Bajo varios kilómetros de hielo en la capa de Groenlandia, algo se mueve muy despacio. Un nuevo estudio confirma que esas misteriosas estructuras en forma de columnas que se veían en las imágenes de radar no son un fallo del instrumento ni una rareza puntual. Son señales de que, en profundidad, el hielo se está “removiendo” por convección térmica, el mismo proceso físico que agita el manto rocoso de la Tierra.
La investigación, publicada en febrero de 2026 en la revista The Cryosphere, sugiere además que el hielo profundo del norte de Groenlandia es hasta diez veces más blando de lo que se pensaba. Un detalle que puede parecer muy técnico, pero que en realidad tiene que ver con una pregunta muy práctica para millones de personas que viven en la costa. ¿Hasta dónde va a subir el mar?
Columnas ocultas en el hielo
Las extrañas “plumas” se detectaron por primera vez en 2014, cuando el radar aerotransportado empezó a mostrar cómo las capas internas del hielo se curvaban hacia arriba formando columnas gigantes que no coincidían con la forma de la roca del subsuelo. Era como hacer una ecografía al interior del hielo y encontrar bultos donde, en teoría, todo debería estar en capas ordenadas.
Durante años se barajaron explicaciones distintas, desde agua de deshielo que se volvía a congelar hasta zonas resbaladizas que se desplazaban a lo largo de la base de la capa de hielo. Ninguna encajaba del todo con lo que se veía en los perfiles de radar.
El nuevo trabajo, liderado por el geólogo Robert Law en la Universidad de Bergen y con participación del Centro de Vuelo Espacial Goddard de NASA y la Universidad de Oxford, toma un camino diferente. El equipo utilizó ASPECT, un paquete de modelización geodinámica que normalmente se usa para estudiar cómo se mueven los continentes, para simular qué ocurre cuando el hielo se calienta desde abajo por el calor geotérmico.
Cuando introdujeron en el modelo un hielo profundo más blando y una pequeña perturbación de temperatura, aparecieron corrientes ascendentes que se parecían mucho a las plumas observadas en el radar.
“Normalmente pensamos en el hielo como un material sólido, así que el descubrimiento de que partes de la capa de hielo de Groenlandia experimentan convección térmica, pareciéndose a una olla de pasta hirviendo, es tan sorprendente como fascinante”, explica Andreas Born, coautor del estudio. Robert Law lo describe como “un emocionante capricho de la naturaleza”, porque la física que se usa para el manto terrestre funciona también en un material un millón de veces más blando.
Un hielo más blando que cambia cómo se mueve la capa
La capa de hielo de Groenlandia cubre cerca del 80 por ciento de la isla y almacena suficiente agua como para elevar el nivel del mar global unos 7,4 metros si llegara a fundirse por completo. Hoy ya es uno de los mayores contribuyentes al aumento del nivel del mar y lleva más de dos décadas perdiendo masa cada año.
En este contexto, que el hielo profundo sea más blando de lo que asumían muchos modelos no es un detalle menor. Un hielo más blando se deforma con más facilidad por su propio peso, de manera que parte del desplazamiento hacia la costa se produce “por dentro” y no tanto porque la base se deslice sobre la roca.
Los autores señalan que los modelos estándar podrían estar sobreestimando cuánto se desliza la base del hielo y subestimando la deformación interna. Ajustar ese equilibrio puede ayudar a reducir la incertidumbre sobre cuánta agua aportará Groenlandia a los océanos en las próximas décadas. Es una cuestión que, en la práctica, afecta a cosas tan concretas como la altura de los diques necesarios en ciudades costeras o la frecuencia con la que se inundará un paseo marítimo.
No es una alarma nueva, pero sí una pieza clave del puzzle
Que el hielo se mueva por convección no significa automáticamente que vaya a derretirse más rápido. El propio equipo insiste en que “por sí solo, un hielo más blando no necesariamente implica que el nivel del mar vaya a subir más”, y que hace falta más trabajo para separar este efecto de otros procesos que sí aceleran la pérdida de hielo, como el aumento de las olas de calor en el Ártico o el agua oceánica más templada que erosiona los frentes de los glaciares.
Los modelos también muestran que la convección solo aparece en determinadas condiciones. Necesita hielo grueso, relativamente tranquilo y con poca nieve nueva cayendo encima. Por eso las plumas se concentran sobre todo en el norte de Groenlandia, donde el flujo hacia la costa es más lento y el clima es más seco, y son raras en el sur, donde el hielo se mueve más deprisa y la acumulación anual de nieve es mayor.
Quedan preguntas importantes abiertas. Aún no se sabe con precisión cuánto se extienden estas celdas de convección, cuánto tardan en formarse ni cómo interactúan con otras piezas del sistema, desde el agua de deshielo superficial hasta las corrientes oceánicas que rodean la isla. Para responderlas harán falta más campañas de radar, perforaciones profundas y simulaciones numéricas.
Mientras tanto, el mensaje de fondo es claro. La capa de hielo de Groenlandia no es un bloque rígido e inerte, sino un sistema dinámico que responde de forma compleja al calentamiento global. Entender mejor esa física interna no evita que el mar suba, pero puede marcar la diferencia entre prepararse con tiempo o ir siempre un paso por detrás.
El estudio completo, titulado “Exploring the conditions conducive to convection within the Greenland Ice Sheet”, se ha publicado en la revista The Cryosphere.











