La NASA ejecuta la primera evacuación médica desde la ISS: la Crew-11 ameriza en el Pacífico y reabre la pregunta clave sobre cómo “escapar” de una estación a 400 km de altura

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Publicado el: 21 de enero de 2026 a las 08:02
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Estación Espacial Internacional (ISS) en órbita sobre la Tierra, con paneles solares desplegados y el planeta al fondo.

El espacio, a pesar de las fotos bonitas que vemos en Instagram, sigue siendo un lugar hostil. No es un parque temático. Hace apenas unos días, el pasado jueves 15 de enero de 2026, los cuatro astronautas de la Crew-11 tuvieron que vivir en sus propias carnes que la exploración humana no es rutinaria. Tuvieron que evacuar la Estación Espacial Internacional (ISS) y amerizar de emergencia en el Océano Pacífico.

¿El motivo? Una emergencia médica de uno de los tripulantes que no podía tratarse con el botiquín básico de a bordo. Mike Fincke, Zena Cardman, Kimiya Yui y Oleg Platonov tuvieron que volver antes de lo previsto. Y eso se nota en el ambiente.

Esto nos lleva a una pregunta que pocos se hacen hasta que pasa algo: ¿Cómo se escapa de una lata de metal que flota a 400 kilómetros de la Tierra si todo sale mal?

El «taxi» siempre debe estar esperando

Desde que el ser humano empezó a salir al cosmos, la regla de oro ha sido simple pero estricta: nunca te quedes sin transporte.

Jonathan McDowell, del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, lo resume con una claridad aplastante: «El hecho de que siempre tengas una nave de transporte lista para llevarte a casa en casi cualquier momento es una regla básica. Nunca tienes que llamar a un taxi; siempre tienes uno justo ahí si tu estación espacial se daña».

El problema de este sistema es que es un «todo o nada». Si un solo miembro de la tripulación enferma (como ha ocurrido con la Crew-11), todos tienen que volver. No puedes dejar a tres personas arriba sin su bote salvavidas. Sería una sentencia de muerte si ocurriera otra emergencia minutos después de que el enfermo se marchara.

La amenaza invisible de la basura espacial

No obstante, hay escenarios donde el propio «bote salvavidas» es el que sufre daños. Y aquí entramos en un terreno que nos toca de cerca a los que nos preocupa la sostenibilidad: la basura espacial.

Ya no es solo teoría. En noviembre de 2025, los taikonautas de la estación espacial china Tiangong se llevaron un susto de muerte. Descubrieron que las ventanas de su nave habían sido dañadas por un fragmento de chatarra orbital.

El resultado fue que el control de la misión tuvo que enviar una cápsula de reemplazo vacía. La órbita baja de la Tierra se está convirtiendo en un vertedero, y las consecuencias ya las estamos pagando. Un trozo de metal del tamaño de una canica a esas velocidades es, en la práctica, una bala de cañón.

«Ve despacio para ir rápido»

Cuando suena la alarma, el instinto humano es entrar en pánico. Pero en el espacio, el pánico mata.

Los astronautas entrenan hasta la saciedad en simuladores que les lanzan todos los problemas posibles a la vez: fuego, despresurización y fallos eléctricos simultáneos. Meganne Christian, astronauta de reserva de la Agencia Espacial Europea (ESA), cuenta que «está diseñado para ser una situación que nunca sucederá, cruzamos los dedos, pero es para prepararte para la idea de que muchas cosas podrían pasar a la vez».

Nicole Stott, veterana del espacio, tiene un mantra que deberíamos aplicar incluso aquí en la Tierra: «Ve despacio para ir rápido».

Si te aceleras, cometes errores. Si te tomas un segundo para procesar la alarma, te pones la máscara y sigues la lista de verificación, tus posibilidades de sobrevivir se disparan. En el peor de los casos, la tripulación se refugia en su nave, sella la escotilla y evalúa. Si la estación está condenada, pueden estar en la superficie de la Tierra en cuestión de horas.

Marte no perdona

Todo esto funciona relativamente bien en la ISS. Pero, ¿qué pasa cuando vayamos a la Luna o a Marte?

Ahí cambia la película. «Estás hablando de al menos tres o cuatro días desde la Luna, pero cuando hablamos de Marte, vas a tener que esperar dos años para el próximo autobús», advierte McDowell.

En una misión a Marte, una evacuación rápida es imposible. No hay «taxi» que te baje al hospital más cercano. Las futuras naves tendrán que ser autosuficientes, llevando consigo no solo un botiquín, sino un módulo hospitalario completo.

El incidente de la Crew-11 ha sido un recordatorio oportuno. El espacio es maravilloso, pero también es, como dirían en Star Trek, «enfermedad y peligro envueltos en oscuridad y silencio». Y mientras seguimos llenando la órbita de residuos, ese peligro no hace más que aumentar.


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