El ser vivo más grande de la Tierra antes de los árboles… y no era una planta ni un hongo

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Publicado el: 31 de enero de 2026 a las 15:28
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Reconstrucción de Prototaxites, el ser vivo gigante que dominó la Tierra antes de la aparición de los árboles.

Durante más de siglo y medio, unos extraños troncos fósiles de hasta ocho metros de altura dejaron perplejos a la ciencia. ¿Eran árboles primitivos, algas gigantes, hongos colosales? Ahora, un nuevo estudio acaba de zanjar el debate con una respuesta aún más sorprendente. Prototaxites, el primer organismo gigante que vivió en tierra firme hace entre 420 y 370 millones de años, no era ni planta ni hongo, sino una rama completamente extinta de la vida.

Para hacerse una idea, hablamos de columnas que podían alcanzar el tamaño de un edificio de casi tres pisos en paisajes donde la vida terrestre apenas empezaba a asomarse. Eran estructuras cilíndricas, parecidas a troncos sin ramas ni hojas, que dominaban el aspecto de la Tierra mucho antes de que existieran bosques como los que conocemos hoy. Durante buena parte de ese intervalo geológico fueron, con diferencia, los organismos terrestres más grandes del planeta.

La historia de este enigma arranca en el siglo XIX. Los primeros fósiles de Prototaxites se describieron en 1859 y se interpretaron como coníferas gigantes en mal estado. Más tarde se propuso que podían ser algas, y en las últimas décadas la idea más repetida era que se trataba de un hongo enorme, una especie de “seta árbol”. El problema es que ninguna de estas hipótesis encajaba del todo con lo que se veía al microscopio.

El nuevo trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Edimburgo y los Museos Nacionales de Escocia, se centra en fósiles excepcionalmente bien conservados de la especie Prototaxites taiti del famoso sílex de Rhynie, en el noreste de Escocia. Ese yacimiento conserva con un detalle extraordinario los primeros ecosistemas terrestres, con plantas, hongos, microbios y artrópodos fosilizados casi en tres dimensiones.

El equipo localizó un ejemplar de Prototaxites tan bien preservado que pudieron cortar láminas finísimas y reconstruir su interior en 3D. Lo que encontraron no se parece a nada conocido. El cuerpo está formado por una maraña de tubos de distintos tamaños, organizados en redes muy densas y con zonas nodulares donde la ramificación es tan compleja que los autores la comparan con sistemas de intercambio de gases y nutrientes. Todo indica que se trata de un único organismo con tejidos diferenciados, no de una asociación de varias especies como ocurre en los líquenes.

Después vino la parte química. Los investigadores analizaron la “huella molecular” de Prototaxites mediante espectros infrarrojos y la compararon con la de hongos, plantas, bacterias, artrópodos y otros fósiles del mismo yacimiento. Para afinar, utilizaron modelos de aprendizaje automático que clasifican los espectros según el grupo biológico al que pertenecen. El resultado fue claro Prototaxites no encaja con los hongos ni con ningún otro organismo quitinoso, porque carece de los productos de fosilización típicos de paredes celulares basadas en quitina. Tampoco muestra el biomarcador perileno, habitual en ciertos hongos del sílex de Rhynie.

Otros trabajos previos ya habían sugerido que su “esqueleto” estaba hecho de una biomolécula polifenólica extinta, parecida a la lignina que da rigidez a la madera, algo que vuelve a encajar mejor con la idea de un linaje propio. Sumando toda la información, los autores concluyen que Prototaxites pertenece a un grupo eucariota complejo completamente desaparecido. En palabras del investigador Sandy Hetherington, se trata de “vida, pero no como la conocemos ahora, con características anatómicas y químicas distintas de las de hongos o plantas, que apuntan a una rama evolutiva totalmente extinguida”.

¿Y qué pinta todo esto en una web de medio ambiente? Mucho más de lo que parece. Prototaxites fue una pieza clave en los primeros ecosistemas terrestres, en una época en la que plantas, animales y hongos comenzaban a colonizar los continentes. Hay evidencia de que algunos artrópodos se alimentaban de estos gigantes, de modo que formaban parte de las primeras cadenas tróficas en tierra firme. Perder una rama entera del árbol de la vida recuerda que la biodiversidad no solo se erosiona especie a especie, también pueden desaparecer linajes completos cuando las condiciones cambian.

En el fondo, este hallazgo nos dice que todavía conocemos solo una parte de la historia de la vida de nuestro planeta. Incluso en rocas estudiadas durante décadas aparecen formas de organización que no tienen equivalente hoy. Entender cómo funcionaban aquellos ecosistemas primitivos ayuda a poner en contexto la rapidez y la magnitud de los cambios actuales sobre la biosfera. Y recuerda algo muy sencillo la vida es creativa, pero también vulnerable.

El estudio completo se ha publicado en el artículo científico en inglés titulado Prototaxites fossils are structurally and chemically distinct from extinct and extant Fungi, en la revista Science Advances,


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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