, no en “trozos” visibles. Lo relevante aquí es el método de captura selectiva y su potencial para reducir el uso de reactivos especialmente problemáticos en algunos esquemas de recuperación.

La ETH también sostiene que la técnica es viable desde el punto de vista económico en su cálculo experimental. Según la universidad, los costes de materiales y energía del proceso serían cincuenta veces inferiores al valor del oro recuperado en esas condiciones. El profesor Raffaele Mezzenga, que lidera el grupo, lo resume con una frase que funciona como declaración de intenciones. “No se puede ser mucho más sostenible que eso”, afirma al subrayar que el método aprovecha, a la vez, residuos alimentarios y residuos electrónicos.

El interés de fondo va más allá de una pepita de laboratorio. La basura electrónica es uno de los flujos de residuos que más crece y, al mismo tiempo, uno de los que más valor concentra. El Global E-waste Monitor 2024, elaborado por ONU e ITU, estima que en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos y que solo alrededor del 22% se recogió y recicló de forma documentada. En ese mismo año, la ONU calcula el valor de los metales contenidos en esos residuos en 91.000 millones de dólares, con 15.000 millones atribuibles al oro.

La pregunta que queda abierta es la del salto de la prueba al mercado. El experimento requiere disolver previamente componentes en ácido, un paso que sigue exigiendo controles industriales estrictos. Aun así, la carrera por “minar” la ciudad está acelerando, y hay iniciativas que ya apuntan a escalas relevantes. La Royal Mint británica, por ejemplo, ha puesto en marcha una planta dedicada a recuperar metales de placas de circuito con capacidad para procesar miles de toneladas al año.

En términos prácticos, el hallazgo sugiere una pista para el consumidor. El “pequeño dispositivo” que conviene no tirar con la basura doméstica no es una pieza aislada con un lingote dentro, sino el conjunto de circuitos que habita en aparatos que se renuevan rápido. Ordenadores, móviles, tabletas y routers, cuando se aparcan en casa, son también un depósito de materiales cuya extracción primaria tiene huella ambiental. Que la química y los materiales encuentren atajos más limpios para recuperarlos es parte del giro que persigue la economía circular, incluidos los metales valiosos como el oro.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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