El secreto del Mundial de F1 es pura ciencia y Red Bull sabe que la clave está en el combustible: la mezcla perfecta

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Publicado el: 15 de marzo de 2026 a las 08:01
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Red Bull RB22 de Fórmula 1 durante su presentación, el monoplaza desarrollado para la nueva era de motores híbridos y combustibles sostenibles.

En 2026, la Fórmula 1 entra en una nueva era con motores híbridos al 50 % entre combustión y electricidad y combustibles avanzados 100 % sostenibles, parte del plan del campeonato para ser neutro en carbono en 2030.
La escudería Oracle Red Bull Racing quiere llegar a ese punto con ventaja y ha convertido el combustible del RB22 en una de sus armas principales, desarrollándolo a la vez que la nueva unidad de potencia Red Bull Ford Powertrains junto a ExxonMobil y Ford.

¿Qué significa esto en la práctica para quien solo ve carreras los domingos o llena el depósito de su coche entre semana?

Un combustible hecho a medida para el RB22

A diferencia de etapas anteriores, en el RB22 motor y combustible han nacido prácticamente al mismo tiempo. Red Bull Powertrains y ExxonMobil han trabajado con un objetivo claro, que cada gota de combustible libere la máxima energía posible dentro de los márgenes del nuevo reglamento técnico.

Según la información publicada, la mezcla busca una alta eficiencia térmica, algo que en sencillo significa sacar más potencia con menos energía desperdiciada en forma de calor. Para lograrlo, se persigue una combustión muy rápida, clave en la nueva generación de motores híbridos donde el motor de gasolina aporta solo la mitad de la potencia y comparte protagonismo con el sistema eléctrico de recuperación de energía.

A su lado trabajan lubricantes específicos que reducen la fricción interna incluso cuando el motor funciona a temperaturas extremas. Menos rozamiento implica menos pérdidas, menos consumo y también menos estrés mecánico, algo importante si el reglamento limita el número de motores por temporada.

Combustible sostenible según la FIA

Todo esto se tiene que hacer, además, con una condición nueva. Desde 2026, la FIA exige que el combustible de la F1 esté compuesto al 100 % por componentes sostenibles, lo que llaman combustibles avanzados. No pueden proceder del petróleo, sino de fuentes como residuos municipales, biomasa no alimentaria o CO2 capturado, y el proceso debe alimentarse con energía renovable y pasar una certificación independiente de sostenibilidad.

Además, estos combustibles están pensados como productos de tipo drop in, es decir, formulados para poder usarse en motores de combustión ya existentes sin cambios profundos, con la vista puesta en el más de un millar de millones de coches y furgonetas que siguen circulando con gasolina o diésel en el mundo.

En este contexto, el combustible desarrollado para el RB22 ya ha superado el proceso de homologación, mucho más exigente que en el pasado, que revisa no solo la mezcla final sino toda la cadena de producción para comprobar su huella real de CO2.

De la pista a la gasolinera

La propia ExxonMobil explica que su colaboración con Red Bull va más allá del patrocinio y que ambas partes hablan prácticamente todos los días para ajustar el combustible a las necesidades del nuevo motor híbrido.
Para la compañía, la F1 funciona como laboratorio y escaparate a la vez, un sitio donde probar formulaciones de combustibles y lubricantes que luego se pueden traducir en productos comerciales de menor emisión para turismos, flotas de camiones o incluso aviación.

La idea es sencilla de entender. Si un combustible sintético capaz de alimentar un motor de 1,6 litros turbo híbrido que gira a más de diez mil revoluciones resiste una carrera entera, es más fácil convencer a fabricantes y reguladores de que versiones similares pueden servir para reducir emisiones en coches normales mientras se despliega el vehículo eléctrico.

¿Significa esto que la F1 ya es verde? No del todo. El campeonato sigue generando emisiones asociadas a viajes, logística o construcción de los propios coches. Pero la introducción de combustibles avanzados abre una vía interesante para sectores que tendrán difícil electrificarse a corto plazo, desde el transporte pesado hasta parte del parque móvil existente. Los expertos insisten en mirar con lupa el origen real de las materias primas y que no compitan con la producción de alimentos ni destruyan ecosistemas, algo que el propio reglamento de la F1 ya recoge de forma explícita.

En resumen, el RB22 convierte el depósito de un F1 en un pequeño laboratorio de transición ecológica. Lo que hoy sirve para arañar décimas a Max Verstappen puede acabar influyendo en la próxima generación de combustibles que llegue a las gasolineras, siempre que la industria sea capaz de escalar estas tecnologías sin caer en el greenwashing.

La nota de prensa oficial sobre la nueva era de la F1 en 2026 y el uso de combustibles avanzados sostenibles ha sido publicada en la web de la FIA.

Foto: redbull.com


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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