El petróleo de Venezuela que llegaría a EE. UU. acabaría refinándose en comunidades negras del Golfo y aviva las denuncias de racismo ambiental

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Publicado el: 15 de enero de 2026 a las 10:39
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Bombas de petróleo en un paisaje con cielo rojo, símbolo de la industria venezolana

La posible llegada masiva de crudo venezolano a Estados Unidos no se quedaría en un titular geopolítico. Para muchas familias de la costa del Golfo, en Texas y Luisiana, significa algo mucho más concreto: más humo, más emisiones y más enfermedades alrededor de refinerías que ya conviven con una carga sanitaria enorme.

Esa es la advertencia que lanzan activistas y residentes en zonas como Port Arthur (Texas) o Lake Charles (Luisiana), donde se concentra una de las mayores densidades de refinerías del planeta y donde, además, muchas de las comunidades cercanas son mayoritariamente negras. Y la pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿quién paga el precio cuando el petróleo cambia de manos?

John Beard, defensor comunitario y antiguo trabajador del sector, lo resume con crudeza: “Eso va a ser más contaminación y cáncer”.

Por qué el crudo venezolano “encaja” en estas refinerías (y por qué preocupa)

El crudo venezolano es pesado y rico en azufre. Y, según explica el reportaje, muchas refinerías de Texas y Luisiana fueron diseñadas precisamente para procesar ese tipo de petróleo.

Durante años, la caída del suministro venezolano obligó a estas instalaciones a buscar alternativas como arenas bituminosas de Canadá o mezclas de Oriente Medio, algo que, según el texto, elevó costes para las petroleras. Por eso, el posible regreso del crudo venezolano aparece como un incentivo económico para la industria.

De hecho, el artículo cita que este crudo pesado puede ser entre 5 y 15 dólares más barato por barril, un margen que resulta muy atractivo para los operadores.

El problema es que la rentabilidad no se reparte igual que la contaminación. Y en la costa del Golfo, eso se nota.

Salud pública en la costa del Golfo

Beard vive en Port Arthur, una ciudad marcada por la industria petrolera. Según datos federales citados en el reportaje, casi la mitad de las personas en su barrio declaran tener una salud “mala”. Y hay un dato especialmente duro: el riesgo de desarrollar cáncer por contaminación del aire allí es “prácticamente el más alto del país”, con una ratio de 1 caso por cada 53 residentes.

A esto se suma una cifra más amplia y difícil de digerir. Un estudio de varios años sobre salud en comunidades cercanas a instalaciones de petróleo y gas, citado en el texto, estima que en Estados Unidos mueren prematuramente 91.000 personas al año por eventos de contaminación vinculados a esta industria.

Ese mismo trabajo relaciona estos impactos con 10.350 partos prematuros, 216.000 casos de asma infantil y 1.610 casos de cáncer cada año. Y concluye que las personas negras y asiáticas tienen más probabilidades de sufrir estos efectos, con Texas y Luisiana entre las zonas más golpeadas.

“No habrá gasolina más barata”, pero sí más presión sobre las comunidades

En el plano político, el reportaje explica que Donald Trump ha dicho que Estados Unidos “tomará el control” de las reservas de petróleo de Venezuela, guardando parte para EE. UU. y vendiendo millones de barriles a otros países.

Ed Hirs, investigador en energía en la Universidad de Houston, enmarca este movimiento en una tradición histórica y avisa del resultado: “En esos casos, Estados Unidos ha recibido cero beneficio del petróleo. Me temo que la historia se repetirá en Venezuela”.

También pone el foco en el bolsillo del ciudadano: según Hirs, controlar reservas no implica gasolina más barata, sino mayores beneficios para las compañías.

La congresista Jasmine Crockett (Texas) criticó la operación y lo expresó así: “La gente no puede permitirse la compra y millones están perdiendo la cobertura sanitaria, pero esto es en lo que está centrado”.

Empleo y promesas

La administración Trump ha sugerido que compañías y trabajadores estadounidenses podrían ir a Venezuela para reconstruir infraestructuras petroleras. Pero Beard desconfía. “Aquí no lo hacen; tenemos accidentes cada semana. ¿Qué dice eso de lo que piensan sobre nosotros?”, afirma.

Además, el reportaje cita a Francisco Monaldi (Rice University), que calcula que, incluso en el mejor escenario, haría falta “una década y unos cien mil millones de dólares de inversión”.

En paralelo, tres empresas (Valero Energy, Chevron y PBF Energy) procesan el 80 % del crudo venezolano importado en EE. UU., según el texto, lo que sugiere quién estaría mejor posicionado para ganar con el cambio.

Al final, para comunidades como Mossville, en Lake Charles, la historia se repite. Debra Ramirez, vecina de la zona, lo dice sin rodeos: “Destruyeron nuestro hogar, y no pueden devolverlo jamás”.

El reportaje original ha sido publicado en Inside Climate News (procedente de Capital B) y puede consultarse aquí. El estudio científico citado sobre muertes prematuras e impactos sanitarios ha sido publicado en Science Advances.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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