La idea de unir África y Asia por el Mar Rojo lleva décadas dando vueltas, pero ahora vuelve con una frase muy concreta. El ministro egipcio de Transporte, Kamel al-Wazir, afirmó que “ya se ha completado la planificación” del enlace entre Egipto y Arabia Saudí y que están listos para ejecutarlo “en cualquier momento”, ya sea como puente o como túnel.
El titular habla de turismo y logística, pero el mapa no está vacío. La zona de Sharm el-Sheikh y los estrechos de Tirán convive con arrecifes, corrientes fuertes y áreas protegidas que dependen de un mar sano para vivir, y también para dar trabajo.
Qué ha confirmado Egipto
Según Reuters, el anuncio no fija fecha de inicio ni detalla un diseño final. Lo que sí deja claro es que Egipto se siente preparado y que la decisión técnica podría moverse entre dos opciones, un puente o un túnel.
El plan se asocia al nombre de “Puente de Moisés” y se describe en análisis internacionales como una calzada de unos 32 kilómetros entre Ras Hamid, en la costa saudí, y la zona de Sharm el-Sheikh. La cifra de coste suele situarse alrededor de los 4.000 millones de dólares, aunque de momento no hay un presupuesto público cerrado.
Por qué importa para la movilidad
Hoy, la conexión práctica entre Egipto, Arabia Saudí y Jordania se sostiene por mar. Al-Wazir recordó que el enlace actual pasa por Arab Bridge Maritime Co., con 13 buques que transportan carga entre los tres países.
Si llega una conexión fija con carretera y ferrocarril, cambia el ritmo de la región. Egipto está expandiendo su red ferroviaria y habla de líneas de alta velocidad y de mover mercancías hacia puertos del Mediterráneo, justo la pieza que convertiría al puente en un nuevo corredor comercial.
Un punto caliente para la biodiversidad
Los estrechos de Tirán están pegados a uno de los lugares más conocidos del Sinaí por su vida submarina. Un documento oficial sobre el Parque Nacional de Ras Mohammed indica que este espacio protegido incluye también las islas de Tirán y Sanafir, situadas en ese mismo entorno.
Ese texto aporta una foto numérica del valor natural. En Ras Mohammed se han registrado alrededor de 205 especies de coral duro y unas 120 de coral blando, y se citan coberturas de coral de entre el 60% y el 80% alrededor de las islas y del propio cabo. No es poca cosa.
El aviso de los corales
El Mar Rojo no solo recibe presión por el turismo o la costa, también por el calor. La asociación ambiental HEPCA mantiene “Bleach Watch Egypt”, un sistema de alerta temprana creado en 2010 en colaboración con la UICN y basado en reportes de voluntarios y centros de buceo.
En 2023, el informe explica que se activó la red tras una advertencia de la NOAA y que el seguimiento compara el blanqueamiento con episodios anteriores de 2012 y 2020. Y aquí aparece la pregunta incómoda, ¿tiene sentido añadir estrés local cuando el estrés climático ya está encima?
Qué debería medir un estudio serio
Una obra marina de años puede afectar aunque “no toque” directamente el arrecife. La NOAA lo resume con una idea simple, el dragado puede levantar plumas de sedimento que enturbian el agua, bloquean la luz y llegan a cubrir corales.
Por eso, antes de hablar de plazos, la conversación debería girar en torno a la evaluación ambiental. Cartografiar arrecifes con detalle, modelizar corrientes, definir zonas de exclusión y fijar un seguimiento independiente que permita parar y corregir si algo se tuerce, esa es la parte que separa un proyecto viable de un problema a largo plazo.
CO2 y sostenibilidad, sin autoengaños
También está la huella climática. Construir un puente o un túnel exige mucho hormigón y acero, y la literatura científica sitúa al cemento entre los grandes focos industriales de CO2, con una contribución aproximada de entre el 5% y el 8% de las emisiones antropogénicas globales.
A cambio, si el corredor apuesta de verdad por el tren, el balance operativo podría mejorar. La Agencia Internacional de la Energía recuerda que el ferrocarril mueve cerca del 7% de los pasajeros-kilómetro y el 6% de las toneladas-kilómetro a escala mundial, pero solo aporta alrededor del 1% de las emisiones del transporte, y sus emisiones por pasajero suelen ser mucho más bajas que las del avión.
La diferencia la marcará el uso real. Si la conexión reduce vuelos cortos y parte del tráfico se electrifica con energía limpia, puede ser una pieza útil, también para la factura del combustible. Si termina disparando el coche y la presión turística sobre los arrecifes, el coste ambiental se quedará en el agua.El informe científico sobre el blanqueamiento de corales de 2023, elaborado por HEPCA dentro de “Bleach Watch Egypt”, ha sido publicado en la web ICRI.










