Lo que circula por tu sangre podría estar dañando tu corazón y tus vasos sanguíneos sin que te des cuenta

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Publicado el: 31 de enero de 2026 a las 09:37
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Proteínas en la sangre asociadas al envejecimiento de los vasos sanguíneos y el corazón

Todos conocemos a alguien que dice que a partir de los 50 el cuerpo ya no responde igual. No es solo una sensación. Un equipo internacional ha seguido durante cinco décadas las proteínas de 13 órganos humanos y ha visto que el envejecimiento se acelera alrededor de esa edad, y que cada órgano lleva su propio ritmo, con los vasos sanguíneos en cabeza.

En lugar de fijarse en arrugas, canas o en lo que marca la báscula, los científicos han mirado al proteoma, el conjunto de proteínas que fabrica y usa nuestro cuerpo en cada momento. Es como pasar del calendario colgado en la pared al cuentakilómetros real de cada órgano.

Un mapa de 50 años de envejecimiento humano

El trabajo, liderado por Yingjie Ding y Guang Hui Liu en la Academia China de Ciencias, analizó 516 muestras de 13 tipos de tejido, procedentes de 76 personas de entre 14 y 68 años que murieron por lesiones cerebrales accidentales. En esas muestras cuantificaron más de 12 700 proteínas con espectrometría de masas de alta resolución y registraron también el ARN de los mismos tejidos.

Con esa información construyeron un atlas dinámico del envejecimiento humano. Vieron que, con los años, se va rompiendo la sincronía entre lo que “dicen” los genes y las proteínas que se producen de verdad, un fenómeno llamado desacoplamiento transcriptoma proteoma. A la vez se deterioran los sistemas de control de calidad de las proteínas y se acumulan agregados como ciertos amiloides vinculados a inflamación crónica.

Dicho de forma sencilla, el ADN puede seguir dando las instrucciones correctas, pero las fábricas celulares cada vez interpretan peor la partitura. Y eso, tarde o temprano, se nota.

Qué son los relojes proteómicos

A partir de estos cambios, el equipo entrenó modelos de inteligencia artificial que actúan como relojes específicos para cada órgano. El algoritmo aprende qué combinación de proteínas caracteriza un tejido joven y cómo va cambiando con la edad, y con esa firma calcula una edad biológica para ese órgano. La precisión es alta, con correlaciones entre edad real y edad estimada que van aproximadamente de 0,74 a 0,95 según el tejido.

En la práctica, esto significa que una misma persona puede tener 52 años en el DNI y, sin embargo, un hígado que “parece” de 48, una piel de 55 y unos vasos sanguíneos más envejecidos de lo que marca el calendario. Estos relojes proteómicos se suman a otros relojes biológicos ya conocidos, como los que se basan en cambios químicos en el ADN, pero con una ventaja evidente, trabajan directamente con las moléculas que sostienen el día a día de las células.

Los vasos sanguíneos, los más madrugadores

Cuando los investigadores dejaron que estos relojes funcionaran sobre los datos, apareció un patrón muy claro. En la mayoría de órganos, las curvas de envejecimiento se empinan en torno a los 50, con un tramo especialmente activo entre los 45 y los 55 años. No es que antes no pase nada, pero a partir de esa franja el desgaste molecular se acelera.

Los vasos sanguíneos destacaron como uno de los tejidos que envejecen antes y más deprisa. La aorta, la gran autopista que lleva sangre del corazón al resto del cuerpo, mostró el remodelado proteico más intenso, con desviaciones respecto al perfil juvenil ya desde la treintena y un salto claro en la cincuentena. El equipo la describe como un posible “senohub”, un órgano especialmente sensible al desgaste que, además, envía señales de envejecimiento al resto del organismo.

Para entender mejor esas señales, los científicos identificaron un conjunto de proteínas secretadas que aumentan con la edad tanto en la aorta como en el plasma sanguíneo. A ese grupo lo llaman “senoproteínas”. Una de las más llamativas es GAS6. En células vasculares humanas cultivadas en el laboratorio, GAS6 desencadena marcadores típicos de envejecimiento y pérdida de función. Cuando se inyecta en ratones de mediana edad, provoca en pocas semanas inflamación vascular y deterioro físico general, como si su reloj biológico hubiera dado un salto hacia delante.

Otra proteína, GPNMB, también asociada a vasos envejecidos, fue capaz de inducir fragilidad, inflamación y daños en varios tejidos en modelos animales. Todo ello encaja con el modelo que proponen los autores, un “desequilibrio proteico con centro vascular” en el que las arterias actúan como nodo que coordina el envejecimiento del resto del cuerpo a través de factores circulantes.

Qué significa para tu salud y qué falta por saber

La gran idea que deja este trabajo es que el envejecimiento humano no avanza de forma uniforme. Llega en oleadas. Hay órganos, como la glándula suprarrenal o los grandes vasos, que empiezan a apartarse del perfil juvenil ya hacia los 30 y que, a partir de los 50, disparan una cascada de cambios que se propaga al resto del organismo.

Esto no significa que cumplir 50 años sea una especie de abismo. La propia Maja Olecka, investigadora del Instituto Leibniz sobre el Envejecimiento, que comentó el estudio sin formar parte de él, advertía que “es difícil sacar una conclusión general sobre el momento exacto de esos puntos de inflexión” y que harán falta muestras más amplias antes de hablar de una edad crítica cerrada.

Los resultados sí refuerzan algo que la medicina lleva tiempo repitiendo, que proteger el sistema cardiovascular en la mediana edad tiene un efecto desproporcionado en la salud futura. Si las arterias funcionan como amplificador del desgaste, todo lo que ayude a mantenerlas sanas, desde controlar la tensión y el colesterol hasta moverse más y evitar el tabaco, puede reducir parte del ruido que estas “senoproteínas” generan en el resto del cuerpo.

También conviene tener en cuenta las limitaciones. Todas las muestras proceden de personas de ascendencia china, fallecidas por daño cerebral agudo, y el atlas cubre solo de los 14 a los 68 años. No sabemos aún si los mismos ritmos se repetirán en otras poblaciones, ni qué sucede después de los 70. De momento, estos relojes proteómicos son herramientas de investigación, no pruebas clínicas rutinarias, aunque ya se usan en otros estudios para relacionar edad biológica con riesgo de enfermedades y mortalidad.

Con todo, este mapa basado en proteínas ofrece por primera vez una visión de conjunto de cómo y cuándo se descompensan nuestros órganos. Y lanza un mensaje sencillo que cualquiera puede entender, que cuidar las arterias, la inflamación de baja intensidad y la salud metabólica antes y durante la cincuentena es una inversión importante para llegar mejor a las décadas siguientes.El estudio completo ha sido publicado en la revista científica “Cell”.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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