En el mapa de España, los grandes embalses vuelven a teñirse de azul oscuro. Tras una cadena de borrascas muy lluviosas, la reserva hídrica está al 77,3 por ciento de su capacidad total, con 43.341 hectómetros cúbicos almacenados según el último boletín del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
No es poca cosa. En un país que alterna restricciones de riego, pueblos mirando al cielo y, de repente, ríos desbordados, estos grandes pantanos funcionan como un enorme colchón entre la sequía y la inundación. España cuenta con 374 embalses de regulación para agua de consumo, con una capacidad total de unos 56.000 hectómetros cúbicos, cerca de la mitad del caudal fluvial del país.
Dentro de esa red, hay diez gigantes que concentran buena parte del agua embalsada. Saber dónde están y qué función cumplen ayuda a entender por qué cuando abrimos el grifo o miramos la factura de la luz, en realidad dependemos de lo que pase en unos pocos valles muy concretos.
Los diez gigantes del agua
Según los datos oficiales recogidos en el Inventario de Presas y Embalses y compilados por distintos análisis divulgativos recientes, el ranking de capacidad lo lideran estos embalses.
- Embalse de La Serena Badajoz Capacidades en torno a 3.219 hectómetros cúbicos. Entró en servicio a finales de los años ochenta y es el embalse de mayor superficie de lámina de agua de España y el tercero de Europa.
- Embalse de Alcántara Cáceres Capacidad cercana a 3.160 hectómetros cúbicos. Es una de las grandes piezas del sistema hidroeléctrico del Tajo.
- Embalse de Almendra Salamanca En torno a 2.648 hectómetros cúbicos. Destaca tanto por volumen como por la altura de su presa, una de las mayores de Europa.
- Embalse de Buendía Capacidad aproximada de 1.705 hectómetros cúbicos y pieza clave en la regulación del Tajo medio.
- Embalse de Mequinenza Con unos 1.530 hectómetros cúbicos, es conocido también por su potencial hidroeléctrico y como destino de pesca deportiva.
- Embalse de Cíjara Supera los 1.500 hectómetros cúbicos de capacidad y forma, junto a La Serena, uno de los grandes sistemas de regulación del Guadiana.
- Embalse de Valdecañas En torno a 1.446 hectómetros cúbicos. Combina usos de abastecimiento, regadío, producción eléctrica y turismo interior.
- Embalse de Ricobayo Capacidad aproximada de 1.200 hectómetros cúbicos y pieza histórica del sistema hidroeléctrico del Duero.
- Embalse de Alarcón Algo más de 1.100 hectómetros cúbicos, fundamental para el regadío y el abastecimiento en la cuenca del Júcar.
- Embalse de Iznájar Cerca de 981 hectómetros cúbicos. Se le conoce como el mayor “lago interior” de Andalucía y es clave para el sistema del Guadalquivir.
Juntos, estos diez embalses suman casi una cuarta parte de todo el volumen útil embalsado de España. Cuando suben o bajan de nivel, el impacto se nota río abajo, en los cultivos, en los caudales ecológicos y, en buena medida, en la seguridad hídrica de millones de personas.
De la sequía extrema al llenado récord en pocos años
La cara amable de este invierno es evidente. La Serena, que en 2022 apenas rondaba el 16 por ciento de su capacidad en plena sequía, hoy se mueve cerca del llenado y ha tenido que abrir compuertas para derivar caudales hacia el Zújar.
Ese contraste lo ilustra bien una imagen mental. Hace dos veranos, en muchas orillas de estos grandes embalses se veían más piedras que agua y pueblos enteros recuperaban iglesias emergidas. En febrero de 2026, tras varias borrascas encadenadas, los embalses españoles han ganado más de 10.000 hectómetros cúbicos en cuestión de semanas, una subida que bate récords de la serie reciente.
La cuenca del Guadiana, donde se sitúan La Serena y Cíjara, pasó en 2022 por mínimos históricos similares a los del conjunto del país, con reservas generales por debajo del 40 por ciento. Ahora se encuentra por encima del 80 por ciento en algunos embalses estratégicos, lo que garantiza varias campañas de riego pero también obliga a desembalses preventivos para gestionar mejor futuras lluvias intensas.
Para el ciudadano de a pie, todo esto se traduce en algo muy concreto. Años con embalses bajos significan más riesgo de restricciones, agua más cara en algunos sistemas y más tensión entre regadío, uso urbano y caudales ecológicos. Años como este alivian la presión, aunque los expertos insisten en que no conviene bajar la guardia.
Un pilar de la transición ecológica… con impactos ambientales
Los grandes embalses no solo almacenan agua. Sostienen una parte importante de la generación hidroeléctrica, que en 2024 aportó en torno al 13 por ciento de la electricidad producida en España, gracias a un año más lluvioso y con fuerte repunte de la hidráulica dentro de un mix cada vez más renovable.
Esto reduce emisiones de CO₂ y ayuda a equilibrar la red cuando no sopla el viento o cae el sol. En la práctica, cada vez que una central hidroeléctrica asociada a estos embalses entra en juego, se desplazan kilovatios hora que de otra forma tendría que aportar una central de gas. Y eso también se nota en la factura de la luz.
Pero no todo son ventajas. El propio comité español de grandes presas reconoce que estas infraestructuras alteran el régimen natural de los ríos, frenan el transporte de sedimentos y pueden bloquear la migración de peces si no se diseñan pasos adecuados. Además, estudios recientes del CSIC recuerdan que las presas modifican el balance de gases de efecto invernadero en los ecosistemas fluviales, algo que se está empezando a cuantificar mejor.
En un Mediterráneo que ya es considerado zona caliente del cambio climático, con temperaturas al alza y mayor riesgo de sequías largas y episodios de lluvia extrema, el debate no es tanto si tener o no grandes embalses, sino cómo gestionarlos y adaptarlos a esta nueva realidad.
La modernización de compuertas, la mejora de los desembalses ecológicos, la recuperación de riberas y la coordinación con otras soluciones basadas en la naturaleza como humedales o recarga de acuíferos serán claves si queremos que estos diez gigantes sigan cumpliendo su papel sin agravar los problemas que intentan resolver.
Al final, la pregunta es sencilla. Cuando dentro de unos años volvamos a pasar de pantanos rebosantes a embalses en números rojos, ¿habremos aprovechado este respiro para hacer los deberes o seguiremos a merced del siguiente ciclo de borrascas y sequías?
La nota de prensa oficial más reciente sobre el estado de los embalses y la reserva hídrica española ha sido publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en MITECO.








