La ciencia confirma por qué sentimos que el tiempo pasa más rápido a medida que nos hacemos mayores y cómo afecta a nuestro cerebro

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Publicado el: 13 de abril de 2026 a las 15:21
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Reloj antiguo sobre una mesa que simboliza cómo percibimos que el tiempo pasa más rápido con la edad.

A casi todos nos suena la misma frase. “¿En qué momento ya estamos otra vez en abril?”. No es solo estrés ni nostalgia. Un estudio reciente, con escáneres cerebrales y un fragmento de “Alfred Hitchcock Presents”, apunta a un cambio muy concreto en cómo el cerebro organiza lo que vivimos.

La idea principal es sencilla. No vivimos el tiempo como un reloj, sino como una colección de eventos que se van “marcando” en la memoria. Si esos eventos son menos nítidos o menos frecuentes, al mirar atrás el periodo se comprime y parece que los años vuelan.

El tiempo del reloj y el tiempo vivido

El tiempo físico se mide en minutos, pero el tiempo vivido depende de atención, emoción y memoria. Por eso, dos horas en un atasco pueden hacerse eternas y, en cambio, una tarde entretenida se pasa sin darte cuenta.

Esa sensación se ha estudiado con datos. En un trabajo con 499 personas de 14 a 94 años, los investigadores Marc Wittmann y Sandra Lehnhoff observaron que la percepción del paso del tiempo se relaciona con la edad, pero con efectos pequeños o moderados. En sus análisis, la edad explicaba como mucho un 10% de la variación, así que hay más piezas en el puzle.

Un hallazgo nuevo en el cerebro que encaja con la sensación

El 30 de septiembre de 2025, “Communications Biology” publicó un análisis con 577 participantes de 18 a 88 años. Mientras veían un clip de 8 minutos, se registró su actividad cerebral con fMRI y se midieron los cambios entre “estados” neuronales.

El resultado fue llamativo. Con la edad, esos estados duraban más tiempo, lo que implica menos cambios dentro del mismo periodo. El propio artículo resume la idea diciendo que “neural states become significantly longer with increasing age”. Si el cerebro “corta” menos la experiencia en capítulos, no es raro que el recuerdo de un año parezca más corto.

La rutina no acelera el reloj, pero sí la memoria

Además del cerebro, el contexto manda. Un estudio experimental publicado en “Consciousness and Cognition” recuerda que la conciencia de si el tiempo va rápido o lento es muy dependiente de la situación y, en buena parte, de la emoción dominante, por ejemplo el aburrimiento.

Y aquí entra la rutina. Cuando los días son parecidos, el cerebro guarda menos hitos y luego cuesta reconstruir qué hiciste la semana pasada. No es que falten horas, es que faltan “señales” internas para medirlas.

Un paseo entre árboles puede cambiar la percepción

Hay otro detalle que sorprende por lo cotidiano. Un estudio en “Journal of Environmental Psychology” comparó una caminata de 10 minutos en un entorno natural con otra igual de larga en un entorno urbano. En naturaleza, los participantes tendían a sobreestimar la duración, como si el paseo “diera más de sí”.

Además, ese trabajo describe mejoras de ánimo y una reducción del estrés tras caminar en un entorno natural frente a uno urbano. No es magia, pero sí un cambio medible en cómo se siente el tiempo. Y, de paso, es una forma de moverse con menos ruido y menos humos.

La atención plena también aparece en la literatura científica. Una revisión publicada en 2024 reunió 47 estudios sobre mindfulness y percepción del tiempo (con un tamaño muestral combinado de unas 5.800 personas) y concluyó que la relación existe, aunque es compleja y depende de cómo se mida. Dicho de otro modo, cuando estamos más presentes, la experiencia puede volverse más “densa”.

Qué puedes probar esta semana para “estirar” los días

La primera palanca es la novedad. Cambia una ruta, prueba una actividad distinta o aprende algo pequeño que te obligue a prestar atención. Son gestos modestos, pero crean más “marcas” para la memoria.

La segunda palanca es bajar el piloto automático. Un paseo corto sin pantalla, fijándote en sonidos y detalles, puede hacer el día más “denso” por dentro. ¿Qué significa esto en la práctica? Que a veces el descanso empieza antes de llegar a casa.

La tercera es combinar ambas cosas. Salir a un parque, a una vía verde o a un camino cercano y hacerlo con calma (aunque sea media hora) puede ser una forma realista de cuidar la mente y, a la vez, apostar por hábitos más sostenibles.

El estudio más reciente sobre estos cambios cerebrales se ha publicado en Communications Biology.


Adrian Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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