Las plantas no son lo que creías: los científicos capturan en tiempo real una función digna de los seres humanos

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Publicado el: 1 de febrero de 2026 a las 18:48
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Científica analiza plantas vivas en laboratorio para estudiar cómo regulan el intercambio de agua y CO₂

¿Y si pudiéramos ver cómo una planta decide, segundo a segundo, cuánta agua gastar y cuánto CO₂ captar para crecer? Esa es la ventana que abre Stomata In-Sight, un nuevo dispositivo del tamaño de la palma de la mano que permite observar en directo las “bocas” microscópicas de las hojas mientras se mide con precisión el intercambio de gases con la atmósfera.

El sistema ha sido desarrollado por un equipo de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y se describe en un estudio de acceso abierto en la revista Plant Physiology. La herramienta combina un microscopio láser avanzado, sensores de intercambio de gases y un pequeño recinto climático para seguir a la vez cómo se abren y cierran los estomas del maíz y cuánto CO₂ y vapor de agua entran y salen de la hoja.

Las “bocas” de las hojas que conectan las cosechas con el clima

Las hojas de casi todas las plantas terrestres están cubiertas de diminutos poros llamados estomas, que funcionan como válvulas. Cuando se abren, la planta deja entrar CO₂ para hacer la fotosíntesis, pero al mismo tiempo pierde agua en forma de vapor. Cuando se cierran, ahorra agua, aunque a costa de frenar el crecimiento.

En la práctica, esos poros mandan sobre dos cosas que nos afectan a todos. Por un lado, el rendimiento de cultivos como el maíz o el trigo. Por otro, la cantidad de agua que pasa del suelo al aire, algo que influye en olas de calor, sequías y en cómo se recargan los acuíferos. Entender mejor cómo funcionan no es un detalle académico, es tocar el “grifo” biológico del agua en plena crisis climática.

Tres tecnologías en una caja del tamaño de la mano

El reto técnico llevaba décadas sobre la mesa. Con los métodos clásicos, los científicos podían hacer fotos de los estomas con microscopio o medir el intercambio de gases de la hoja, pero no las dos cosas a la vez en condiciones realistas. De ahí la frase del equipo de Illinois, que resume bien el problema, “Traditionally, we have had to choose between seeing the stomata or measuring their function”.

Stomata In-Sight junta en un solo equipo tres piezas clave. Un microscopio confocal que toma imágenes en alta resolución de estomas vivos sin tener que cortar la hoja. Un sistema comercial de intercambio de gases que registra cuánta agua transpira la planta y cuánto CO₂ está usando para fotosintetizar. Y un pequeño compartimento donde se controlan la luz, la temperatura, la humedad y el nivel de CO₂ como si fuera una mini cámara climática.

Sobre esas imágenes se aplica además un modelo de visión artificial basado en aprendizaje automático. El software reconoce de forma automática decenas de estomas en cada toma y mide el área y la forma de los poros, así como el tamaño de las células que los rodean, con una precisión comparable a la de un observador humano pero mucho más rápida.

Lo que han visto en las pruebas con hojas de maíz

Para poner a prueba el sistema, el equipo trabajó con hojas de maíz. Colocaron un pequeño fragmento de hoja en la cámara y lo sometieron a cinco condiciones estables que combinaban oscuridad o luz intensa con diferentes concentraciones de CO₂ ambiental, más baja y más alta. En cada estado midieron simultáneamente la conductancia estomática, es decir, lo fácil que resulta el paso de gases, y el área de apertura de unos cuarenta estomas.

En oscuridad, casi todos los estomas permanecieron cerrados y la conductancia fue prácticamente nula, algo parecido a una respiración en pausa. Bajo luz intensa, la apertura media de los poros aumentó de forma clara y la conductancia se duplicó cuando se redujo el CO₂ en el aire alrededor de la hoja, lo que indica que la planta abría más sus “bocas” para captar el carbono que necesitaba. Al subir el CO₂, aproximadamente la mitad de los estomas se cerraron y la conductancia volvió a caer.

Lo interesante es que las estimaciones de conductancia calculadas a partir del área de los poros y de la densidad de estomas coincidieron muy bien con los valores medidos por los sensores de gas, explicando alrededor de un 85 por ciento de la variación observada. En otras palabras, la herramienta consigue traducir imágenes microscópicas en números que describen el comportamiento real de la hoja.

Por qué esto importa para la agricultura y el agua

La parte más ecológica de la historia está en lo que viene después. Saber exactamente cómo reaccionan los estomas a cambios de luz, calor, sequía o CO₂ permite identificar qué combinaciones de tamaño, número y forma dan plantas que crecen bien pero gastan menos agua. Ese equilibrio se conoce como eficiencia en el uso del agua y es una de las grandes metas de la agricultura en un clima más cálido y seco.

Para un agricultor, eso se traduce en cultivos que aguantan mejor las olas de calor, necesitan menos riegos y mantienen la producción cuando el agua escasea. Para el sistema climático, significa campos que transpiran de forma más predecible, algo importante cuando cada gota cuenta y la factura del agua y de la energía para bombearla se dispara. Los autores señalan que herramientas como Stomata In-Sight pueden orientar el desarrollo de variedades de maíz, sorgo o caña de azúcar con estomas “más listos” que abren y cierran en el momento justo.

Un laboratorio en miniatura con vistas al futuro

De momento, el dispositivo es un prototipo de laboratorio, no una máquina que vaya a aparecer mañana en las cooperativas o en los invernaderos comerciales. El desarrollo ha llevado varios años de trabajo, múltiples versiones y una buena dosis de ensayo y error para lograr que el microscopio y el sistema de gases funcionen sin interferencias en un volumen tan pequeño.

El siguiente paso será aplicar esta “superlupa” a más especies y a líneas de mejora genética que ya están en marcha, así como afinar los modelos de aprendizaje automático para reducir aún más la incertidumbre. A medio plazo, el equipo plantea automatizar parte del proceso con robótica y sistemas de inteligencia artificial que permitan analizar miles de hojas de forma casi rutinaria, acelerando la selección de cultivos más resilientes.

En un planeta donde el agua se ha convertido en el factor que más limita las cosechas, poder ver en tiempo real cómo una planta abre o cierra sus estomas deja de ser una curiosidad de laboratorio y se convierte en una herramienta estratégica para protege ralimentos, suelos y ecosistemas.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Plant Physiology.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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