Los científicos no dan crédito pero han resuelto el misterio del extraño agujero de gravedad que está oculto bajo la Antártida

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Publicado el: 20 de marzo de 2026 a las 15:36
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Glaciar y montañas en la Antártida, zona del mar de Ross donde se detecta el mayor agujero de gravedad del planeta.

La Antártida no solo es el continente del hielo. También es, en gran medida, el lugar donde la gravedad de la Tierra se comporta de forma más extraña. Un nuevo estudio ha demostrado que bajo el mar de Ross, entre Tierra Victoria y Tierra de Marie Byrd, se esconde la depresión de gravedad más intensa del planeta, un «agujero» que se ha ido formando lentamente en el interior profundo durante al menos 70 millones de años.

La investigación, firmada por los geofísicos Petar Glišović y Alessandro M. Forte y publicada en la revista Scientific Reports, reconstruye la historia de esta anomalía, conocida como Antarctic Geoid Low (AGL), y la relaciona con movimientos de roca muy profundos bajo la Antártida.

Qué es un «agujero de gravedad»

Aunque en el día a día sentimos la gravedad como algo constante, su intensidad cambia un poco de un lugar a otro del planeta. Esos cambios se representan en el geoide, que es la forma que tendría la superficie del océano si quitáramos olas, mareas y corrientes, dejando el agua en equilibrio solo bajo el tirón de la gravedad. En las zonas donde la gravedad es algo más fuerte, el agua se abomba ligeramente; donde es más débil, la superficie del mar se hunde unos centímetros.

Hasta ahora, los modelos geodésicos de referencia situaban la depresión más profunda del geoide en el océano Índico. El nuevo trabajo da un giro a esa imagen. Los autores restan primero la parte de la forma de la Tierra que se explica solo por su rotación y calculan después la componente que no se debe a ese efecto. Vista desde esa perspectiva geodinámica, la depresión más extrema ya no está en el Índico, sino sobre la Antártida.

Ese mínimo se localiza en el sector del mar de Ross. Allí la superficie del océano está hoy un poco más baja de lo que estaría sin la anomalía, porque el agua tiende a desplazarse hacia regiones donde la gravedad es ligeramente más intensa. La propia Universidad de Florida subraya que esta redistribución sutil influye en cómo se reparte el nivel del mar entre grandes cuencas oceánicas.

Un escáner del planeta con ayuda de los terremotos

¿Cómo se puede saber qué está pasando a miles de kilómetros de profundidad bajo una capa de hielo gigantesca? El equipo combinó registros de ondas sísmicas de terremotos repartidos por todo el mundo con modelos físicos de la circulación del manto, la capa rocosa que se encuentra bajo la corteza. Es algo parecido a hacer un escáner médico del planeta, solo que, en lugar de rayos X, las «imágenes» las proporcionan las vibraciones de los terremotos.

Con esa información construyeron un mapa tridimensional de las diferencias de densidad en el interior de la Tierra y, a partir de ahí, del campo de gravedad. Después aplicaron un método numérico que permite rebobinar de forma controlada el movimiento del manto hasta unos 70 millones de años atrás, en plena era de los dinosaurios.

Los resultados indican que la AGL ya existía entonces, aunque era más débil. Entre unos 50 y 30 millones de años atrás la anomalía empezó a intensificarse y su centro se desplazó hacia la región actual del mar de Ross, justo donde hoy se detecta el «agujero» más profundo.

Conexión con el eje de la Tierra y el clima antártico

Ese intervalo de tiempo coincide con dos grandes cambios del sistema terrestre. Por un lado, con un desplazamiento del eje de rotación del planeta conocido como True Polar Wander, reconstruido de forma independiente con datos paleomagnéticos. Por otro, con el inicio de la gran glaciación antártica, cuando enormes capas de hielo empezaron a extenderse sobre el continente y el paisaje helado que conocemos hoy empezó a tomar forma.

El estudio no asegura que el agujero de gravedad encendiera por sí solo esa glaciación. Los autores hablan de coincidencias temporales y de una posible relación mecánica que habrá que explorar con más detalle. La idea de fondo es sencilla aunque suene abstracta. Si cambia la distribución de masas dentro del manto, cambia el campo de gravedad. Y si cambia la gravedad, también se redistribuye el agua del océano alrededor de la Antártida, lo que puede favorecer que el hielo se acumule en unas zonas y no en otras.

Por qué importa lejos del hielo

Para alguien que vive en la costa del Mediterráneo o en una ciudad interior, todo esto puede sonar muy lejano. Sin embargo, las proyecciones de subida del nivel del mar que manejan gobiernos y aseguradoras dependen, en buena parte, de cómo representamos la forma de la Tierra y su campo gravitatorio. Conocer mejor anomalías como la AGL ayuda a reducir la incertidumbre sobre qué regiones verán más subida del nivel del mar y cuáles algo menos a medida que sigan perdiendo hielo los polos.

Forte lo resume con una idea clara. Si entendemos mejor cómo el interior de la Tierra condiciona la gravedad y el nivel del mar, entendemos también mejor qué factores influyen en el crecimiento y la estabilidad de las grandes capas de hielo. En otras palabras, clima y geofísica profunda están más conectados de lo que solemos imaginar.

Los modelos del equipo apuntan a que la estructura responsable del agujero de gravedad sigue activa. El material caliente que asciende desde las profundidades cercanas a la frontera con el núcleo está rodeado por antiguas losas de subducción que forman una especie de anillo denso y canalizan el flujo. Todo indica que este sistema lleva funcionando decenas de millones de años y no muestra señales de frenarse.

El estudio completo se titula «Cenozoic evolution of earth’s strongest geoid low illuminates mantle dynamics beneath Antarctica» y ha sido publicado en la revista Scientific Reports.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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