Este motor está prohibido en España, pero tiene 8000 km de autonomía: el imposible fin del hidrógeno

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Publicado el: 21 de junio de 2024 a las 17:00
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hidrógeno, coche nuclear

Antes de los modernos coches de hidrógeno libres de emisiones y ultra eficientes, las compañías fabricantes de autos ya competían por ofrecer las mejores prestaciones, aunque a partir de un enfoque completamente diferente. El Nucleon fue uno de los primeros autos innovadores que, con la tecnología actual, podría haber sido el fin del hidrógeno y una puerta hacia un nuevo tipo de combustible.

El fin del hidrógeno con 8000 km de autonomía

En los años cincuenta, la tecnología estaba pasando por una revolución en la que se desarrollarían muchas de nuestras innovaciones actuales, desde las computadoras más rápidas y compactas hasta el internet. Sin embargo, esta revolución tecnológica también dejó una gran variedad de inventos que se caracterizaron no sólo por ser poco prácticos, sino también sumamente peligrosos.

Una de las innovaciones que más se hicieron eco durante esta época, fue la energía nuclear, que demostró ser mucho más limpia y eficiente que la tradicional energía producto de los combustibles fósiles. Además, los elementos radiactivos siempre tuvieron propiedades muy peculiares, como la luminiscencia, lo cual, en una época durante todavía se empezaban a conocer estas propiedades, causó algunos problemas.

Pero uno de los desarrollos más inolvidables de esta década, fue el Ford Nucleon, un modelo que fue presentado por la compañía en 1958 como un impresionante automóvil impulsado por nada menos que energía nuclear. Esto le permitía desplazarse hasta 8000 km sin repostar y una gran potencia y estabilidad, incluso sin emisiones de CO2. Podría haber sido el fin del hidrógeno pero terminó descartado.

El motor nuclear de Ford: una propuesta que llegó, pero no para quedarse

La energía nuclear fue el gran invento después de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una fuente de energía limpia y renovable que tiene la capacidad de generar una gran cantidad de electricidad usando simple vapor de agua que impulsa una turbina. Sin embargo, en 1958 todavía no se conocían en profundidad las propiedades de los elementos radiactivos y los efectos de esa radiación.

El diseño del Ford Nucleon era llamativo, completamente diferente a lo que se estaba usando en el momento, absolutamente futurista. Contaba con un reactor nuclear compacto detrás. Este mecanismo usaría un intercambiador de calor que movería una pequeña turbina la cual estaría destinada a generar electricidad para un revolucionario motor eléctrico que estaría ubicado al frente.

Por las características de la energía nuclear, esta tecnología permitiría desplazarse durante unos 8000 kilómetros sin la necesidad de recargar el combustible. Sin embargo, el combustible sería uno de las grandes problemas, ya que se trataba de elementos radiactivos. El reactor nuclear del vehículo contaba con sistemas de seguridad para evitar la exposición a la radiación, sin embargo, no resultaba suficiente.

¿El fin del coche nuclear? Parece que jamás oiremos hablar de él

Para evitar que la radiación producida por los elementos que movían el reactor nuclear, el Nucleon debía contar con gruesos recubrimientos de plomo que sumaban muchísimo peso a un coche que de por sí estaba fabricado con materiales pesados. Estamos hablando de épocas previas a la fibra de carbono y los polímeros actuales.

Por otro lado, también se requería que el vehículo contara con un gran poder de refrigeración, ya que un reactor nuclear emite muchísimo calor, el cual resulta muy difícil de contener cuando se emplea en un mecanismo del tamaño de un automóvil.

Más de seis décadas después, el auto nuclear es una idea pasada que se ha descartado por completo. Contamos con tecnologías que van desde coches eléctricos hasta motores pesados de biocombustible que permiten transportar grandes cargas pesadas sin generar emisiones de CO2. Hoy se ve más lejos que nunca el fin del hidrógeno como combustible, con nuevos motores cada vez más eficientes y autónomos.