Lo realmente llamativo ha llegado con un nuevo estudio internacional liderado por el astrofísico español Gonzalo Muñoz‑Sánchez. El equipo ha revisado más de tres décadas de brillo y espectros de WOH G64 y ha encontrado un giro brusco entre 2011 y 2014. La estrella se atenuó, su temperatura superficial aumentó en torno a 1.000 grados y su color pasó de rojo intenso a un tono más amarillento.
Según sus resultados, WOH G64 ya no se comporta como una supergigante roja clásica. Los datos apuntan a que forma un sistema binario exótico, en el que la estrella gigante habría pasado a un estado de hipergigante amarilla extremadamente raro y muy inestable, mientras comparte escena con una compañera más caliente de tipo B. En el fondo, lo que se está discutiendo es si estamos viendo una fase de transición previa a un estallido final.
Este trabajo encaja con la imagen de una estrella que ha expulsado grandes cantidades de material y que ahora sufre cambios rápidos en su atmósfera. Para los modelos de evolución estelar, observar algo así casi en tiempo real es oro puro, porque normalmente estos procesos se estudian a partir de restos de explosiones pasadas o de simulaciones en ordenador, no viendo cómo el objeto cambia en cuestión de años.
No todos los telescopios cuentan la misma historia
Aquí llegan los matices. Un segundo equipo, usando el Southern African Large Telescope y otros instrumentos del observatorio sudafricano, ha observado WOH G64 entre finales de 2024 y 2025 y ha llegado a una conclusión diferente. En sus espectros aparece óxido de titanio en la atmósfera de la estrella, una molécula que no puede sobrevivir en una hipergigante mucho más caliente.
Ese detalle químico es importante. Su presencia indica que WOH G64 sigue siendo, al menos por ahora, una supergigante roja muy fría. El equipo firma un artículo en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society donde defiende que la estrella puede no haber abandonado nunca realmente esa fase, y que buena parte de la confusión viene de la luz de la compañera caliente y del polvo que envuelve al sistema.
En la práctica, esto deja la película en un punto intermedio. Hay consenso en que el sistema es extremo, binario e inestable, pero todavía no hay un acuerdo total sobre en qué casilla exacta del ciclo vital se encuentra. Para los astrónomos, es otro ejemplo de lo difícil que puede ser clasificar una estrella lejana, algo que recuerda a más de una estrella “impostora” que ha dado quebraderos de cabeza en otros estudios.
¿Va a explotar pronto y es peligroso para la Tierra?
Las estrellas de este tamaño no tienen una jubilación tranquila. Los modelos indican que objetos con unas 25 o 30 masas solares podrían acabar en una supernova o colapsar directamente en un agujero negro. WOH G64 encaja en esa categoría y su comportamiento raro la convierte en un candidato ideal para estudiar cómo mueren las estrellas más masivas y qué tipo de explosión dejan atrás.
Ahora bien, pronto en lenguaje cósmico no significa mañana. Los propios autores señalan que el estallido podría producirse en los próximos miles de años, no necesariamente durante nuestras vidas. Mientras tanto, seguirá siendo un laboratorio natural para probar teorías sobre el final de las estrellas gigantes, igual que otros choques entre galaxias ayudan a entender la evolución de los grandes sistemas.
En cuanto a la seguridad, el mensaje es tranquilizador. Aunque WOH G64 acabe explotando, está a unos 160.000 años luz, una distancia enorme. A esa escala, la futura supernova sería un espectáculo impresionante en el cielo del hemisferio sur, visible incluso a simple vista desde zonas oscuras, pero sin efectos apreciables sobre la vida en la Tierra ni sobre nuestro clima. Para quien disfruta de los fenómenos astronómicos, sería el tipo de evento que se observa una vez en muchas generaciones.
Mientras tanto, los telescopios seguirán apuntando hacia esta colosa lejana. Cada pequeño cambio en su brillo o en su espectro ayuda a encajar mejor el puzle de cómo viven y mueren las estrellas más masivas, responsables de forjar muchos de los elementos que acaban en los planetas y, a la larga, en nuestra propia sangre.
El estudio científico original sobre la transformación de WOH G64 se ha publicado en la revista Nature Astronomy.







