Más de 150 años después de desaparecer, las tortugas gigantes vuelven a pisar Isla Floreana. La Dirección del Parque Nacional Galápagos ha liberado 158 juveniles de entre 8 y 13 años, descendientes de la antigua tortuga de Floreana, dentro de un proyecto que busca restaurar la isla y reintroducir hasta doce especies que se habían perdido.
Durante décadas, esta isla vivió sin sus grandes jardineras naturales. Hoy esos caparazones vuelven a asomar entre matorrales y zonas húmedas. ¿Qué cambia a partir de ahora? Mucho más de lo que parece.
De la extinción a una segunda oportunidad
Hasta mediados del siglo XIX, miles de tortugas recorrían Floreana y eran una fuente de alimento fácil para marineros y colonos. La sobreexplotación, sumada a la introducción de cabras, cerdos y otros animales, borró del mapa a la subespecie Chelonoidis niger niger, considerada extinguida desde hace más de siglo y medio.
En 2008 llegó la sorpresa. En el volcán Wolf, en la isla Isabela, un equipo científico encontró tortugas híbridas con un porcentaje alto de ascendencia de la tortuga original de Floreana. Probablemente eran descendientes de animales trasladados entre islas como provisión viva en el siglo XIX, cuyos genes quedaron mezclados pero no del todo borrados.
Ese hallazgo permitió diseñar un programa de cría selectiva. Veintitrés tortugas con mayor parentesco genético con la antigua población se convirtieron en la base de una retrocruza dirigida a recuperar ese linaje. Desde 2017 el programa ha producido más de 600 crías y una parte importante ya tiene tamaño y robustez suficientes para sobrevivir en libertad. Las 158 jóvenes liberadas ahora son la primera entrega de varias sueltas previstas para esta década.
Ingenieras del ecosistema
Las tortugas gigantes son mucho más que un icono turístico. Al desplazarse abren claros en la vegetación, al pastar controlan algunas plantas dominantes y al digerir frutos dispersan semillas a grandes distancias. En la práctica, actúan como ingenieras del ecosistema y mantienen mosaicos de hábitats donde prosperan aves, reptiles, invertebrados y vegetación nativa.
Su ausencia durante más de cien años alteró esa dinámica. Floreana fue una de las primeras islas colonizadas de las Islas Galápagos y sufrió con especial fuerza la llegada de especies invasoras como cabras, burros, gatos asilvestrados y roedores. Estos animales compitieron por el alimento y depredaron huevos y crías de fauna endémica, en especial de aves marinas y paseriformes.
Por eso, antes de devolver a las tortugas había que despejar el terreno. En 2023 se culminó una campaña para eliminar la mayoría de ratas y gatos asilvestrados, dentro de un esfuerzo de restauración que llevaba más de una década preparándose. Los técnicos ya observan señales de recuperación, con aumentos en poblaciones de pinzones terrestres pequeños, caracoles y reptiles nativos. La alfombra ecológica estaba lista para recibir a las nuevas habitantes de caparazón.
Un proyecto pensado para varias generaciones
La selección de las zonas de suelta ha tenido en cuenta la disponibilidad futura de agua y alimento, con ayuda de modelos climáticos y datos de satélite que anticipan cómo pueden cambiar la vegetación y la humedad. Parte de esa información procede de misiones de observación de la Tierra que permiten localizar las áreas donde las tortugas encontrarán comida, agua y lugares de nidificación incluso en escenarios de cambio climático. Si las tortugas pueden vivir más de cien años, el paisaje que encontremos en 2100 dependerá en buena medida de las decisiones que se están tomando ahora.
A medio plazo, los responsables del proyecto esperan reforzar la población de tortugas y sumar otras especies clave, como el sinsonte de Floreana y varias aves y reptiles endémicos, dentro del mismo marco de restauración ecológica. Cada paso se apoya en estudios de hábitat, seguimiento científico y una gestión adaptativa que irá ajustando el plan según respondan los ecosistemas.
Para la pequeña comunidad humana de la isla, que ronda los 160 habitantes, este regreso también abre una ventana de oportunidades. Un ecoturismo mejor planificado, empleo en tareas de conservación y una agricultura más alineada con la protección de la biodiversidad pueden reforzarse mutuamente. No se trata de volver al pasado, sino de construir un nuevo equilibrio entre la vida de la gente y la vida salvaje.
El comunicado oficial sobre la vuelta de las tortugas gigantes a Floreana se ha publicado en la nota Giant tortoises return to Floreana.












