El Ayuntamiento de Sevilla ha abierto una consulta pública previa para modificar la ordenanza de los coches de caballos con un objetivo muy claro. Reforzar el cuidado de los animales y «evitar cualquier dolor, sufrimiento o daño innecesario». El documento municipal pone además el foco en las condiciones climáticas extremas, en las inspecciones veterinarias y en el control sanitario del servicio.
Qué quiere cambiar Sevilla
La propuesta no se queda solo en el trato directo a los caballos. También plantea revisar cómo circulan estos carruajes por la ciudad, su encaje con otros modos de movilidad urbana y la capacidad de la Policía Local para vigilar, denunciar infracciones y estudiar medidas como la inmovilización o la retirada de licencias en determinados supuestos. Al mismo tiempo, el Consistorio quiere reforzar la inspección en las cocheras municipales para prevenir enfermedades contagiosas y garantizar la salud animal.
La ciudad, eso sí, no parte de cero. La ordenanza que regula este servicio fue aprobada en 2006 y su última gran modificación se publicó en 2014. Según el propio Ayuntamiento, hoy siguen vigentes aproximadamente 97 licencias, y la norma actual ya regula licencias, vehículos, caballerías, examen de los conductores, condiciones del servicio, cocheras y régimen sancionador.
El propio documento oficial recuerda además que los coches de caballos forman parte de la identidad sevillana y que en Andalucía están considerados una actividad con incidencia en el ámbito turístico. Pero la consulta también deja una idea de fondo bastante clara. Ya no se trata solo de tradición. También entran en juego la movilidad, el medio ambiente, la limpieza urbana, la sanidad y la sanidad animal. Y ahí cambia todo.
Lo que ya dice la norma actual
La regulación vigente incluye algunas obligaciones de protección, aunque dispersas. Prohíbe prestar el servicio con animales enfermos o dañados, exige que los atalajes no tengan nudos, cuerdas o alambres que puedan causar heridas y obliga a acreditar el buen estado sanitario de las caballerías mediante certificación veterinaria o inspección veterinaria municipal. Además, los caballos deben llevar un sistema de recogida de excrementos para evitar que se depositen en la vía pública. No parte de una hoja en blanco.
También limita el uso del látigo a los chasquidos imprescindibles para la conducción y prohíbe aplicarlo directamente sobre la caballería. Y hay otro detalle importante. La ordenanza ya permite, en periodos estivales, autorizar estacionamientos temporales a la sombra para evitar una exposición continuada del caballo al sol. En las cocheras municipales, además, se exige limpieza diaria, normas de higiene y salubridad y controles veterinarios con asistencia concertada de un veterinario para cada caballo autorizado.
Lo que todavía falta por concretar
De momento, la consulta no publica un nuevo articulado cerrado ni fija umbrales concretos de temperatura o nuevas prohibiciones detalladas. Lo que ofrece es, sobre todo, una hoja de ruta con los problemas que se quieren resolver y los objetivos de la futura modificación. En la práctica, eso significa que el cambio está en marcha, pero los detalles que afectarán al día a día del servicio todavía tienen que redactarse.
Ahora llega la parte decisiva. El Ayuntamiento ha abierto un plazo de 15 días hábiles desde el día siguiente a la publicación del anuncio en la web municipal para que ciudadanos y organizaciones presenten aportaciones. Esas propuestas deben tramitarse en la sede electrónica, a través del Registro Electrónico y del procedimiento «Solicitud general», dirigidas a la Dirección General de Movilidad. ¿Qué saldrá finalmente de ahí? Habrá que verlo. Pero el mensaje ya es claro. El bienestar animal ha pasado al primer plano.
La consulta pública previa del Ayuntamiento de Sevilla se ha publicado en el portal oficial de transparencia municipal.











