Estudiando el cerebro humano, descubren el interruptor que activa su “sistema de navegación”

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Por HoyECO
Publicado el: 5 de febrero de 2026 a las 08:01
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Imagen del hipocampo humano con áreas activadas durante la navegación espacial y la percepción de entornos nuevos y conocidos.

¿Quién no se ha sentido perdido al salir del metro en una ciudad desconocida? Ese instante en que dudamos y buscamos una referencia es justo lo que ha querido descifrar un equipo internacional de neurocientíficos. Su nuevo trabajo localiza en el hipocampo humano un “interruptor” de navegación que gradúa la sensación de novedad o familiaridad de cada sitio.

Según este estudio, publicado en la revista Nature Communications, la orientación no funciona como un piloto automático que se enciende y se apaga, sino como un sistema que se regula de manera continua. Cuando nos movemos por un entorno conocido, el cerebro se apoya en mapas ya guardados. Si el lugar es nuevo, cambia de estrategia, aumenta la vigilancia, presta más atención a lo que vemos y empieza a construir un mapa desde cero.

Un experimento para perderse sin peligro

Para observar este proceso por dentro, los investigadores diseñaron un entorno de realidad virtual y reclutaron a 56 personas adultas de entre 20 y 37 años, sin problemas neurológicos. Mientras caminaban con un mando por un paisaje digital abierto, debían localizar y recordar la posición de distintos objetos.

Durante todo el recorrido se registró su actividad cerebral con un escáner de resonancia magnética funcional de muy alto campo, una tecnología que permite ver qué zonas del cerebro trabajan más en cada momento. Al mismo tiempo, el programa anotaba por dónde se movía cada participante y cuántas veces pasaba por cada zona del escenario, para calcular hasta qué punto cada punto del mapa virtual era “nuevo” o “familiar” para esa persona.

El gradiente que organiza nuestro sistema de navegación

El corazón de los resultados está en el hipocampo, una estructura clave para la memoria y la orientación. El equipo no encontró un botón simple de “conocido” o “desconocido”. Lo que apareció fue un gradiente, una transición suave a lo largo del hipocampo. La parte más anterior se activaba sobre todo cuando las personas recorrían zonas muy conocidas del entorno. En cambio, las regiones posteriores respondían con más fuerza cuando los voluntarios entraban en áreas nuevas.

En la práctica, esto significa que el mismo órgano ajusta de manera fina cómo percibimos cada espacio, moviéndose en una escala que va de la novedad a la familiaridad. No es blanco o negro. Es más bien un dial interno que se desplaza según la experiencia que ya tenemos con ese lugar.

Los investigadores observaron un patrón parecido en la corteza cerebral, en especial en la llamada corteza medial posterior. Zonas más centrales de esta región preferían los espacios familiares, mientras que partes más externas respondían con fuerza a la novedad. Además, áreas relacionadas con la visión y el control de la atención se activaban cuando el entorno era nuevo, mientras que las redes del llamado “modo por defecto” del cerebro tomaban el relevo cuando el escenario resultaba conocido.

Por qué esto importa para el Alzheimer

Más allá de la curiosidad científica, el trabajo tiene un trasfondo muy práctico. Las regiones implicadas en este sistema de navegación se encuentran entre las primeras en dañarse en la enfermedad de Alzheimer y en otros tipos de deterioro cognitivo, especialmente en el hipocampo y las áreas cercanas de la corteza entorrinal y medial posterior.

Diferentes estudios señalan que la desorientación espacial y la dificultad para orientarse en lugares habituales pueden ser uno de los primeros avisos de esta patología, incluso antes de los fallos de memoria más evidentes. Muchas personas empiezan notando que se pierden en barrios que conocían bien o que ya no se sienten seguras al moverse solas por su propia ciudad.

Comprender cómo un cerebro sano cambia de modo entre “estoy en casa” y “estoy perdido” puede ayudar a diseñar pruebas más sensibles basadas en tareas de orientación y recorridos en realidad virtual. Los trabajos con pacientes muestran que las dificultades de navegación en estos entornos virtuales se relacionan con la desorientación en la vida real y se proponen como posibles marcadores tempranos del Alzheimer. Este tipo de herramientas podría servir para detectar a personas que empiezan a tener problemas de navegación espacial y ofrecerles apoyo antes de que el deterioro avance, ayudando a mantener durante más tiempo su autonomía en la vida diaria.

De momento, se trata de investigación básica y no de una prueba diagnóstica lista para usarse en consulta. Pero dibuja un mapa más preciso de cómo el hipocampo y la corteza colaboran para guiarnos, día tras día, desde el portal de casa hasta el supermercado o la parada del autobús. Y eso, en un mundo que envejece, no es poca cosa.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Nature Communications.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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