Los geólogos no dan crédito con lo que han visto en La Garrotxa: una fisura de 17 metros aparece en la zona más sensible del risco que sostiene el casco antiguo

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Por HoyECO
Publicado el: 26 de febrero de 2026 a las 20:44
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Volcà de Santa Margarida en la zona volcánica de La Garrotxa, entorno geológico de Castellfollit de la Roca.

Vivir en Castellfollit de la Roca siempre ha significado asomarse al vacío cada día al abrir la ventana. Ahora, además del vértigo, los vecinos miran al risco con preocupación. En las últimas semanas se han producido nuevos desprendimientos en el acantilado basáltico que sostiene el casco antiguo y los geólogos han detectado una fisura de unos 17 metros en la parte superior, justo en la zona más delicada de la pared.

La pregunta que muchos se hacen es sencilla. ¿Se está desmoronando el pueblo. Los especialistas que siguen la evolución del risco insisten en que no hay un peligro inmediato, aunque sí una degradación lenta que obliga a vigilarlo de forma permanente. En palabras de los expertos consultados por el pódcast “El Radar”, “no existe un riesgo inminente”, pero el acantilado necesita un control constante.

Un pueblo colgado sobre lava de hace cientos de miles de años

El paisaje que hoy atrae a miles de visitantes es el resultado de una larga historia geológica. El pueblo se asienta sobre una pared de basalto de más de 50 metros de altura y casi un kilómetro de longitud, tallada por la erosión de los ríos Fluvià y Toronell sobre dos coladas de lava superpuestas. La primera, procedente de la zona de Batet, tiene unos 217.000 años; la segunda, de los volcanes de Begudà, ronda los 192.000 años y forma las columnas prismáticas tan reconocibles bajo las casas.

Ese “muro” forma parte de la zona volcánica de La Garrotxa, uno de los paisajes protegidos más emblemáticos de Catalunya. La roca es dura, pero no eterna. El agua que se infiltra por las grietas, las raíces de la vegetación y las crecidas del río van arrancando pequeños fragmentos. A simple vista casi no se nota. Con el paso de las décadas, sí.

Qué sabemos del riesgo real

La grieta nueva no aparece en un vacío de información. Desde los años setenta, tras desprendimientos importantes en 1976, se han encargado varios estudios específicos sobre la estabilidad de la cinglera. Uno de los más completos, elaborado por el grupo RISKNAT de la Universitat de Barcelona, analizó las caídas de bloques entre 2006 y 2007.

Ese informe describe tres tipos de desprendimientos. Los pequeños, de menos de un metro cúbico, que se producen varios años seguidos y suponen un riesgo bajo o moderado. Los intermedios, de decenas de metros cúbicos, con una frecuencia aproximada de un evento cada década y un impacto ya significativo en la base del risco. Y los grandes, de hasta miles de metros cúbicos, documentados en dos episodios en 1976, que son los que pueden comprometer seriamente edificios y servicios a medio y largo plazo.

El mensaje de fondo es claro. No se trata de saber si la pared se mueve, sino cuánto, dónde y con qué rapidez. La nueva fisura encaja en ese guion de inestabilidades que el pueblo lleva décadas gestionando, más que en un escenario súbito de catástrofe.

Sensores, escaneos 3D y un riesgo que se mide al milímetro

Para pasar de la preocupación al control, el municipio y los equipos científicos han apostado por la instrumentación. En la cara norte del acantilado, la que mira al Fluvià, se han instalado sensores de contacto que registran cómo se abren y se cierran pequeñas grietas y se realizan escaneos periódicos del risco para detectar desplazamientos milimétricos de la roca.

Un documento técnico elaborado por la empresa Worldsensing detalla que una parte prioritaria del acantilado se ha equipado con una red geotécnica de fisurómetros, clinómetros e incluso sensores de temperatura, conectados mediante una red inalámbrica que permite recibir alertas en tiempo casi real cuando la roca cambia de posición. En la práctica esto significa que cualquier movimiento anómalo deja de ser invisible y pasa a quedar registrado en una base de datos que guía las decisiones de protección civil.

Las autoridades locales prevén ahora un nuevo escaneo 3D de alta precisión para comparar el estado actual con el de hace un año y reforzar la red de sensores sobre la zona de la grieta. También se estudia limitar el acceso a algunos puntos del casco antiguo si los técnicos lo consideran necesario, aunque de momento no se ha hablado de evacuaciones.

Cuando el clima se vuelve más extremo, la roca lo nota

La geología manda, pero el clima empuja. Los técnicos que han analizado la nueva fisura señalan que la combinación de lluvias irregulares y episodios de calor intenso de los últimos meses puede haber acentuado la dilatación y contracción del basalto y de las capas más blandas sobre las que se apoya, facilitando la apertura de fracturas.

No es un caso aislado. El sexto informe de lIPCC sitúa la cuenca mediterránea como una de las zonas más sensibles al calentamiento global, con más periodos secos prolongados y episodios de lluvia intensa cada vez más frecuentes, un cóctel que incrementa el riesgo de inundaciones y fenómenos extremos. En un pueblo colgado sobre una pared de lava, esa combinación se traduce en más estrés para la roca y más trabajo para los equipos de seguimiento.

Un icono paisajístico que necesita presupuesto, no solo fotos

Detrás de todo esto hay una pregunta muy terrenal. ¿Quién paga mantener en pie este paisaje tan fotografiado. El Ayuntamiento , con menos de mil habitantes y un presupuesto ajustado, calcula que solo las tareas de limpieza y retirada de vegetación necesarias para que los sistemas de detección funcionen bien suponen entre cuarenta mil y cincuenta mil euros al año.

El consistorio reclama a la Generalitat de Catalunya un compromiso estable de financiación y recuerda que la cinglera no es solo el “suelo” del pueblo, sino también un patrimonio geológico de todo el país. A cambio, los vecinos aceptan vivir con obras periódicas, andamios y zonas acotadas en el borde del precipicio. Forma parte del precio de vivir en un lugar único.

No hay alarma inmediata, pero tampoco margen para la relajación. El reloj de la geología va despacio, sin titulares, y las decisiones políticas suelen ir por detrás.

El estudio científico “Estudi de caigudes de blocs a la cinglera basàltica de Castellfollit de la Roca 2006–2007” ha sido publicado en la web de Parcs Naturals de Catalunya.


HoyECO

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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