En 1963, en una gravera de Villena (Alicante), apareció un conjunto de piezas que parecía sacado de otro tiempo… y, en parte, lo era. El llamado Tesoro de Villena, uno de los grandes hallazgos de la orfebrería prehistórica europea, guardaba un detalle que no terminaba de encajar desde hace décadas. ¿Cómo es posible que, en plena Edad del Bronce, haya objetos de hierro trabajados en la península?
La clave está en dos piezas “raras” dentro del conjunto, un brazalete con aspecto oxidado y una semiesfera hueca decorada con oro. El resto del tesoro se fecha, de forma general, entre los siglos XV y XIII a. C., un periodo en el que el hierro terrestre todavía no se producía de manera extendida en este territorio. Esa discrepancia era el típico “esto no cuadra” que hace que la historia siga abierta.
Lo que cambia ahora el relato es el origen del metal. Un trabajo liderado por Salvador Rovira-Llorens, junto a Martina Renzi e Ignacio Montero-Ruiz, plantea que esas dos piezas no se hicieron con hierro extraído de la Tierra, sino con hierro meteórico, es decir, material procedente de meteoritos. En la práctica, esto significa que alguien trabajó un metal rarísimo, “caído del cielo”, mucho antes de que el hierro fuese cotidiano. No es poca cosa.
Para comprobarlo, el equipo analizó pequeñas muestras con técnicas de laboratorio, entre ellas espectrometría de masas. Aunque la corrosión complicaba el diagnóstico, los resultados apuntaron a un rasgo típico del hierro de meteorito, un contenido alto de níquel respecto al hierro común. Es justo ese “rastro” químico el que permite diferenciar un hierro meteórico de uno terrestre.
¿Y por qué importa hoy, más allá de la curiosidad? Porque obliga a matizar lo que creíamos saber sobre tecnología y redes de intercambio en el Bronce tardío. Si estas piezas se integran en el conjunto y encajan cronológicamente (entre 1400 y 1200 a. C., según las estimaciones citadas en la cobertura), la metalurgia de la época no era solo oro brillante y plata, también incluía materiales excepcionales, probablemente cargados de valor simbólico. En el fondo, es una pista sobre cómo las sociedades antiguas convertían lo escaso en poder, prestigio o ritual.
Y hay un guiño muy actual en todo esto. Hoy hablamos de recursos, de minería, de impactos y de cuánto cuesta sacar materiales del subsuelo. Hace 3.000 años, el “recurso” llegó sin excavadoras, pero seguía siendo tan raro que merecía un lugar en un tesoro. Cambian las herramientas, pero la idea de valor, y de límites, sigue ahí.
El estudio ha sido publicado en la revista Trabajos de Prehistoria del CSIC.








