Energía

Encuentran a solo 200 metros bajo el suelo de seis pueblos de Tarragona una fuente de energía inagotable capaz de dar calefacción y refrigeración a barrios enteros sin coste de combustible y sin emitir CO₂

Tarragona descubre bajo seis municipios una fuente de energía limpia capaz de climatizar barrios sin combustible ni CO₂.

Encuentran a solo 200 metros bajo el suelo de seis pueblos de Tarragona una fuente de energía inagotable capaz de dar calefacción y refrigeración a barrios enteros sin coste de combustible y sin emitir CO₂

Bajo varios municipios de Tarragona hay una fuente de energía que no hace ruido, no ocupa un campo de placas y no espera a que sople el viento. Es calor almacenado en el subsuelo, una energía renovable que podría servir para dar calefacción, refrigeración y agua caliente a edificios públicos, viviendas y barrios completos.

La conclusión importante es sencilla. Los sondeos y anteproyectos impulsados en Ascó, Flix, Montbrió del Camp, Mont-roig del Camp, El Perelló y Ulldemolins apuntan a que la geotermia superficial puede ser una pieza útil para la transición energética local. Pero conviene no vender humo. No hablamos de una central funcionando ya, sino de una oportunidad técnica que ahora debe superar el gran obstáculo de siempre, la financiación.

Qué se ha encontrado

El trabajo se centra en la geotermia superficial, una tecnología que aprovecha el calor de los primeros metros del terreno. En este caso, las prospecciones se han movido en el entorno de los 100 a 200 metros, una profundidad suficiente para estudiar cómo responde el subsuelo y si puede alimentar redes de climatización.

El ICGC ya había previsto seis sondeos geotérmicos de 100 metros y seis ensayos de respuesta térmica del terreno en municipios de Tarragona. Esos datos sirven para conocer los parámetros térmicos del suelo y redactar anteproyectos de redes de calor y frío de quinta generación, combinadas con energía fotovoltaica.

No es poca cosa. La diferencia con otras renovables es que el calor del subsuelo está disponible de forma constante, también de noche, en invierno o en esos días de verano en los que el aire parece no moverse.

Cómo funciona bajo tierra

La idea es más fácil de entender de lo que parece. Se perfora el terreno, se instalan tubos o sondas geotérmicas y por ahí circula un fluido que intercambia calor con el suelo. Después, una bomba de calor aprovecha esa energía para calentar, enfriar o producir agua caliente sanitaria.

En la práctica, no se trata de sacar lava ni vapor a presión. Es una red tranquila, pensada para edificios y barrios. La documentación técnica habla de redes urbanas de muy baja temperatura o de quinta generación, con producción descentralizada y apoyo fotovoltaico.

¿Qué significa esto para un vecino? Que un bloque, una escuela o un equipamiento municipal podría reducir parte de su dependencia de gas, gasóleo o electricidad convencional para climatizarse. Y eso, en la factura, se nota cuando el sistema está bien diseñado.

Por qué Tarragona mira al subsuelo

La elección de estos pueblos no cae del cielo. Están en el área vinculada a los Fondos de Transición Nuclear, un instrumento creado para acompañar a los municipios afectados por la desnuclearización y para impulsar proyectos de transición energética y desarrollo socioeconómico.

El fondo se dirige a localidades situadas en el entorno de las centrales de Ascó y Vandellòs. En el fondo, lo que busca es que el cierre progresivo de una economía muy ligada a la nuclear no deje a estos territorios sin alternativas.

Aquí entra la geotermia. No sustituye por sí sola a una central nuclear, ni pretende hacerlo. Pero puede reducir gasto energético municipal, crear proyectos de obra e ingeniería y abrir una vía renovable más estable que complemente a la solar y la eólica.

Los seis proyectos

En Ulldemolins, la propuesta avanzada contempla alrededor de 90 pozos para conectar 135 edificios y 285 recintos. Con esa escala, el sistema podría cubrir cerca de un tercio del municipio. Para un pueblo pequeño, eso ya cambia el mapa energético local.

Ascó también aparece como uno de los casos más claros. Allí se plantea un diseño con 84 pozos de unos 120 metros para abastecer a una tercera parte del municipio. El dato es simbólico, porque Ascó vive de lleno el debate sobre la transición nuclear.

Montbrió del Camp tiene un contexto especial por sus aguas termales y por la zona geológica en la que se encuentra. La propuesta recogida habla de 152 pozos para alimentar 99 bloques y 217 recintos climatizados, con una inversión estimada de 2,8 millones de euros. Mont-roig del Camp, por su parte, ya realizó una perforación de 110 metros en Miami Platja para estudiar el subsuelo junto al Centro Polivalente y las oficinas municipales.

El muro del dinero

El gran problema no está bajo tierra. Está en el presupuesto. Las redes de calor geotérmicas tienen una ventaja clara a largo plazo, pero exigen una inversión inicial elevada, justo el tipo de coste que un ayuntamiento pequeño no puede asumir alegremente.

Por eso los consistorios miran a subvenciones y programas de transición energética. En Ulldemolins, su alcalde, Sergi Méndez, resumió el punto clave al afirmar que “la intervención es viable”. En Flix, Francesc Barbero señaló que la geotermia puede dar resiliencia en una zona con temperaturas muy cambiantes.

Este matiz importa. La geotermia no es una solución mágica. Necesita obra, permisos, ingeniería, mantenimiento y un modelo de gestión que reparta bien costes y beneficios. Sin eso, el calor seguirá ahí abajo, pero no llegará a los radiadores.

Qué gana el vecino

Para los vecinos, el atractivo no está en la palabra geotermia, sino en algo más cotidiano. Menos dependencia de combustibles fósiles, una climatización más estable y una herramienta contra el calor pegajoso del verano, cada vez más familiar en muchas zonas del Mediterráneo.

El ICGC describe esta energía como renovable, no contaminante y almacenada en los primeros centenares de metros del subsuelo. También señala que puede usarse en viviendas, oficinas, edificios públicos, instalaciones industriales, centros deportivos, piscinas e invernaderos.

Además, no compite visualmente como lo hacen otras infraestructuras. Buena parte del sistema queda enterrado. Lo que ve el vecino es otra cosa, obras durante un tiempo y después una red que puede dar calor, frío y agua caliente con menos emisiones de CO2.

Lo que falta por decidir

Ahora llega la parte menos vistosa, pero más importante. Los anteproyectos deben aterrizar números, trazados, demandas energéticas, costes, ahorros y reducción de emisiones. La propia documentación técnica del ICGC prevé estudios de viabilidad económica, beneficios ambientales, ahorro de energía final y búsqueda de subvenciones.

El siguiente paso será decidir qué municipios pueden convertir el papel en obra real. No todos avanzarán al mismo ritmo. Algunos tienen propuestas más maduras, otros están todavía pendientes de cerrar financiación o de evaluar el alcance exacto.

La fotografía final es clara. Tarragona no ha encontrado una mina de electricidad, sino algo quizá más práctico para el día a día, calor limpio bajo los pies para climatizar barrios.

La documentación técnica de los sondeos y anteproyectos del ICGC ha sido publicada en la Plataforma de Servicios de Contratación Pública de la Generalitat de Catalunya.

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