Los geólogos no dan crédito: España y Portugal están rotando sobre su propio eje y puede alterar los modelos

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Publicado el: 13 de marzo de 2026 a las 22:03
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Vista satelital nocturna de la Península Ibérica mientras estudios geológicos revelan su lenta rotación tectónica.

El mapa de España y Portugal parece quieto. Sin embargo, bajo esa imagen fija la corteza se mueve. Un estudio internacional recién publicado en la revista Gondwana Research confirma que la Península Ibérica no solo se desplaza hacia el norte unos milímetros al año junto con la placa euroasiática, también gira lentamente en sentido de las agujas del reloj por el empuje de la placa de África.

Hablamos de un movimiento diminuto a escala humana. La convergencia entre África y Eurasia se sitúa entre cuatro y seis milímetros anuales y el borde sur de la península avanza hacia el oeste suroeste en torno a tres milímetros. Nadie va a notar que su casa se ha movido un poco, pero estas cifras bastan para deformar la corteza y obligan a revisar cómo se calcula el riesgo sísmico en el suroeste de Europa.

Cómo han medido este giro milimétrico

El trabajo está liderado por el geólogo Asier Madarieta-Txurruka y un equipo de universidades españolas. El grupo ha combinado dos tipos de datos. Por un lado, miles de terremotos recientes aportan sus mecanismos focales, la firma que indica cómo se ha roto cada falla. Por otro, las redes GNSS miden con precisión milimétrica cómo se mueve el terreno en cientos de estaciones repartidas por la región.

Al unir ambas piezas, esfuerzo interno y deformación en superficie, los investigadores han cartografiado un campo de tensiones continuo desde el océano Atlántico hasta el mar Mediterráneo. El modelo distingue cuatro grandes dominios tectónicos en torno al Atlántico, Gibraltar, Alborán y el arco argelino balear, cada uno con un estilo diferente de acortamiento y cizalla. En la zona de transición, el patrón de velocidades dibuja una rotación lenta en sentido horario de la microplaca ibérica respecto a África y a Eurasia.

El papel del Estrecho de Gibraltar

El límite entre las placas africana y eurasiática no es una línea fina sobre el mapa, sino una franja amplia que va desde el golfo de Cádiz hasta el mar de Alborán. En esa zona se superponen la cordillera Bética y el Rif marroquí junto a bloques que se comprimen, se estiran y se deslizan unos frente a otros. Madarieta recuerda que «la placa eurásica y la africana convergen a un ritmo de 4 a 6 milímetros al año» y que el dominio de Alborán actúa como amortiguador entre ambas.

Al este del Estrecho, buena parte de la deformación se absorbe en la corteza del Arco de Gibraltar, lo que limita que las tensiones lleguen al interior peninsular. Al oeste, el choque entre Iberia y África es más directo y empuja el suroeste de la península hacia el oeste. El resultado, sumado durante millones de años, es una ligera torsión del conjunto, imperceptible para nosotros.

¿Qué implica para el riesgo sísmico?

En el día a día no hará falta reajustar el GPS del coche ni pensar que el suelo bajo nuestros pies se inclina de repente. La rotación confirma que la deformación no se concentra en una única gran falla, sino que se reparte en muchas estructuras menores, algunas mal localizadas. Esto encaja con el patrón de sismicidad moderada que se observa en el golfo de Cádiz, Granada o el mar de Alborán.

También ayuda a entender por qué eventos extremos, como el gran terremoto de Lisboa de 1755 y el posterior tsunami, son posibles en esta parte del Atlántico aunque sean muy poco frecuentes. Saber qué zonas absorben más tensión, cuáles se mueven de lado y dónde se concentran las deformaciones continuas permite afinar los mapas de peligrosidad sísmica y decidir dónde conviene estudiar fallas activas o reforzar infraestructuras clave en la costa.

La idea de que la Península Ibérica es un bloque rígido e inmóvil queda atrás. El nuevo modelo la muestra comprimiéndose, estirándose y girando lentamente mientras la vida cotidiana sigue su curso entre atascos, obras y partes del tiempo. Por eso tiene sentido mantener redes de GPS permanentes, catálogos sísmicos y proyectos internacionales que integren todos esos datos. No solo sirven para hacer ciencia, también para planificar un territorio densamente poblado que comparte frontera tectónica con África.

El estudio científico completo se ha publicado en la revista Gondwana Research.


Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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