En apenas medio año, un equipo internacional encabezado por el Instituto Nazca de la Universidad de Yamagata ha identificado 303 nuevos geoglifos en el sur de Perú, en el entorno de las célebres líneas de Nazca. La investigación se apoya en un sistema de inteligencia artificial desarrollado con IBM Research, capaz de cribar grandes volúmenes de imágenes y señalar zonas con alta probabilidad de hallazgos, que después fueron confirmados con trabajo de campo.
El resultado, recogido en el artículo “AI-accelerated Nazca survey nearly doubles the number of known figurative geoglyphs and sheds light on their purpose”, sostiene que el ritmo de descubrimiento multiplica de forma notable el método tradicional y permite, además, revisar hipótesis sobre la función de las figuras.
Un mapa nuevo para un paisaje enorme
Las líneas y geoglifos de Nazca y Palpa forman parte del Patrimonio Mundial desde 1994 y se conservan, en buena medida, gracias a la extrema aridez del desierto. La propia UNESCO subraya que el conjunto es un “paisaje indivisible” y atribuye su gestión al Estado peruano a través del Ministerio de Cultura.

En ese marco, el equipo de Yamagata describe un cuello de botella clásico en arqueología del paisaje (la escala). La Pampa de Nazca es vasta y muchas figuras, especialmente las de relieve y menor tamaño, son difíciles de distinguir incluso con fotografías aéreas. El sistema de IA se entrenó para detectar señales muy tenues y priorizar qué puntos debían inspeccionarse primero, con el objetivo de reducir tiempo y costes sin renunciar a la confirmación in situ.
Qué cambia la inteligencia artificial en el caso Nazca
El estudio no presenta la IA como un sustituto del arqueólogo, sino como un acelerador del muestreo. En la síntesis publicada por IBM se afirma que “took nearly a century” documentar 430 geoglifos figurativos y que, con el despliegue del sistema en toda la región, se localizaron 303 nuevos en seis meses de campaña de campo.
Esa ampliación del catálogo permite pasar del hallazgo aislado a un análisis territorial más robusto. Los autores distinguen entre geoglifos de relieve (más pequeños) y geoglifos lineales (más monumentales) y vinculan su emplazamiento a usos distintos. Según el resumen de IBM, los de relieve aparecen de media a 43 metros de antiguos senderos y podrían haber sido concebidos para ser vistos por individuos o pequeños grupos, mientras que los grandes motivos lineales se relacionan con redes geométricas y un posible uso comunitario ritual.
Este matiz es relevante porque desplaza el foco desde el “misterio” abstracto hacia una lectura más sociológica del territorio (quién miraba, desde dónde y para qué). También encaja con una idea que ya había ganado peso en la bibliografía reciente (la coexistencia de funciones, no una explicación única para todo el conjunto).
Para el lector que quiera contrastar el trabajo con fuentes primarias, el proyecto está documentado tanto en la ficha oficial de la UNESCO (World Heritage Centre) como en el comunicado institucional de la Universidad de Yamagata, que enlaza al DOI del artículo científico (Universidad de Yamagata).









