Hace 400 millones de años, incluso antes que los dinosaurios, vivía la criatura terrestre más grande de la historia: la ciencia todavía no lo puede explicar

Imagen autor
Publicado el: 12 de abril de 2026 a las 20:49
Síguenos
Fósil de Prototaxites de 400 millones de años conservado en Rhynie chert.

Imagina un paseo por la Tierra de hace unos 407 millones de años sin bosques ni árboles. Y aun así, en medio del paisaje, se levantan columnas altas, casi como postes, que serían lo más grande que verías en tierra firme. Raro, ¿verdad?

Eso es Prototaxites, un fósil conocido desde el siglo XIX y que lleva más de 165 años incomodando a los libros de biología. Un nuevo estudio publicado el 21 de enero de 2026 sostiene que su estructura y su “firma química” no encajan con los hongos, como se pensaba. Puede que estemos ante una rama de vida eucariota (células complejas, como plantas, animales y hongos) que se extinguió sin dejar descendientes.

Un mundo sin árboles

Los restos de Prototaxites se han descrito como grandes columnas parecidas a troncos, capaces de alcanzar unos ocho metros de altura. En el Devónico temprano, cuando las plantas terrestres aún eran pequeñas, esa talla lo convertía en el “rascacielos” del momento. Y eso se nota en las reconstrucciones.

Lo más llamativo es el contraste. Hoy asociamos lo grande en la naturaleza a árboles y bosques, pero entonces la película era otra. Por eso este organismo es tan útil para imaginar cómo eran los primeros ecosistemas terrestres, cuando la vida aún estaba probando formas de ocupar la tierra firme.

Un fósil que nunca encajó del todo

Prototaxites se descubrió hace más de 160 años, pero su identidad ha cambiado varias veces. Al principio se interpretó como madera en descomposición, luego como un tipo de liquen, y durante décadas muchos investigadores lo han considerado un hongo gigante. La razón era sencilla, por dentro aparece una red de estructuras tubulares que recuerda a las hifas de los hongos.

El problema es que una cosa es que “se parezca” y otra que “sea”. Con fósiles tan antiguos, muchas pistas se pierden y otras se deforman, como cuando intentas reconocer un objeto con una foto borrosa. De ahí que el debate haya seguido abierto tanto tiempo.

El Rhynie chert como máquina del tiempo

La nueva investigación se centra en Prototaxites taiti, una especie preservada en el llamado Rhynie chert, una formación del noreste de Escocia famosa por conservar un ecosistema terrestre muy antiguo con un nivel de detalle poco habitual. Hablamos de fósiles en tres dimensiones y con señales químicas que, en muchos yacimientos, desaparecen para siempre.

Ese detalle marca la diferencia. Si el material está bien conservado, los científicos pueden ir más allá de la forma y buscar “huellas” moleculares, como quien encuentra una firma en una pared antigua. Y con Prototaxites, esa firma era justo lo que faltaba.

La pista química que no cuadra

El equipo combinó observaciones estructurales de alta resolución con análisis químicos avanzados. Parte del trabajo se apoyó en microspectroscopía infrarroja en el sincrotrón Diamond Light Source, una técnica capaz de detectar enlaces químicos a escala microscópica sin destruir la muestra.

Al comparar esos datos con los de hongos fósiles del mismo yacimiento, Prototaxites taiti no encajó. Los investigadores describen una “huella química” distinta y, además, señalan que no encontraron evidencias de componentes típicos de las paredes celulares de los hongos, como la quitina y los glucanos.

Aquí entra otro detalle moderno. Usaron comparaciones apoyadas por aprendizaje automático para ver dónde caen esas señales espectroscópicas frente a una colección amplia de organismos actuales y fósiles. El resultado volvió a empujar a Prototaxites fuera de los grandes grupos conocidos.

Por dentro también es otra historia

La química no fue la única sorpresa. La arquitectura interna del fósil, reconstruida con imágenes en 3D, muestra muchos tubos diminutos que se ramifican y se conectan en una red muy compacta. Según los autores, ese patrón no se parece a las redes de hifas de los hongos conocidos, ni actuales ni extintos.

En la nota de National Museums Scotland, el coautor Sandy Hetherington lo resumió así (traducción libre). “Son vida, pero no como la conocemos”, porque presentan rasgos anatómicos y químicos distintos de los de hongos y plantas.

Lo que cambia para entender la vida en tierra

Si Prototaxites pertenece a una línea eucariota ya desaparecida, el mensaje es potente. Los primeros ecosistemas terrestres no solo estaban llenos de “antepasados” de lo que vemos hoy, también pudieron albergar grandes experimentos evolutivos que se apagaron con el tiempo..

Eso no significa que el caso esté cerrado. Lo que hace el estudio es estrechar el cerco y apartar opciones que se daban por buenas, sobre todo la idea del “hongo gigante”, y deja un camino bastante claro para lo que viene, comparar más fósiles y más señales químicas en yacimientos con conservación excepcional.

Ahora el debate ya no depende solo de la forma, también de la química. El estudio científico ha sido publicado en Science Advances.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario