Viajar por carretera entre Madrid y Lisboa será más corto a partir de 2028. Si el calendario se cumple, un nuevo puente internacional sobre el río Sever conectará de forma directa Cedillo, en Cáceres, con Montalvão, en el municipio portugués de Nisa. El trazado previsto permite recortar hasta unos 100 kilómetros de rodeos actuales en coche entre ambas capitales.
La obra se levanta en un lugar muy sensible. Toda la zona está dentro del Parque Natural Tajo Internacional y de la reserva de la biosfera Tajo Tejo Internacional, un espacio compartido entre España y Portugal con más de 400.000 hectáreas protegidas, dehesas de encinas y alcornoques, ocho especies de peces endémicos y aves tan delicadas como la cigüeña negra o el águila imperial ibérica.
Con esta actuación, España y Portugal refuerzan su red de infraestructuras transfronterizas en un enclave de alto valor ambiental como el Parque Natural Tajo Internacional. El nuevo viaducto no solo mejorará la movilidad entre Extremadura y el Alto Alentejo, sino que redefinirá la conexión por carretera entre las dos capitales ibéricas mientras se avanza en paralelo hacia la futura alta velocidad ferroviaria, que aspira a unir ambas capitales en torno a dos horas hacia 2034.
Menos kilómetros, menos CO2 por viaje
Hasta ahora, para ir de Cedillo a Montalvão, dos pueblos que casi se miran de frente, el trayecto más corto ronda los 85 a 100 kilómetros por carreteras secundarias. Con la nueva conexión, el viaje se quedará en torno a 10 kilómetros gracias a la reurbanización de la carretera municipal portuguesa EM1139 y al viaducto sobre el Sever.
¿Qué significa esto en la práctica? Pensemos en un turismo de gasolina que consuma unos 6 litros cada 100 kilómetros. Estudios de referencia calculan que un coche así emite cerca de 143 gramos de CO2 por kilómetro recorrido. Si se evita un rodeo de 100 kilómetros, solo ese viaje puede ahorrarse en torno a 14 kilos de CO2. No es una revolución climática, pero para quienes hacen la ruta con frecuencia, se nota.
Además del enlace entre capitales, el puente cambia el día a día de la gente de la zona. Menos tiempo en carretera, menos gasto en combustible y menos dependencia de pasos restringidos sobre la presa de Cedillo, que hasta ahora podían cerrar por motivos de seguridad o de explotación hidroeléctrica.
Un viaducto pensado para un parque natural
El diseño aprobado busca encajar la infraestructura en un valle fluvial muy estrecho. El proyecto contempla un puente de unos 160 metros de longitud y 11,5 metros de ancho, con dos carriles para vehículos, arcenes y aceras que permitirán cruzar a pie o en bicicleta.
La estructura se apoya en dos arcos gemelos de hormigón anclados en las laderas, sin pilares en el cauce. Esta solución reduce las interferencias directas en el río Sever y responde a las exigencias de la evaluación de impacto ambiental para minimizar el efecto sobre peces, nutrias y la vegetación de ribera.
Otra pieza interesante del proyecto es la iluminación. El documento técnico prevé farolas alimentadas con energía fotovoltaica, un sistema autónomo que evita tender nuevas líneas eléctricas en una zona remota y recorta el consumo energético asociado al uso del puente por la noche.
Encinas, alcornoques y una compensación polémica
El lado menos amable está en el monte mediterráneo. Para abrir accesos y plataforma se ha autorizado el corte de 127 alcornoques y 525 encinas en algo más de 2,6 hectáreas de dehesa, especies protegidas en Portugal por su valor ecológico y económico.
El mismo despacho oficial obliga a compensar esta tala con la plantación de encinas y alcornoques en 3,275 hectáreas de terreno, bajo un plan de gestión de 20 años y con seguimiento del Instituto de Conservación de la Naturaleza y de los Bosques. Sobre el papel, se reforesta algo más de lo que se elimina, aunque pasarán décadas hasta que esos árboles nuevos ofrezcan la misma sombra y biodiversidad que los ejemplares maduros que se pierden.
La Agencia Portuguesa de Medio Ambiente ha emitido una Declaración de Impacto Ambiental favorable pero condicionada. Exige medidas específicas para proteger la Red Natura 2000, en particular la Zona Especial de Conservación de São Mamede. Entre ellas se incluye limitar las obras en época de cría de algunas aves rupícolas, controlar la erosión de taludes y vigilar la calidad del agua durante la construcción.
No todas las voces están satisfechas. La organización ecologista Quercus sitúa este proyecto entre los peores hechos ambientales de 2025, por ejecutarse en plena Red Natura 2000, por el número de árboles afectados y por considerar que no se han estudiado a fondo alternativas con menor impacto.
¿Conectividad sostenible o simple carretera nueva?
En el fondo, la discusión es sencilla de plantear y compleja de responder. Cada coche que evita 80 o 100 kilómetros de rodeo emite menos CO2 y consume menos combustible. Pero abrir una nueva vía en un parque natural implica obras, tráfico adicional y más presión sobre fauna y paisaje.
El resultado final dependerá de cómo se gestione el proyecto. Si el puente sirve sobre todo para mejorar la vida de las comunidades locales, apoyar un turismo de naturaleza bien regulado y complementar alternativas como el tren entre Madrid y Lisboa, la balanza ambiental puede inclinarse hacia el lado positivo. Si acaba incentivando un aumento fuerte de tráfico motorizado en un espacio frágil, el ahorro de CO2 por kilómetro puede quedarse corto frente a los impactos sobre hábitats y especies.
Por ahora, las obras avanzan con el horizonte de puesta en servicio en 2028, mientras ecologistas y administraciones discuten cómo hacer compatible esta pieza de infraestructura con uno de los rincones más valiosos del oeste ibérico.
El despacho oficial que declara la utilidad pública del proyecto, detalla la tala autorizada y fija las condiciones ambientales puede consultarse en el Diário da República portugués.












