Hallazgo inaudito que reescribe la historia: científicos exploran 10 metros bajo el hielo de un glaciar y hallan rastros de minería medieval

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Por HoyECO
Publicado el: 27 de marzo de 2026 a las 20:42
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Glaciar en los Alpes con capas de hielo que conservan rastros de contaminación y minería medieval.

En la cima de la Weißseespitze, en los Alpes orientales, un pequeño glaciar ha estado haciendo de “archivador” sin que nadie se diera cuenta. Cada nevada fue atrapando polvo, humo y metales que viajaban por la atmósfera y quedaron sellados en capas de hielo.

Un equipo internacional ha perforado hasta la roca y ha extraído un núcleo de casi 10 metros. ¿Qué puede contar un cilindro de hielo así? Mucho, pero con un aviso claro, el glaciar se está adelgazando tan rápido que en 2025 quedaban unos 5,5 metros de hielo en el punto de perforación.

Un glaciar que funciona como un libro de historia

Los núcleos de hielo son como una biblioteca silenciosa. La nieve cae, atrapa partículas diminutas del aire y, con los años, se compacta hasta convertirse en hielo que guarda esa “tinta” atmosférica.

La Weißseespitze es una cúpula de hielo a unos 3.499 metros de altitud, muy cerca de la frontera entre Austria e Italia. Allí se han realizado varias campañas de perforación en los últimos años, con un núcleo principal de 9,95 metros extraído en 2019.

Para poner fechas a cada capa, los investigadores combinaron radiocarbono con datación por argón 39, una técnica que ayuda cuando no hay “marcas” claras año a año. Con ese modelo, la superficie del glaciar se formó entre 1552 y 1708, y la parte más profunda podría remontarse a un intervalo entre 349 a.C. y 420 d.C.

Metales que delatan la minería medieval

En el hielo aparecen trazas de metales como plomo, cobre, plata o arsénico. No están repartidos de forma uniforme, sino que suben y bajan según cambian las fuentes de contaminación y el transporte de polvo.

Según explica la autora principal, Azzurra Spagnesi, entre los años 700 y 1200 las concentraciones de plomo y otros metales fueron “muy bajas”, algo que encaja con un entorno preindustrial relativamente poco contaminado. Y a partir de alrededor del 950 empiezan a aparecer picos de arsénico, plomo, cobre y plata, que los científicos relacionan con etapas de minería y fundición medieval en los Alpes y otras regiones europeas.

Esto pone un detalle importante sobre la mesa. La contaminación no nació en el siglo XX, pero durante siglos se movía como “puntas” sobre un fondo natural bastante estable, muy distinto del ruido constante de hoy. No es poca cosa.

Humo de incendios atrapado a 3.500 metros

El equipo también buscó una pista muy concreta del fuego, el levoglucosano. Es un compuesto que se forma cuando arde la madera y sirve como marcador de humo en los registros ambientales.

En el núcleo hay un pico destacado a unos 640 centímetros de profundidad, fechado entre 902 y 1280. Para entenderlo mejor, los investigadores lo compararon con microcarbones de una turbera cercana llamada Schwarzboden y vieron que ambos registros muestran máximos en un periodo parecido.

La interpretación no es una sentencia única y cerrada, y aquí conviene el matiz. Spagnesi señala que una sequía prolongada entre aproximadamente 950 y 1040 pudo crear paisajes más inflamables, y que al mismo tiempo se intensificaron usos humanos del territorio, como el desbroce y la expansión agrícola, donde el fuego era una herramienta habitual.

Volcanes lejanos y un fondo natural que también cuenta

No todo lo que queda atrapado en el hielo viene de chimeneas y hornos. Algunas de las señales más fuertes de metales coinciden con grandes erupciones volcánicas, además de periodos secos con más transporte de polvo.

En el estudio, el equipo analizó 18 elementos traza y también compuestos orgánicos, y aplicó un modelo estadístico para estimar de dónde venía la señal química. En esa reconstrucción, las fuentes naturales dominan el conjunto y la contribución asociada a fuentes humanas aparece en torno al 7 por ciento en el periodo estudiado.

Aun así, los autores advierten de un límite que no conviene olvidar. Aunque la datación por argón 39 mejoró la relación edad profundidad, todavía hay incertidumbres que dificultan asignar cada pico a un evento concreto con total precisión.

El deshielo está arrancando páginas enteras

Aquí llega la parte incómoda. Cuando un glaciar se derrite, no solo se pierde hielo, también se pierde información, porque esas capas se mezclan o desaparecen.

En la Weißseespitze el retroceso ya se mide en metros, no en centímetros. El propio estudio indica que en 2025 el espesor en el punto de perforación había bajado a unos 5,5 metros, frente a los casi 10 metros del núcleo extraído en 2019. Y, según Spagnesi, en los Alpes de Ötztal se proyecta que los glaciares desaparezcan en las próximas décadas.

“Si los glaciares desaparecen, la información química y física que contienen se perderá para siempre”, resume Spagnesi en una nota de Frontiers. En la práctica, preservar estos archivos también ayuda a entender cuánto hemos cambiado la atmósfera y por qué es tan urgente recortar emisiones y acelerar soluciones como las renovables o la movilidad eléctrica, algo que se nota en la factura de la luz y en el aire de las ciudades.

El estudio ha sido publicado en Frontiers in Earth Science.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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