Un estudio reproduce en cámara marciana descargas electrostáticas capaces de generar (per)cloratos y de alterar la “firma” isotópica del cloro, el carbono y el oxígeno
La atmósfera de Marte no es solo una cáscara tenue de dióxido de carbono que envuelve un planeta frío. También funciona como un reactor químico en marcha, alimentado por un ingrediente inesperado, la electricidad que se acumula cuando el polvo choca y se frota en plena tormenta. Esa energía, liberada en forma de pequeñas descargas, puede impulsar reacciones que terminan formando (per)cloratos, compuestos muy oxidantes y potencialmente peligrosos para una futura presencia humana.
La conclusión se apoya en un trabajo encabezado por Alian Wang y Neil C. Sturchio, que ha recreado en laboratorio la interacción entre atmósfera y superficie marcianas bajo condiciones controladas. Los autores sometieron mezclas de gases y materiales análogos al suelo marciano a descargas electrostáticas de intensidad media y, después, midieron cómo cambiaban las proporciones de isótopos en productos generados durante el experimento. El resultado es una pista con valor de “huella dactilar” para explicar por qué Marte muestra desequilibrios isotópicos en elementos clave y, a la vez, cómo podría seguir fabricando oxidantes hoy.
Los isótopos en el foco
El estudio pone el acento en el cloro, el oxígeno y el carbono porque sus proporciones isotópicas ayudan a reconstruir procesos químicos que no se ven a simple vista. En particular, los autores describen efectos isotópicos compatibles con reacciones rápidas inducidas por descargas, un mecanismo que encaja con el papel de las tormentas de polvo y los remolinos marcianos como generadores de carga en una atmósfera de baja presión.
Ese enfoque conecta con un viejo problema de la geoquímica marciana, el origen y la persistencia de los (per)cloratos detectados por misiones en superficie. La sonda Phoenix , por ejemplo, identificó perclorato en el suelo marciano en 2008 y desde entonces la presencia de estas sales se ha convertido en una pieza central para entender la química del regolito.
El interés de estos compuestos va más allá de la curiosidad académica. Los (per)cloratos son oxidantes y, en la Tierra, la exposición a perclorato puede interferir con la captación de yodo por la tiroides, un mecanismo bien descrito por organismos de salud pública. En Marte, su presencia complica dos debates a la vez.
El primero es la habitabilidad. Un suelo rico en oxidantes puede degradar moléculas orgánicas y dificultar la preservación de señales químicas asociadas a procesos biológicos. El segundo es operativo. Si algún día se pretende vivir allí durante meses, el polvo ya es un problema mecánico, se cuela en juntas, desgasta equipos, reduce rendimiento de paneles y ensucia trajes. Si además ese polvo incorpora oxidantes, la exigencia de manejo, lavado y procesado del regolito se vuelve todavía más estricta.
Los autores no presentan a los (per)cloratos como una sentencia final para la exploración, sino como una variable que no se puede tratar como reliquia del pasado. Si el mecanismo propuesto es relevante a escala planetaria, el planeta no solo heredó química peligrosa, también la renueva.
Qué queda por saber
El trabajo ofrece un puente entre laboratorio y observaciones, pero deja abiertas preguntas que importan en clave de exploración. Cuánta producción neta se genera por temporada de polvo, cómo varía con latitud y altitud, y hasta qué punto la mezcla local de sales y minerales favorece unas rutas químicas u otras. También falta determinar la contribución relativa frente a otros procesos propuestos en la literatura para formar oxiclorinas en Marte.
En todo caso, el valor del estudio no reside únicamente en señalar un riesgo, sino en proporcionar una herramienta. Si los isótopos actúan como firma de proceso, futuras misiones podrían usarlos para separar qué parte de la química marciana viene de interacciones antiguas con agua y qué parte se fabrica, literalmente, con chispas en el polvo.
El estudio ha sido publicado en Earth.








