España busca a 30 chicos y chicas de entre 16 y 22 años que quieran flotar en microgravedad, entrenar como un astronauta durante dos días y luego pasar un año entero contando su experiencia. Es el programa “Astronauta por un día”, lanzado por la Agencia Espacial Española (AEE) para acercar el espacio a la juventud y despertar vocaciones científicas y tecnológicas.
La experiencia no se queda en una simple excursión. Quien resulte seleccionado participará en un vuelo parabólico en el que se vivirán periodos de ingravidez muy parecidos a los que se experimentan en una misión real. Además, durante un año será “embajador del espacio”, con un papel activo en actividades de divulgación y sensibilización dirigidas a otros jóvenes.
Quién puede presentarse
El programa se dirige a estudiantes que ya están dentro del sistema educativo español. Hay dos perfiles claros. Hasta 25 plazas se reservan para alumnado de primero o segundo de Bachillerato. Las otras 5 son para estudiantes españoles de grados universitarios oficiales en áreas STEM, es decir, ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas.
La edad es clave. Solo se aceptan solicitudes de personas que tengan entre 16 y 22 años en la fecha en la que termina el plazo de inscripción. El proceso se realiza de manera electrónica y, según la resolución publicada en el Boletín Oficial del Estado, el plazo comprende diez días hábiles a partir de la publicación de la convocatoria, que en la práctica se ha concretado entre el 3 y el 16 de marzo de 2026.
Un vuelo real en microgravedad
La parte más llamativa llega en mayo. La formación final se celebrará los días 5 y 6 de mayo de 2026 en la Base Aérea de San Javier. Allí, el grupo subirá a un Airbus A310 ZERO G, el mismo modelo de avión que utiliza la Agencia Espacial Europea (ESA) para entrenar a su cuerpo de astronautas.
Durante el vuelo el avión traza varias parábolas y, en cada maniobra, se generan periodos de ingravidez de unos 20 a 25 segundos. En ese tiempo el cuerpo deja de “sentir” su peso y se flota dentro de la cabina. No es solo espectáculo. Las y los participantes seguirán instrucciones, practicarán orientación espacial y realizarán pequeños experimentos para observar cómo cambian las cosas cuando desaparece la gravedad aparente.
Un proceso de selección exigente
¿Basta con tener ilusión y rellenar un formulario? En este caso no. La AEE ha diseñado un proceso en varias fases. Primero se revisa que la solicitud cumpla todos los requisitos administrativos y se valora el expediente académico. De ahí saldrá un máximo de 500 preseleccionados.
En una segunda fase se evalúa un vídeo de motivación, breve y muy directo, donde cada candidato explica quién es, por qué quiere participar y cómo se imagina su papel como embajador del espacio. De este grupo se pasará a unas 40 personas, que deberán superar un reconocimiento médico obligatorio en el Centro de Instrucción de Medicina Aeroespacial, con sede en España. A partir de quienes resulten aptos se configurará la lista definitiva de hasta 30 participantes y una lista de reserva.
La propia convocatoria subraya que no se busca solo buena nota. También se valora la capacidad comunicativa, la responsabilidad, la estabilidad emocional y la aptitud para cumplir normas de seguridad en un entorno muy controlado. En la práctica, se parece bastante a una “mini” selección de astronautas, adaptada a gente joven.
Del espacio al clima y al medio ambiente
Puede surgir la duda. ¿Qué tiene que ver todo esto con el medio ambiente y la sostenibilidad? Mucho más de lo que parece. Gran parte de lo que sabemos hoy sobre el deshielo polar, los incendios forestales o las emisiones de CO2 procede de satélites de observación de la Tierra, como los del programa europeo Copernicus, que vigilan bosques, océanos, calidad del aire y cambios en el uso del suelo casi en tiempo real.
La futura misión europea CO2M, por ejemplo, medirá con gran precisión cuánto dióxido de carbono procede de la actividad humana. Eso permitirá a los gobiernos verificar si sus planes climáticos se cumplen o no. Detrás de cada mapa de contaminación o de cada alerta temprana de incendios hay equipos de ingenieras, físicos, meteorólogas y expertos en datos formados en ciencia y tecnología espacial. Ahí encaja el perfil de quienes hoy se apunten a “Astronauta por un día”.
Durante el año en que actúen como embajadoras y embajadores del espacio, estos 30 jóvenes participarán en actividades de divulgación y sensibilización social. Podrán explicar en primera persona cómo se entrena un vuelo en microgravedad y, sobre todo, por qué el espacio se ha convertido en una herramienta clave para entender y proteger el clima, los mares y los bosques de la Tierra.
Para quien sueña con trabajar algún día en misiones que vigilen incendios, sequías o emisiones desde el espacio, este programa es una especie de primer paso. No garantiza una carrera espacial, pero acerca mucho ese mundo y ayuda a ver la relación directa entre tecnología, ciencia y cuidado del planeta.
La convocatoria oficial del programa “Astronauta por un día”, edición piloto 2026, ha sido publicada en el Boletín Oficial del Estado.











