La nave espacial Chrysalis va a mandar a 1.000 humanos a ‘Próxima Centauri b’, un exoplaneta habitable a 39 billones de kilómetros de la Tierra

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Publicado el: 11 de marzo de 2026 a las 22:02
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Ilustración de la nave generacional Chrysalis diseñada para viajar 400 años hasta el exoplaneta Próxima Centauri b.

Un cilindro de 58 kilómetros de largo, capaz de albergar hasta 2.400 personas durante un viaje de unos 400 años hacia Próxima Centauri b, el exoplaneta potencialmente habitable más cercano a la Tierra. Ese es el concepto de Chrysalis, la nave generacional que ha ganado el concurso internacional Project Hyperion, impulsado por la británica Initiative for Interstellar Studies (i4is).

Sobre el papel, Chrysalis podría recorrer unos 40 billones de kilómetros hasta el sistema Alpha Centauri, a unos 4,2 años luz de distancia, y dejar a varias generaciones de tripulantes en Próxima Centauri b. La pregunta incómoda llega sola. ¿Estamos diseñando naves para huir del planeta o laboratorios extremos para aprender a cuidarlo mejor?

Una ciudad cerrada que lo recicla todo

El concurso pedía imaginar un hábitat capaz de sostener entre 500 y 1.500 personas durante siglos, con gravedad artificial por rotación y sistemas robustos de agua, alimentos, residuos y atmósfera. Chrysalis lleva esa idea al límite.

Su interior se organiza en cinco capas concéntricas, algo así como una muñeca rusa espacial. La más cercana al núcleo se dedica a producir comida, con cultivos, hongos, insectos, microbiota y hasta bosques tropicales y boreales para preservar biodiversidad. A continuación aparecen parques, escuelas, bibliotecas y hospitales. Luego vienen las viviendas, después las zonas de trabajo donde se fabrican estructuras, medicamentos y se gestiona el reciclaje, y por último una capa exterior pensada como gran almacén de materiales y equipos, gestionada en buena parte por robots.

Todo se alimenta con reactores de fusión nuclear todavía hipotéticos y con un sistema de reciclaje extremo que no permite malgastar ni una gota de agua ni un gramo de materia. Según los ingenieros, la población estable rondaría las 1.500 personas, con nacimientos planificados para no rebasar los límites de los recursos. En la práctica, sería una ciudad circular y autosuficiente flotando en el espacio.

Entrenamiento en la Antártida y dilema ético

La vida a bordo no empieza en el espacio. El equipo propone que las primeras generaciones pasen entre 70 y 80 años en una base aislada en la Antártida, para acostumbrarse al encierro y a un entorno controlado antes de despegar. Después, ya no habría vuelta atrás. Quien nazca en Chrysalis vivirá y morirá allí, sin pisar nunca la Tierra ni el planeta de destino.

Aquí es donde el proyecto choca de frente con la ética. Las mil o dos mil personas que decidan embarcar lo harán libremente, pero sus descendientes no habrán elegido dejar el planeta. Tampoco podrán cambiar de plan si algo se tuerce. Todo en un entorno donde cada respiración depende de que funcionen bien el reciclaje, la energía y la convivencia.

¿Ensayo para huir o manual para vivir con menos?

Desde la propia i4is recuerdan que Project Hyperion «no fue solo un concurso de diseño», sino un ejercicio para entender si una civilización puede vivir, aprender y evolucionar en un entorno con recursos muy limitados, y que las lecciones pueden servir también para el futuro en la Tierra.

En el fondo, Chrysalis es una metáfora llevada al extremo de algo que ya conocemos. Ciudades que dependen de energía fósil, agua cada vez más escasa y toneladas de residuos que se acumulan. La nave obliga a poner números claros a esa dependencia. Si el reciclaje falla, si la energía limpia no llega, si la población crece por encima de lo que el sistema soporta, la misión se hunde. En el espacio y aquí abajo.

La idea de una mega nave rumbo a otro mundo puede sonar a escapatoria frente a la crisis climática, la pérdida de biodiversidad o la contaminación. Pero los propios requisitos del diseño recuerdan que cualquier apuesta interestelar pasa, sí o sí, por dominar antes los ciclos cerrados de energía y materiales, justo lo que necesitamos para estabilizar el clima, reducir emisiones y vivir dentro de los límites del planeta.

Al final, Chrysalis no deja de ser un concepto sobre el papel. La tecnología clave, desde los motores de fusión hasta la construcción de una estructura de 58 kilómetros en órbita, está muy lejos. Lo que sí está sobre la mesa hoy mismo es la urgencia de aplicar en nuestras ciudades algo de esa lógica de nave generacional que no puede permitirse desperdiciar nada.

El comunicado oficial puede consultarse en la página de Project Hyperion – Winners Announced.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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