Un equipo internacional ha logrado ver dos planetas gigantes formándose alrededor de una estrella muy joven llamada WISPIT 2. Lo han hecho con telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) en el desierto de Atacama, uno de los lugares con cielos más oscuros del planeta.
La conclusión principal es sencilla. Este sistema ofrece una de las mejores oportunidades actuales para entender cómo se construyen los sistemas planetarios y qué pistas dejan en el camino, desde los anillos de polvo hasta las primeras “huellas químicas” de un planeta.
Un sistema solar en pañales
WISPIT 2 es un caso raro. Es solo el segundo sistema conocido, después de PDS 70, en el que se han observado directamente dos planetas en formación alrededor de su estrella, y el disco que los rodea es especialmente amplio y lleno de huecos y anillos.
La autora principal, Chloe Lawlor, lo explicaba así. “WISPIT 2 es la mejor mirada a nuestro propio pasado que tenemos hasta la fecha”, y añadía que esas estructuras del disco sugieren que podrían estar formándose más planetas.
Dos gigantes muy jóvenes
El primer planeta, WISPIT 2b, se detectó en 2025 y tendría una masa cercana a cinco veces la de Júpiter. Orbita lejos de su estrella, a unas 60 veces la distancia entre la Tierra y el Sol, una escala que ayuda a imaginar lo “abierto” que es este sistema.
WISPIT 2c es el nuevo confirmado, y está más cerca, unas cuatro veces más cerca que WISPIT 2b. Según el equipo, también es más masivo, aproximadamente el doble, y esa cercanía a la estrella lo convierte en un objetivo especialmente difícil de separar del brillo del sistema.
Conviene no perder el marco. Son gigantes gaseosos, parecidos a los planetas exteriores del Sistema Solar, y hablamos de una edad de unos cinco millones de años, cuando todo sigue en obras.
La huella química que confirmó el hallazgo
La confirmación no llegó solo con una imagen. El equipo observó el objeto con SPHERE en el VLT y después utilizó el interferómetro VLTI con GRAVITY+, que combina varios telescopios para ganar detalle, como si fueran un único instrumento más fino.
Ese salto permitió obtener un espectro, una “huella química”. En los datos aparece una señal de monóxido de carbono alrededor de 2,3 micras, un marcador que encaja con un planeta gigante joven y no con un simple grumo de polvo.
La propia ESO subrayó que la mejora reciente de GRAVITY+ fue decisiva para detectar un objeto tan cerca de su estrella. Aun así, los astrónomos quieren más observaciones para afinar órbitas y confirmar qué pasa en cada hueco del disco.
¿Hay un tercer planeta en camino?
En las imágenes, WISPIT 2b y WISPIT 2c aparecen dentro de huecos claros del disco, zonas “vaciadas” mientras los planetas van creciendo y reorganizando el material a su alrededor. Es el tipo de señal que la teoría llevaba años poniendo sobre la mesa y que, por fin, se puede seguir con datos reales.
Además, hay al menos otro hueco más pequeño hacia el exterior. El equipo sospecha que podría estar abriéndolo un tercer planeta, quizá con una masa parecida a la de Saturno, aunque por ahora es una pista, no una confirmación.
Cielo oscuro y sostenibilidad en Atacama
Este tipo de descubrimientos dependen de un recurso natural cada vez más frágil, la oscuridad del cielo nocturno. Si el entorno se llena de luz artificial, es como intentar ver una luciérnaga al lado de un foco, la señal se pierde y se nota.
En 2023, el Ministerio de Medio Ambiente de Chile publicó una nueva norma de iluminación para controlar emisiones de luces exteriores y carteles, favorecer tonos ámbar y limitar la luz azul. La propia norma incorpora por primera vez la biodiversidad como objeto de protección frente a la contaminación lumínica.
Y en 2026, ESO comunicó la cancelación del proyecto industrial INNA, previsto cerca de Paranal, un complejo de hidrógeno y amoníaco verde que había levantado alertas por posibles impactos como luz, polvo o vibraciones. El mensaje de fondo es claro, descarbonizar es urgente, pero planificar bien la ubicación también es parte de la sostenibilidad.
El ELT y el siguiente salto
Cerca de Paranal se construye el Extremely Large Telescope (ELT), que debería ayudar a obtener vistas aún más claras de sistemas como WISPIT 2. Según una actualización de ESO, la planificación apunta a una primera luz técnica en marzo de 2029 y a las primeras observaciones científicas en diciembre de 2030, con la cautela normal de los grandes proyectos.
Hasta entonces, WISPIT 2 seguirá bajo vigilancia. Si aparecen más planetas y se mide mejor cómo interactúan con el disco, tendremos una historia más completa de cómo empieza un sistema solar, antes de que se parezca al que conocemos.
El estudio ha sido publicado en The Astrophysical Journal Letters.







