Durante meses, el asteroide 2024 YR4 fue uno de esos objetos espaciales capaces de convertir una cifra pequeña en una noticia enorme. La fecha que se vigilaba era el 22 de diciembre de 2032, pero la conclusión actual de la NASA es clara: no hay un riesgo significativo de impacto contra la Tierra en 2032 ni en los años posteriores.
La historia, aun así, merece atención. No porque vayamos a ver una roca espacial cayendo sobre nuestras ciudades, sino porque muestra cómo funciona la defensa planetaria cuando el reloj parece empezar a correr. Primero salta una alerta. Después llegan más telescopios, más datos y, casi siempre, menos incertidumbre.
Qué ha cambiado
El 2024 YR4 es un asteroide cercano a la Tierra, es decir, un objeto cuya órbita lo acerca a la región del espacio por la que se mueve nuestro planeta. Cuando fue descubierto, las primeras mediciones dejaron abierta una pequeña posibilidad de impacto el 22 de diciembre de 2032.
Con más observaciones, esa posibilidad se fue afinando hasta quedar descartada como amenaza significativa. En la práctica, esto significa que no hay que prepararse para un choque con la Tierra por este asteroide. Y eso cambia por completo el tono de la noticia.
Por qué saltó la alerta
La alarma no apareció de la nada. El 29 de enero de 2025, la Red Internacional de Alerta de Asteroides informó de una probabilidad de impacto del 1,3% para el 2024 YR4, con una fecha concreta de posible impacto en diciembre de 2032. También estimó entonces un tamaño probable de entre 40 y 90 metros.
Ese 1% es importante. Según la propia IAWN, superar ese umbral activa la notificación formal cuando el objeto tiene un tamaño suficiente como para causar efectos en caso de entrada en la atmósfera. No significa «impacto seguro». Significa «hay que mirar mejor».
El tamaño real
Al principio, el tamaño del asteroide se estimó con telescopios terrestres y luz visible. Después, el telescopio espacial James Webb ayudó a reducir la incertidumbre y la NASA situó el diámetro del 2024 YR4 entre 53 y 67 metros, aproximadamente el tamaño de un edificio alto.
Este dato no es un detalle menor. En un asteroide, unos pocos metros más o menos cambian mucho el cálculo de energía, daños y comportamiento al entrar en la atmósfera. Es como pasar de una tormenta fuerte a una muy fuerte. Se parecen, pero no son lo mismo.
Qué habría pasado si impacta
La NASA explica que, para un objeto de este tamaño, un estallido en el aire era un escenario probable. Si hubiera entrado sobre el océano, los modelos indicaban que era poco probable que generase un tsunami significativo.
Si el estallido se hubiese producido sobre una zona poblada, un objeto en la parte baja del rango, de unos 40 a 60 metros, podría haber roto ventanas o causado daños estructurales menores en una ciudad. En el caso menos probable de un tamaño cercano a los 90 metros, los daños podrían haber sido más serios en zonas urbanas.
La Luna también queda fuera
Durante un tiempo, el foco se movió de la Tierra a la Luna. Aunque el impacto terrestre quedó descartado, quedaba una probabilidad lunar que llegó a preocupar a los equipos de seguimiento.
La actualización más reciente también cerró esa puerta. La NASA informó en marzo de 2026 de que nuevas observaciones del James Webb, tomadas los días 18 y 26 de febrero, permitieron descartar un impacto lunar en 2032. El asteroide pasará a unos 21.200 kilómetros de la superficie de la Luna, según esos cálculos.
La ESA llegó a la misma conclusión. Su oficina de defensa planetaria señaló que el riesgo lunar había sido eliminado y que el 2024 YR4 pasará a más de 20.000 kilómetros de la Luna. No es poca cosa, porque también protege la infraestructura espacial que depende de ese entorno.
Cómo se corrige una predicción
Las probabilidades de impacto no son números grabados en piedra. Cambian porque la órbita se calcula con observaciones, y cada nueva medición reduce la zona de incertidumbre. Dicho de forma sencilla, al principio se sabe que el objeto pasará por una región amplia; después se va cerrando el mapa.
El sistema Sentry de la NASA escanea de forma automática el catálogo de asteroides y busca posibles impactos futuros durante los próximos 100 años. Cuando un objeto deja de mostrar escenarios de impacto, puede desaparecer de la tabla de riesgo.
Por eso una subida inicial no debe leerse como una sentencia. A veces la probabilidad aumenta durante unos días porque el margen de error se cruza con la Tierra. Luego, con más datos, esa misma línea se aparta.
Qué enseña esta alerta
El caso del 2024 YR4 enseña algo bastante tranquilizador. Los protocolos internacionales funcionaron, los observatorios siguieron el objeto y las agencias publicaron actualizaciones conforme mejoraban los datos. No hubo que lanzar una misión de desvío ni preparar medidas extremas.
También deja una lección para el futuro. La defensa planetaria no consiste solo en mirar al cielo, sino en medir bien, compartir datos y explicar sin alimentar el miedo. Porque una cosa es vigilar una amenaza posible y otra muy distinta es anunciar el fin del mundo.
El comunicado oficial más reciente de la NASA.



