En una isla volcánica perdida en medio del Atlántico, las tortugas verdes siguen cavando sus nidos como llevan haciendo millones de años. La diferencia es que ahora, junto a la arena y las conchas, están enterrando fragmentos de “roca de plástico” que ya forman parte del propio ciclo geológico de la Tierra.
Un equipo de la Universidad Estatal Paulista ha seguido durante cinco años las playas de la isla brasileña de Trindade, a unos mil cien kilómetros de la costa, uno de los grandes santuarios de anidación de la tortuga verde. El nuevo estudio en la revista Marine Pollution Bulletin confirma que los nidos actúan como trampas donde se acumulan y quedan enterrados estos materiales híbridos hasta unos diez centímetros de profundidad, algo que antes solo se intuía.
Los científicos hablan de “piedras antropogénicas” y plastiglomerados, mezclas sólidas en las que el plástico derretido se comporta como un pegamento que une arena, conchas y fragmentos de roca. En la práctica es como si los restos de redes y cabos se hubieran convertido en un cemento artificial que fabrica una nueva “roca” en la misma orilla.
Los análisis químicos identifican plástico de alta densidad usado en cabos y redes marinas, junto con tintes que contienen cobre, responsables del característico tono verdoso. Esto apunta de manera directa a actividades como la pesca y el tráfico marítimo como origen de una contaminación que alcanza incluso a un área protegida sin población civil permanente.
Las primeras rocas de plástico se localizaron en 2019 en un pequeño sector de la playa Parcel das Tartarugas. Con la erosión han perdido en torno a la mitad de su superficie y se han fragmentado en piezas cada vez más pequeñas, que hoy aparecen en al menos seis playas diferentes de la isla.
Esos fragmentos no se reparten al azar. El seguimiento muestra que buena parte de los macroplásticos y microplásticos acaba en las depresiones donde las tortugas excavan sus nidos, quedando casi inmóviles bajo la arena y protegidos del oleaje, lo que favorece su conservación a muy largo plazo.
La primera autora del trabajo recuerda que uno de los criterios para reconocer el Antropoceno como nueva época geológica es la presencia de materiales humanos enterrados en los sedimentos. Según explica, encontrar estas piedras plásticas en los nidos señala “un punto de acumulación potencial para el próximo millón de años” y al mismo tiempo compromete la conservación de la especie, también por posibles cambios en las propiedades de la arena donde se incuban los huevos.
No es un caso aislado. Otros estudios en playas de Indonesia han descrito plastiglomerados formados por la quema descontrolada de residuos plásticos que concentran niveles altos de contaminantes orgánicos persistentes y actúan como fuente continua de microplásticos para los ecosistemas costeros.
Por eso estas rocas de plástico son algo más que una curiosidad geológica. El equipo insiste en la necesidad de reforzar la gestión del plástico, en especial de las cuerdas marinas, y de priorizar la limpieza de playas donde anidan especies vulnerables como la tortuga verde, incluso si están a miles de kilómetros de nuestras costas urbanas.
El estudio científico completo se ha publicado en la revista Marine Pollution Bulletin.









