Si este invierno has salido a la calle tiritando, quizá te cueste creerlo, pero España lleva varios años sin registrar una ola de frío en sentido meteorológico estricto. La última se produjo entre el 28 de febrero y el 2 de marzo de 2023 y, si este invierno termina igual, encadenaríamos tres seguidos sin ningún episodio oficial, algo sin precedentes desde que hay registros de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
La física y meteoróloga Isabel Moreno lo recuerda con una frase clara: “Para tener una ola de frío no basta con que haga frío”. Por mucho que bajen los termómetros unos días, una ola de frío es un evento técnico, no solo una sensación invernal.
Según la definición de Aemet, se considera ola de frío un episodio de al menos tres días seguidos en el que, como mínimo, un 10 % de las estaciones de referencia registran temperaturas mínimas por debajo del percentil 5 de su serie histórica de enero y febrero del periodo 1971-2000. Dicho de otro modo, tiene que hacer un frío muy intenso, persistente y extendido en buena parte del país, no solo una noche muy cruda en unas pocas zonas.
Con este criterio sobre la mesa se entiende mejor lo que está pasando. En los dos últimos inviernos no se ha registrado ninguna ola de frío en la península y la última, la de 2023, apenas duró tres días. Si el invierno 2025-2026 se cierra sin cumplir los umbrales, sería la primera vez que España enlaza tres inviernos seguidos sin este tipo de fenómeno.
Los datos analizados por Meteoclimática con información de Aemet muestran que, entre 1976 y 2025, la duración de las olas de frío se ha reducido de media 1,2 días por década. Además, en la última década solo se han contabilizado nueve olas de frío, frente a las catorce del periodo 2006-2015. En paralelo, las olas de calor se han disparado, con trece episodios entre 2006 y 2015 frente a treinta en los últimos diez años, y con al menos una ola de calor cada verano desde 2015.
El calentamiento del invierno también se nota en las temperaturas medias. Un trabajo reciente de Meteoclimática con datos de Aemet concluye que los últimos siete inviernos han sido más cálidos de lo normal. Es decir, lo que antes llamábamos “invierno suave” se ha convertido en algo habitual en las estadísticas.
¿Y qué significa todo esto en la vida diaria? Un episodio de frío intenso sigue llenando titulares y conversaciones, aunque dure menos o afecte a menos provincias que antes. Sin embargo, cada verano se suman más días de calor extremo, noches tropicales y avisos por altas temperaturas, algo que se nota en la factura de la luz cuando el aire acondicionado se convierte en un gasto fijo de julio y agosto. En el campo, inviernos más cortos y suaves reducen las horas de frío que necesitan muchos frutales y favorecen que plagas y enfermedades superen el invierno con más facilidad, algo que ya recogen varios informes oficiales sobre cambio climático en España.
Las proyecciones apuntan a que esta tendencia continuará. Un estudio citado por Aemet y publicado en la revistaA tmospheric Research estima que los días anuales dentro de una ola de frío pasarían de unos 20,7 a alrededor de 10 entre 2021 y 2050 en España. La reducción sería especialmente marcada en el sur de los Pirineos, en buena parte de la costa mediterránea y en las Islas Baleares.
Eso no quiere decir que desaparezcan las nevadas ni que no volvamos a ver episodios de frío intenso. En un planeta más cálido por el aumento de gases de efecto invernadero, los extremos fríos siguen siendo posibles, pero se vuelven menos frecuentes, mientras que los extremos de calor se hacen más habituales e intensos. En la práctica, el invierno se acorta y el verano se alarga.
La sensación del día a día puede engañar. Unas semanas de frío bastan para pensar que “ya no hace el invierno de antes”, o justo lo contrario. Pero cuando se miran los datos de varias décadas, el mensaje es claro, los inviernos españoles son cada vez más templados y las olas de frío más raras.
El análisis oficial que detalla esta evolución ha sido publicado en el blog de Aemet.
Foto: Wikipedia








