La próxima vez que veamos imágenes de la Luna puede que salgan de un instrumento muy familiar para cualquiera que tenga un smartphone en el bolsillo. NASA ha confirmado que, por primera vez, sus astronautas podrán volar con teléfonos inteligentes modernos en misiones tripuladas, empezando por la misión Crew 12 a la Estación Espacial Internacional y por Artemis II, el esperado viaje alrededor de la Luna que se ha reprogramado para marzo tras detectarse fugas de hidrógeno en pruebas del cohete SLS.
¿Qué cambia en la práctica para una tripulación que va a pasar diez días en el entorno lunar? Según el administrador de la agencia, Jared Isaacman, el objetivo es que los astronautas tengan en la mano una herramienta conocida para captar momentos personales y compartir imágenes y vídeos inspiradores con la Tierra. En sus palabras, se trata de darles “las herramientas para capturar momentos especiales para sus familias y compartir imágenes y vídeo inspiradores con el mundo” y, al mismo tiempo, acelerar la certificación de hardware moderno para vuelos espaciales.
Hasta ahora, los móviles estaban vetados en las misiones oficiales de la agencia. No era un simple capricho burocrático. Cualquier dispositivo que vuele en una nave tiene que superar pruebas estrictas de inflamabilidad, interferencias electromagnéticas, resistencia a la radiación y fragmentación en microgravedad. Por eso, durante décadas, las tripulaciones han dependido de cámaras específicas, ordenadores robustos y equipos diseñados casi a medida, mientras que la electrónica de consumo se miraba con mucha cautela.
La nueva norma no significa que cada astronauta pueda subir al cohete con el móvil personal que usa en casa. En esta primera fase, la agencia facilitará modelos recientes de iPhone que se han probado para su uso en órbita y en el entorno lunar, y que convivirán con las cámaras profesionales ya previstas. Artemis II llevará a bordo dos cámaras réflex Nikon D5, capaces de grabar vídeo en 4K, además del sistema de comunicaciones ópticas O2O, que utilizará láser para enviar vídeo de alta definición desde la órbita lunar. Los smartphones se suman como complemento flexible para tomas improvisadas y diarios en primera persona.
Artemis II será la primera misión tripulada que viaje hacia la Luna desde el final del programa Apolo en 1972. Cuatro astronautas darán la vuelta al satélite sin alunizar, en un vuelo de unos diez días pensado para poner a prueba el cohete SLS, la nave Orión y los sistemas de soporte vital, navegación y comunicaciones en espacio profundo. Problemas con fugas de hidrógeno durante un ensayo de carga de combustible obligaron a mover la ventana de lanzamiento a marzo, un retraso que la agencia interpreta como parte normal de la depuración de un sistema tan complejo.
Además de la parte técnica hay un componente humano que no es menor. Pasar días en una cápsula pequeña, lejos de casa y con un nivel de estrés alto, pesa psicológicamente. Poder grabar un vídeo rápido para la familia o hacer una foto menos “oficial”, sin depender siempre de un protocolo de cámara profesional, puede ayudar a reducir esa distancia emocional. Algo tan cotidiano como girar el móvil y grabar un mensaje puede convertirse en una válvula de escape en mitad de un viaje histórico.
Para quienes miran desde la Tierra, la novedad abre la puerta a una forma distinta de ver el espacio. Las cámaras de a bordo ya ofrecerán vistas espectaculares de la Luna y de la propia nave, pero los smartphones permiten un tipo de relato más cercano, casi de “vídeo de vacaciones” en órbita. No es poca cosa. Imágenes como la famosa Earthrise de Apolo 8 o la Blue Marble de Apolo 17 se consideran, en gran medida, desencadenantes del movimiento ambiental moderno al mostrar la fragilidad del planeta frente al fondo negro del espacio.
Si Artemis II consigue devolver nuevas vistas de la Tierra y de la Luna, tomadas con esa mirada más cotidiana, es razonable pensar que muchas de ellas acabarán circulando por redes sociales y medios y reforzando, una vez más, la idea de que habitamos un mundo único y limitado, vulnerable al cambio climático y a la degradación ambiental. Es la misma esfera azul de siempre, pero vista desde un dispositivo que cualquiera reconoce al instante. Y eso se nota.
Quedan preguntas en el aire sobre cómo se gestionará el uso de estos móviles en pleno vuelo. La agencia ha dejado claro que seguirán existiendo normas estrictas sobre cuándo se pueden encender, qué aplicaciones estarán permitidas y cómo se protegerán los datos, igual que ocurre con cualquier equipo de a bordo. En el fondo, la decisión no convierte a las misiones en un reality, sino que actualiza una parte muy visible del equipamiento para que no vaya décadas por detrás de lo que ya usamos en la Tierra.
En resumen, el giro de política supone un pequeño paso tecnológico y un gran cambio simbólico. El regreso de los humanos al entorno lunar llegará acompañado de herramientas de nuestro día a día, capaces de acercar aún más esa experiencia a millones de personas y de reforzar el vínculo entre exploración espacial y conciencia sobre el planeta que dejamos atrás, al menos durante unos días.
El anuncio oficial de esta medida se ha hecho público en la cuenta del administrador de la agencia en X.
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