Hallazgo inesperado sobre Marte: la NASA confirma que su núcleo se parece más al de la Tierra de lo que pensábamos

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Publicado el: 11 de abril de 2026 a las 18:42
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Imagen de Marte mostrando su superficie con el hallazgo del núcleo interno sólido según la misión InSight de la NASA.

Durante años hemos repetido que Marte es un planeta “muerto”, frío por dentro y sin apenas actividad profunda. Pero los datos de la misión InSight de la NASA han dado un giro a esa idea, al menos en lo que ocurre bajo nuestros pies marcianos (si pudiéramos pisarlo). Un nuevo análisis sugiere que el planeta rojo tiene un núcleo interno sólido dentro de un núcleo externo líquido.

Esto no es un detalle de laboratorio. La estructura del núcleo está muy ligada a la historia del campo magnético de un planeta, y ese “escudo” influye en cuánto aguanta una atmósfera, cuánta radiación llega a la superficie y, en el fondo, cómo de habitable puede ser un mundo. ¿Qué significa esto en la práctica para entender la Tierra y otros planetas rocosos?

Un núcleo interno que cambia el mapa

El estudio, publicado el 3 de septiembre de 2025 en la revista Nature, presenta evidencias sísmicas de un núcleo interno sólido en Marte. La estimación del equipo sitúa su radio en torno a 613 km (con un margen de unos 67 km). Dicho de forma sencilla, del centro hacia fuera habría una “bola” sólida, rodeada por metal fundido.

La clave está en cómo viajan las ondas sísmicas. Los autores identifican dos tipos de señales (llamadas PKKP y PKiKP) que encajan con un límite entre parte líquida y parte sólida. Además, el trabajo estima un salto de velocidad de compresión de alrededor del 30 por ciento al cruzar esa frontera, algo que tendría sentido si el material cambia de estado.

Ojo, esto no significa que Marte “vuelva a encender” su campo magnético. Lo que hace es obligarnos a ajustar el relato de su interior, porque hasta ahora había bastante consenso en que el núcleo era líquido y punto. En ciencia planetaria, un matiz así puede cambiar muchas piezas del puzle.

Cómo se “escucha” un planeta por dentro

InSight aterrizó en Marte en 2018 y su trabajo fue, literalmente, escuchar. Su sismómetro registró 1319 “marsquakes” y, con esas vibraciones, los científicos han podido inferir capas internas igual que aquí usamos terremotos para estudiar corteza, manto y núcleo. De hecho, la propia NASA lo resumió como un salto importante, porque la sismología fue el centro de una misión más allá de la Tierra por primera vez desde la era Apolo.

El método tiene algo de cotidiano. Es como cuando oyes un golpe al otro lado de una pared y, por el sonido, intuyes si hay hueco, ladrillo o una puerta. En el caso de Marte, algunas ondas rebotan, otras se desvían y otras atraviesan zonas profundas, y esos “ecos” son los que delatan dónde cambia el material.

En este trabajo, la interpretación se apoya en un conjunto limitado de registros, y eso importa. Incluso en divulgación conviene decirlo claro, porque con una sola estación sísmica en todo el planeta, separar señal útil de ruido no siempre es fácil. Por eso hay expertos que piden cautela y más comprobaciones con métodos alternativos antes de dar el hallazgo por cerrado del todo.

Por qué esto también toca el tema de la habitabilidad

Cuando hablamos de medio ambiente pensamos en bosques, agua, aire y temperatura. Pero un planeta también tiene “medio ambiente” a escala cósmica, y ahí el campo magnético pinta mucho. En la Tierra, el crecimiento del núcleo sólido libera calor y elementos ligeros hacia el núcleo líquido, y ese movimiento ayuda a mantener la dinamo que genera el campo magnético. Ese campo protege atmósfera y superficie frente a radiación solar y cósmica, algo clave para la vida.

Marte es el ejemplo contrario que siempre sale en clase. Tiene señales de un pasado con magnetismo más fuerte, pero hoy no mantiene un campo global como el nuestro, y su superficie está mucho más expuesta. Si ahora vemos que puede existir un núcleo interno sólido, la pregunta inevitable es cómo encaja eso con la historia de su dinamo y por qué se apagó.

Y esto no se queda en Marte. Cada vez que descubrimos un exoplaneta “parecido a la Tierra”, la gran duda es si ese parecido es solo de tamaño y roca, o también de motor interno. En el fondo, este tipo de hallazgos nos recuerda que un planeta puede parecer tranquilo por fuera y, aun así, guardar dinámicas profundas que lo cambian todo. No es poca cosa.

El legado de InSight y lo que falta por saber

InSight ya no está operativo. La NASA dio por terminada la misión en diciembre de 2022, tras años de ciencia, porque el polvo fue cubriendo los paneles solares y la nave se quedó sin energía suficiente para seguir comunicándose. Es un final muy marciano, porque allí el polvo lo invade todo, también la tecnología.

Aun así, el planeta sigue “hablando” a través de lo que InSight dejó grabado. En otra nota reciente del JPL, la científica Ingrid Daubar lo resumía con una frase muy clara, “aunque ya no oímos a InSight, todavía nos está enseñando cosas sobre Marte”, en referencia a cómo el polvo se deposita y cómo el viento lo redistribuye. Ese detalle, que suena pequeño, es oro para diseñar futuras misiones solares y entender mejor la atmósfera marciana.

Lo que falta ahora es continuidad. Para afinar tamaño, composición y dinámica del núcleo, lo ideal sería tener más sismómetros en distintos puntos, más años de registros y nuevas misiones que vuelvan a “poner la oreja” en el suelo. Mientras tanto, los datos de InSight seguirán exprimiéndose, porque en planetas como Marte cada registro cuenta.

El estudio científico en el que se basa este hallazgo ha sido publicado en Nature.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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