Entre septiembre de 2024 y finales de mayo de 2025, una estrella de la secuencia principal situada a aproximadamente 1 kiloparsec del Sol (ASASSN-24fw, también catalogada como J0705+0612) perdió cerca de 4 magnitudes de brillo durante unos 8,5 meses y después volvió a la normalidad. Lo llamativo no es solo la profundidad del oscurecimiento, sino la regularidad del fenómeno (hay registros compatibles en 1937 y 1981), lo que apunta a un sistema que repite el “apagón” en escalas de décadas.
El nuevo trabajo liderado por Nadia L. Zakamska propone una explicación que suena a ciencia ficción, pero encaja con los datos. Un gran “ocultador” asociado a un objeto secundario (probablemente subestelar o planetario) habría cruzado nuestra línea de visión y tapado la estrella como si fuese una pantalla. La periodicidad histórica sugiere un periodo orbital de unos 44 años y una separación orbital en torno a 14 unidades astronómicas (algo parecido a la distancia de Urano al Sol). Con esa geometría, el tamaño del material que tapa la estrella tendría que ser enorme (del orden de 0,7 unidades astronómicas de radio si la órbita es casi de canto).
La pista decisiva no es la luz, es el gas
Lo más original de este caso es que el “apagón” viene acompañado de señales químicas y dinámicas raras. La espectroscopia óptica revela una absorción intensa en sodio (Na I D) mucho mayor de lo esperable para una estrella normal, junto con varias decenas de líneas de emisión de metales de baja ionización. Lo importante es su cinemática (las líneas metálicas aparecen estrechas, con dispersión de velocidad menor que 10 km/s) y además están desplazadas al azul en torno a 27 km/s respecto a la estrella. Eso sugiere que el ocultador no es solo polvo, también está cargado de gas y ese gas no se limita a “acompañar” pasivamente la órbita.
En paralelo, se detecta una línea H alfa amplia (del orden de 200 km/s) también desplazada al azul, que probablemente nace en el entorno interno de la estrella (un disco circunestelar más cercano). En otras palabras, el sistema podría tener dos escalas de material distintas (un disco interior que brilla y un disco o nube exterior que tapa).
Un sistema viejo con comportamiento “joven”
Aquí aparece el conflicto más jugoso. La estrella parece vieja (más de 2.000 millones de años) según su posición en diagramas de color magnitud, su cinemática galáctica y la ausencia de litio detectable. Sin embargo, muestra un exceso infrarrojo fuerte (típico de discos) y líneas de emisión de hidrógeno, rasgos más comunes en sistemas jóvenes. La hipótesis que reconcilia ambas cosas es dramática (una colisión planetaria o subestelar relativamente reciente). Un choque así podría generar una gran cantidad de polvo y gas, explicar el exceso infrarrojo y dejar un gran “disco circunsecundario” o nube de escombros en órbita lejana que produce los eclipses de meses.
Qué nos dice el color del eclipse sobre el polvo
La atenuación no fue completamente “gris”, pero sí mostró un enrojecimiento modesto comparado con una extinción total de unas 4 magnitudes, lo que implica un valor de R(V) muy alto frente al típico del medio interestelar. Traducido a lenguaje llano, el ocultador podría estar empobrecido en granos pequeños (los que suelen bloquear mucho más el azul que el rojo), algo compatible con polvo “procesado” por colisiones o con crecimiento de granos. Esa firma del tamaño de grano convierte el eclipse en un laboratorio natural para estudiar cómo evoluciona el material sólido en sistemas maduros.
Lo que falta para cerrar el caso
Hay una prueba simple y potente. Obtener espectros de alta resolución cuando el eclipse ya terminó. Si la absorción de Na I D y las líneas metálicas desaparecen o cambian drásticamente, su origen estaría en el ocultador. Si se quedan igual, podrían ser interestelares o circunestelares. También ayudarían observaciones submilimétricas (gas molecular y continuo de polvo) para estimar masa, temperatura y distribución de tamaños de grano sin la contaminación de la fotosfera estelar.
Además, el uso de instrumentación como Gemini y su espectrógrafo de alta resolución puede ser clave para separar componentes cinemáticos finos y entender si el gas está en rotación, en un flujo de salida o en una combinación de ambos.
Finalmente, si se confirma que el ocultador es una gran estructura rica en gas y polvo ligada a un secundario, estaríamos ante uno de los mejores candidatos conocidos para estudiar discos circunsecundarios masivos en sistemas maduros.
Y si el desplazamiento al azul se debe a vientos o a rotación del propio disco, el sistema sería un caso excepcional para conectar fotometría de eclipses largos con dinámica real del gas.
Foto: International Gemini Observatory







